Recuerdo aun nitidamente cuando mi mirada era un pozo que rebosaba el frío néctar de la desilusión. Un mar gélido de olas blancas rompían contra mis párpados cansados y se convertían en negras producto de las mortecinas ojeras y la luz de mis ojos se apagaba lentamente como la llama de una vela en el frío invierno. Quería esconderme de todos y de todo, ser una sombra mas entre el maremagnun de siluetas oscuras que se pasean por la ciudad. Me atrincheré en una delicada pero a la vez cruel melancolía; en una nostalgia y recuerdos de besos nunca dados. Y fui feliz en ese estado al sentirlo como un efecto placebo muy reparador, evitando en lo posible cualquier contacto con los demás.Salvo sanas y contadas excepciones, nadie pisaba mi casa, ya de por sí inaccesible... Era incapaz de amar a nadie ni tan siquiera a mi mismo. Y sin embargo, tampoco podía desistir de que mis recuerdos perdurasen en mi memoria. El carmín de sus labios ahora no es más que un sueño. La nívea piel que cubría sus pómulos era un cuadro sin acabar. Pero los sueños se me difuminan y tienden a romperse en mil pedazos; aunque en realidad se rompieron hace ya mucho tiempo. Creí encontrar la felicidad en ese tramo de gloria y no halle más que un capitulo triste en mi existencia.
Recuerdo cuando los días no se pintaban siempre con los colores que uno quería, me levantaba cada mañana con la tristeza colgada en mis párpados, ir directo al baño a mirar en el espejo y observar mi figura desgastada por el hambre inconmensurable de mi lobo, mi piel pálida y mis ojos reflejando una noche mas de insomnio; de como maldecía mi debilidad. Deseaba ser una roca en ese mismo instante; o mejor, ser un ave, para volar y sentir por un instante la sensación de libertad y sacudirme la sensación de que estaba preso en mi propio dolor. Mi mente no paraba, siempre venían las mismas palabras, canciones, momentos, recuerdos... En definitiva; me embargaba la melancolía.
Palabras que se esfumaban en la nada y quedaban empañadas en mi mente. Me autoengañaba para poder mantener mi posición de autodefensa contra el cánido y no demostrarle ni un mínimo atisbo de debilidad, llevar mucho tiempo así te lleva a creer conocer a gente y piensas que todo lo que sueltan sale de dentro por que así lo sienten. El problema de conocer gente por necesidad es que te llevas los golpes sin haberlos provocado. Ahora no creo en nada ni nadie, sólo los que me rodean son los que se han ganado mi confianza. Esa batalla si me la ganó en buen alid el lobo; la de Jamás confiar a nadie mis sentimientos o por lo menos intentar ponerme una barrera.
La melancolía te hace hablar en silencio contigo mismo cuando crees que tal sentimiento nadie lo escucha ni lo ve, que nadie se fija en ello. Un sentimiento agridulce que no debería mostrarse a los ojos de la gente; que deberían permanecer ocultos, en silencio. La melancolía escucha el murmullo de estómagos vaciándose, no solo de comida sino también de ilusiones. Como Se vacían de sentido, se pierden los anhelos e ilusiones y nos condenan a ser esclavos de nosotros mismos. he conocido personas que empezaron a creer en ella al ver una sonrisa, y otros tantos, ingenuos ellos, lo hicieron al creer observar que tal sentimiento se hacia cuerpo, y la cruel realidad es que ahora todos ellos se consumen bajo tierra. Los sentimientos de ojos esmeraldas son pasto de las tinieblas. Los de melenas de oro se funden bajo las piedras.
La melancolía solo puede llenar cuerpos de lo que las mantiene en pie,y les arrebata ese mundo por el que tanto han luchado. En definitiva siento pena y a la vez empatía por el que ahora padece algo ya olvidado en mi que se llama... Melancolía.
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