miércoles, 22 de enero de 2020

¿APRENDER O ENSEÑAR?

Existe una antigua leyenda sufí, según la cual antes de venir al mundo; aún estando en el seno materno, los seres humanos conocemos el número exacto de estrellas del firmamento y el de granos de arena de todas las playas del planeta. Sabemos todo acerca de los mares y de los cielos; de la historia del hombre, y poseemos las respuestas a todos los misterios que espolean la imaginación de la humanidad desde hace milenios. En el momento en el que nacemos; un ángel  desciende sobre nosotros, nos sella la boca con su dedo índice y extrae mediante él, todo el conocimiento almacenado en nuestras cabezas, mientras nos susurra al oído: "¡Ssshh! ¡No cuentes lo que sabes! ¡Olvida todo! ¡Aprende!".

Dice la leyenda que la hendidura que todos tenemos situada entre la nariz y el labio superior es el lugar en el que el ángel pone su dedo: la marca de nuestro ángel.Si creyésemos la leyenda podríamos llegar ha pensar que algunos ángeles estuvieron un tanto despistados o mas bien tuvieron un exceso de celo en su cometido ya que; además de extraernos el conocimiento almacenado, a un gran numero de personas sus ángeles les privaron de las habilidades necesarias para recibir, procesar, asimilar, responder o comunicar información, con la consiguiente injusta merma psíquica de poder afrontar las dificultades para aprender y usar ciertas destrezas, como la lectura, el habla, la ortografía, la audición, el razonamiento o la comunicación verbal. 

Esas dificultades pueden resultar de una discapacidad para el aprendizaje.Quiero suponer acertadamente que estas personas han tenido que esforzarse mil veces más que los demás en aprender aquellos conocimientos que ya poseían antes de su nacimiento según los sufíes, por culpa de un descuido caprichoso o de la desidia de sus ángeles de la guarda, y como mi ánimo Quijotesco, que es muy dado a la ensoñación y la fantasía, me lleva irremediablemente a querer creer en mejores historias que esa. Prefiero pensar que; en realidad, son las personas discapacitadas, cual ángeles terrenales en prácticas, las que nos ayudan a nosotros a aprender a diario aquellas cosas que no descubrimos en la escuela, en los libros o en el global de la vida. 

De ellos aprendemos la capacidad de sorprendernos por lo cotidiano. Aprendemos a tener paciencia en un mundo que se rinde a las prisas. Aprendemos a amar desinteresadamente en una vida en la que solo priman los intereses. Aprendemos a tener tesón y constancia en un mundo que premia la rapidez. Aprendemos a valorar los pequeños logros en un mundo tan cruel en el que solo los mejores, los número uno, son valorados. Aprendemos ha entusiasmarnos por lo sencillo cuando muchos están de vuelta y creen saberlo todo. Estoy segurísimo que los sabios sufíes olvidaron añadir esta parte a su leyenda; aquella que dice: los ángeles seleccionaron a unos elegidos para susurrarles al nacer: "¡Enseña!"

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