Los eventos públicos cada día aburrían más a Pedro
llegandole hasta desesperar. No solo el evento en si, al fin y al cabo estos
acontecimientos pasan rápido y es siempre sumamente fácil encontrarse en ellos
a algún conocido para poder despotricar contra algún que otro asistente tanto
de género femenino como por el contrario masculino.Ya fuese por su forma de vestir, la ultima caunada que soltó en público o por la casi absoluta certeza de que su marido o mujer le estaba engañando con otra persona (por supuesto, mucho más joven). Lo que realmente le aburría de este tipo de saraos es que la dura jornada comenzaba en su dormitorio.Solo con la ropa interior puesta entró en el enorme vestidor y se pasó media hora buscando el traje perfecto para la ocasión.
– El día que me ponga a hacer limpieza dono la mitad de mis trajes a los pobres; dijo en voz alta justo antes de soltar una sonora carcajada.
- Aunque tiene que ser divertido ver a una mendigo pidiendo en la puerta del supermercado con un Armani; mascullo entre dientes, sin parar de reír seleccionó un traje azul claro. Se lo puso y se miró al espejo. Si, sin lugar a dudas el azul era un gran color para una gala de esas características.
Tampoco era cuestión de ir muy ostentoso a un acto para recaudar dinero para los niños con cáncer. Tras mirar en el zapatero seleccionó unos zapatos negros de cordones.
– Tampoco es cuestión de ir como un pordiosero ¿no?; Pensó mientras abria con cautela el cajón donde se encontraban las joyas. Rebuscó entre varios elegantes estuches de color negro no sin antes deleitarse con el tacto que tenían los mismos.
Tras observar todas las joyas con sumo cuidado y delicadeza eligió unos finos gemelos de platino, un anillo de oro blanco y un ROLEX DAITONA que no recordaba que lo tenia.
Olió todos y cada uno de las colonias y perfumes guardados en un arrmarito del lavabo. Eligió el que tenía el frasco más extravagante cuyo tapón asemejaba a una piedra preciosa y se puso una generosa ración en la cara y otra tanta en las muñecas.Volvió a mirarse en el espejo del ropero para ver el resultado final.
– Perfecto.¿Dónde había dejado la cartera? Sobre la cama, como siempre.
– Cuanto más rico más despistado; De nuevo volvió a reír.
Abrió la cartera para ver de cuanto efectivo disponía. Lo contó con meticulosidad. Apenas trescientos euros.
En ese momento la puerta principal de la casa se abrió. Pedro se sobresaltó. Metió el dinero de nuevo dentro de la cartera y la dejó donde la había encontrado. Fue corriendo hacia el cajón de la mesita de noche para quitarse las joyas pero ya era tarde. El señor había irrumpido en el dormitorio.
- Pedro... ¿se puede saber qué estás haciendo? dijo entonces sin poder dar crédito a lo que estaba viendo.
– Señor… yo… verá, lo puedo explicar.
El señor se acercó decididamente hacia el y sin mediar palabra le dio una sonora bofetada.
– Deja todo ahora mismo donde lo has encontrado.
Pedro comenzó a quitarse los gemelos entre sollozos sin poder reprimir las lágrimas.
– Señor; Dijo casi implorando entre sollozos.
– ¿Me va a despedir?
– No, Pedro. Voy a llamar a la policía.
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