sábado, 15 de febrero de 2020

EL FLUIR CONTINUO. ( De letras)

Sentado en una mesa de la biblioteca Pública de Santa Adela en Motril, observo las estanterías repletas de libros de una pared a otra y se me viene a la cabeza cuantas horas y horas se han empleado en llenar tan ingente cantidad de libros; cuantos sueños se habrán plasmado en ellos. Abriendo mi portafolios me enfrento a una hoja vacía con la esperanza que en un momento de flash back de vivencias; o en el fluir de una idea, mi mano comience a escribir. La realidad es que son infinitas las posibilidades que abarcan y llegan a otorgar unas hojas en blanco… 

Así como también es una realidad el mundo entero y complejo de responsabilidades que conlleva el rellenarlo con lo que va a ser plasmado en ellas. Es de todo increíble que un simple párrafo sea poseedor de tanta fuerza y poder acumulado, que sea el artífice del fluir de miles de pensamientos, ideales y sentimientos. Parece hasta algo que rozara lo increible, digno de incrédulos, pero creedlo esa es la verdad: Las palabras, frases, párrafos y por fin los escritos estructurados son generadores de casi todas las cosas que conocemos y son capaces de proyectar y hasta transformar el tiempo que puede llegar a advenirse sobre nuestras cabezas. 

Cualquier persona dotada con la virtud de la creatividad y el don de la imaginación, es capaz de empuñar un lápiz, bolígrafo o pluma y sentarse en un lugar cómodo y sin mas ni mas, intentar dedicarse al noble arte de escribir. Parece sencillo, pero ¿qué haces cuando ya has cumplido los primeros pasos? ¿Cómo proceder? Algunos conocidos te dicen: “Escribe sobre lo que sabes y conoces”; otros “sobre aquello que te guste o atraiga” yo soy mas de seguir en la linea del escritor Stephen King que en una cita extraída de su libro "Mientras Escribo" expuso esta acertada reflexión: “ Escribe sobre lo que quieras y cuanto quieras mientras seas sincero y digas la verdad”, en ella nos incita a escribir y a disfrutar de ello, a vivirlo y sentirlo en su máxima expresión buscando una conexión directa con la mente del lector, sin barreras, sin nada que nos impida vernos a los ojos e iniciar el bello proceso de transmitirles aquel conocimiento y sensaciones que nos exaspera, nos produce alegría, tristeza o hasta en ocasiones euforia ó desesperación.¿Por qué escribe el escritor o la escritora? Sería lo mismo que preguntar ¿Por qué una madre cría a sus hijos con tanto afán? ó ¿Por qué un hombre decide dedicar su vida a Dios”? Yo estoy en el pleno convencimiento que el escritor escribe porque es el conducto que ha interpuesto entre su mente y el alma, es la manera en que puede dar a conocer aquello que sabe y conoce en unos casos y en otros lo que desearía ser, ver, sentir ó vivir. Luego es cuestión de saber darle uso de tal o cual forma; buscando la mejor manera de relatar y expresar lo que se necesita decir. 

Esas ideas, poniendo un símil; se engendran como una pequeña semilla literaria que nace en tu cerebro; ahí entra la elección del escritor en sí plantarla ó tirarla a la basura y esperar a que otra más fructífera se haga presente. Si decide que desea verla crecer y formarse, la sembrará y regará el tiempo que sea necesario hasta que la vea transformada en un árbol frondoso tan cargado de frutos que apenas podrá soportar su peso. Pero si por el contrario el escritor la descuida y deja pasar el tiempo, las hierbas pueden llegar a asfixiar a la incipiente planta y terminar matándola, así como también puede pasar en el caso en que no se la riegue constantemente.

En mi caso; empezar desde la ignorancia y el desconocimiento de la ortografía y estructuración de frases, es un lastre para mí, que con un poco de aplicación e inestimable ayuda me va haciendo soltar peso escrito a escrito. De todas formas la imaginación no entiende de reglas ortográficas ni léxicos. Aunque mi plan es pasar inadvertido, no frecuentar foros ni mesas literarias, para poder seguir así mi aventura literaria en el futuro, no porque me puedan catalogar de malo, mediocre o a saber que, simplemente porque me trae al pairo la opinión de quien me quiera crucificar así como la que me regale el oído. Aunque en el fondo, mi forma de escribir demuestra que inconscientemente espero que alguien dé al traste con mi avieso plan, espero que me lean, me encuentren, que me esposen, que me metan en una celda, que en la rueda de reconocimiento la literatura diga que no me conoce de nada, que no me ha visto jamás, pero víctima del síndrome de Estocolmo, se enamore de mi, de mi imaginación y que vuelva a mentir; pero ya por amor, diciendo que ya me reconoce. Y espero que al final yo acabe casado con ella cada vez que coja mi pluma o encienda mi ordenador. Al menos hasta que la muerte nos separe. Si uno ama este oficio, para el cual se necesita de grandes dosis de valor, esfuerzo, empeño; además de kilos de tranquilidad y un buen lugar para elaborar sus obras, entregara todo por él y encontrará la manera en que el tiempo no corra cuando inicie tan apasionante travesía a través del universo de las palabras.

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