jueves, 23 de enero de 2020

LA VIDA SE ABRE PASO. (La fortaleza de Lourdes)


En la vida todo efecto tiene una causa, toda acción genera una reacción, pero cuanto menos no hay que ser catastrofista, la reacción no tiene porque ser mala, pero tampoco gocemos de demasiado optimismo, la reacción no tiene porque ser siempre buena, debe existir un ten con ten. Digo esto para aquellos que crean en un futuro mejor, y otros que atesoran una reacción pésima ante ello. 

El mundo empieza a clasificarse en dos tipos de personas, los catastrofistas que piensan que todo el mundo va a dar al traste en poco tiempo, y los demasiado optimistas que creen en un futuro mejor, unos y otros tienden a perderse el momento. Luego estas los que desechan plantearse el futuro malviviendo el presente y no se plantean ninguna estrategia, ni ninguna razón de ser, para ellos pasa el tiempo, como si no pasara, así desperdician el presente y el futuro. Los hay que piensan que el futuro y el presente pueden llegar a ser iguales, las necesidades de hoy, son las mismas que las necesidades de mañana, y viceversa. Se puede hablar de la muerte, o del amor, durante años, y cuando llegue el momento, ¿realmente se esta preparado para afrontar esos envites? Pero eso a Lourdes ya no le importaba, lo suyo era la vida en el más puro de sus conceptos. 

Vive en la creencia errónea  de que quien se complica demasiado la vida es alguien que no está preparado para vivirla, quien no teme perderla, habitualmente es porque no tiene nada que perder.Lourdes miraba por la ventana, la vida la veía magnifica ahí fuera observándola desde su atalaya, Una sonrisa de oreja a oreja iluminaba su cara, la enfermera le estaba saludando desde el jardín y en breve subiría a por ella para dar su paseo matinal. Lourdes tenía una discapacidad funcional, era incapaz de moverse por su propio pie, e incluso estuvo a punto de llegar al suicidio por ello. Durante mucho tiempo vivió agobiada rallando la desesperación acordándose de lo feliz que era cuando se podía mover, recordando lo feliz que era  paseando por el parque del retiro, perderse por la urbe Madrileña o retando a una carrera a su amigo Alberto, quien ahora, se esforzaba en no llevar las zapatillas de deporte cuando iba a visitarla para no remover dentro de ella los miedos ,agobios y fantasmas en la que Lourdes a voz en grito maldecía el día que quiso ser militar, a pesar de que el momento había ya pasado.

Todos los que han perdido algo importante en la vida, tienen un momento en que su subconsciente le hace que deseen la muerte más que la propia vida, porque se imaginan una existencia inútil y penosa sin lo que han perdido, ese momento puede durar mas o menos según las circunstancias y la persona. En su caso duró casi un año, ella durante un año estuvo pidiendo la eutanasia, pedía que se le quitara ese sufrimiento que la tenia encarcelada, que le cercenaba sus ansias de vida, pedía una "muerte digna"… Hubo un tiempo, en que cuando se alistó lo digno era "morir por la patria", pero ahora, parece que para ella las dignidades han cambiado de acera. Morir inútilmente, por cobardía ante la vida es digno, pero morir por defender tu país es otra cosa, es de orates o de mentes bucólicas, muy propias para engrandecer el estéril ego de militares y patriotas. 

Pero ahora en su mente pesaba otro pensamiento más profundo en su cabeza; ¿que se ganaba con su muerte?, prácticamente nada, después del año pidiendo su muerte, estuvo otros dos, pidiendo perdón a sus amigos y familia por haberlo pedido tan vehementemente. Las circunstancias cambian, siempre lo hacen, adaptarse a las nuevas circunstancias era lo esencial, de haberlo descubierto antes, muchas otras cosas se habría ahorrado. Ahora si le preguntamos cuál fue la razón de su cambio, la respuesta es clara: "existo porque tengo una razón para existir", simplemente eso, existir porque se necesita que exista, porque soy útil.Durante mucho tiempo por desgracia, la sociedad ha llegado a marginar a los que tienen algún defecto que los hace diferentes, en el caso de Lourdes, ahora procura adaptar las circunstancias para hacer accesible las cosas a sus necesidades. Las cosas cambiaron afortunadamente para ella, pero todavía piensa que queda mucho por cambiar, aun hoy, Lourdes a su modo de ver existe una línea imaginaria, abominable e indefendible por sus adláteres para marginar a aquellos que sufren una discapacidad funcional. La incomprensión.

Mientras pensaba en esto, el paseo con su enfermera había terminado, se despidió de ella hasta el día siguiente y asiendo fuertemente las ruedas de su silla se dirigió hasta la sala de usos múltiples donde seguramente la esperaría Alberto, recorrió el pasillo deseando verle, le quería muchísimo, el era pieza clave en su cambio de mentalidad y en un futuro, compañero suyo de por vida. Había estado para lo malo, ¿Cómo no desear estar con él para lo bueno?Al girar al final del pasillo justo en frente de la habitación que hacía de veces de oficina de atención al discapacitado funcional encontró a un chico sentado en una silla de ruedas similar a la suya, salvo que de cintura para abajo estaba tapado por una especie de mantita. La cara de chico denotaba tristeza, Lourdes por un instante se vio reflejada en ella e intuyo que pasaba.
- ¿Que te ocurre? Preguntó Lourdes para romper el hielo.
- Acabo de perder las piernas, no puedo vivir así, yo me preguntaba si tú que llevas mucho aquí me podrías decir de algún medico que... Por el tono ella adivino el resto de la pregunta y poniéndole la mano en el hombro le dijo:
- Tu causa es perder las piernas, tu efecto ¿debe de ser la muerte?

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