Hace tiempo que a la calle CARIDAD DEL COBRE llegó a habitar en ella un señor con una profesión que para algunos podía ser absurda; pero en cambio para otros era la mas maravillosa existente; payaso. Se adaptó pronto a la dinámica del barrio, con las idas y venidas propias de una calle del extraradio Madrileño. Llegando a ser un vecino muy apreciado por la parroquianos.Cierto día de otoño que invitaba a estar en la calle robando el escueto sol, los niños jugando en el parque se percataron que el payaso sentándose en un banco ajado por el tiempo y la intemperie se echaba las manos a la cara y lloraba con susurros lastimeros y guturales. Presa de la curiosidad los infantes se acercaron para ver que le pasaba porque les resultaba extraño que un hombre que siempre irradiaba alegría se encontrara de tal guisa. El hombre apartando las manos de la cara les invitó a que se sentaran alrededor de el y les dijo:
- No tengáis miedo de verme llorar; los payasos también lloran. Y no sólo cuando nos pegamos un pellizco con la puerta de ese coche diminuto del que salimos un montón de payasos a la vez. Lloramos porque tenemos sentimientos, un montón de sentimientos que salen de un diminuto órgano que tenemos que se llama corazón. Dicen por ahí que los payasos alegramos los corazones. Para alegrar los corazones, pensareis vosotros, hace falta estar alegre. ¿Por qué lloras, entonces? os preguntareis con curiosidad insaciable. Lloro porque ahora lo sé; ahora sé para qué sirvo.
Antes me limitaba a ponerme mi nariz roja de payaso, ese trozo de plástico que siempre me acompaña, a calzarme mis zapatones, a vestirme con mi traje de mil colores hecho con retales y a maquillarme con cuidado (porque los payasos también lloramos cuando se nos mete maquillaje en el ojo, ¿sabéis?) para actuar. Salía al escenario, hacía las mismas muecas de siempre, los mismos gestos, me caía las mismas veces cada día, y volvía a mi camerino. Una ciudad nueva, gente nueva… pero la misma vida. En la nariz está la clave de todo. Seguro que ahora os rascareis la barbilla pensativos. ¡Ay! He aprendido a conocerme tan bien en todo este tiempo… Veréis, os lo explico.
Sabéis que el plástico no es más que un material con el que se hacen cosas, ¿no? Desde la funda donde guardáis las gafas hasta el mando a distancia de vuestro televisor están hechos de plástico. Las narices de payaso también son de plástico. Plástico rojo normalmente. ¿Dónde está el misterio de una nariz? pues es muy fácil: La magia. Eso es lo que he descubierto. Veréis, veréis, veréis… una nariz; como hemos acordado antes, no es más que un trozo de plástico. Pero es la magia la que la convierte en una nariz. Vale creo que estoy divagando, voy más despacio. ¿Qué es la magia? No hay que irse muy lejos. Pensad… a ver; pensad en los bizcochos que hacia vuestra madre cuando erais mas pequeños. Y ahora, pensad en como os daba igual el sabor, el color, cuantos huevos tuviese la masa o el tiempo que se tardase en hacerse. lo único que queríais era chupar la cuchara que mamá había usado para mover la mezcla. Daba igual que esa tarde os hubieses peleado jugando al fútbol en este mismo parque o que os hubiesen mandado más deberes que nunca. Chupabais la cuchara y erais las personas más felices del mundo. Ya lo habéis pensado, ¿a que sí? Pues esa es la magia.Y esa misma magia que os daba un vuelco al corazón es la que transforma un trozo de plástico rojo (normalmente) en una nariz. Y unos zapatones en dos grandes barcas para cruzar el mar de vuestras ilusiones. Y un traje de retales de colores en una historia donde la luz que ilumina el paisaje sale del fondo de vuestra alma. Ya, ya, no me pongo pesado. Sólo os explico porque lloraba, ¿vale? Lloraba porque, como os dije, me he dado cuenta de para qué sirvo. Sirvo para llevar la magia a los demás. Y para que los demás descubran la magia que hay en ellos. A veces me siento más mago que el mago de mi circo (y a veces siento que él es más payaso que yo). La magia… sencillo, ¿verdad? ¿Qué por qué unas lágrimas? Porque… es muy hermoso saber que soy algo más que un payaso más. Darte cuenta de para que sirves… el día que lo descubráis viereis como vosotros también deseareis haber nacido payaso aunque lloréis de vez en cuando.
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