Esta es la historia de una mariposa que revoloteaba libre.
Era una mariposa “vulgar”, de aspecto nada llamativo; pero hermosa por sus
formas y naturaleza. A menudo; se sentía observada y considerada como algo que,
aun siendo implícitamente extraordinaria, podía ser algo repulsiva para los
ojos de la gente; tanto que llegó a
creerse un ser cualquiera; eso es lo que los que la habían observado le habían
hecho creer. Quizás sin ella quererlo se había convertido en un ser conforme,
satisfecho…Quizás por eso la vida le parecía corta, porque no anhelaba ni
deseaba mas de lo que ya le pertenecía… Por que cuando la prosperidad es plena
el tiempo es un puñado de mariposas moribundas…Pero un día en medio de un descanso, posada sobre una hoja grande, de un verde intenso, sintió recaer en ella una mirada incrédula, asombrada por la presencia de un ser tan maravilloso en pleno imperio del gris asfalto. Al advertir que, esta vez, sus alas de tonalidad algo apagada despertaban admiración, se dio cuenta de algo muy importante:
La belleza, aunque a veces subyace, no es implícita en si, sino pura concepción. Advirtió pues, que la belleza no se posee, se evoca. Entonces, entendió que jamás volvería a volar cabizbaja, tratando de pasar desapercibida...
Fue entonces cuando decidió que trataría de crear sonrisas haciendo de cada vuelo una danza sin igual. Y voló, desplegando sus alas a más no poder, sintiendo que, por fin, se había reconciliado con una vieja enemiga; la confianza en si misma.
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