
"Todos ven lo que tú APARENTAS; pocos adivinan lo que ERES."
Nicolas Maquiavelo.
Fué una gran persona. Ayudó mucho a los demás cuando lo necesitaban; le dijo para intentar consolar a su viuda.
- Sí, siempre echó una mano a todos los que le necesitaban; respondió ella.
- Aún recuerdo como me dejó dinero cuando lo necesitaba y me aconsejó sobre lo que debía hacer cuando me quedé en paro. Le debo mucho; intervino una tercera persona, que se acababa de sumar al velatorio.
- A Mari Luz le hizo un gran favor, cuando intercedió por ella. De no haber sido por él ahora estaría en muchos problemas; volvió a intervenir el hombre que habló el primero.
- La verdad que sí. Y ahora... míralo. Ahí dentro de ese ataúd. Es una pena...; repuso una mujer que hasta el momento no había participado en la conversació.
Estas últimas palabras provocaron el llanto desconsolado de la viuda.
Las frases incompletas, estereotipadas, actuaron como el percutor que golpea la bala y provoca una explosión con final incierto. Las lágrimas y el sonido sordo que las acompañaban cesaron cuando un desconocido preguntó por el hombre que yacía en lo que iba a ser su última morada. Su mujer se apresuró a aclarar al recién llegado que la persona por la que preguntaba era la misma que el fallecido que se encontraba en la habitación contigua.
El hombre guardando un sobre en su cartera de mano se dirigio de viva voz a la compungida viuda:
- Imagino que esta denuncia por malos tratos interpuesta por su mujer ya no tiene ningún sentido. Las exclamaciones de asombro no pasaron desapercibidas para aquel hombre, mientras se encaminaba a la puerta.
- Sí, siempre echó una mano a todos los que le necesitaban; respondió ella.
- Aún recuerdo como me dejó dinero cuando lo necesitaba y me aconsejó sobre lo que debía hacer cuando me quedé en paro. Le debo mucho; intervino una tercera persona, que se acababa de sumar al velatorio.
- A Mari Luz le hizo un gran favor, cuando intercedió por ella. De no haber sido por él ahora estaría en muchos problemas; volvió a intervenir el hombre que habló el primero.
- La verdad que sí. Y ahora... míralo. Ahí dentro de ese ataúd. Es una pena...; repuso una mujer que hasta el momento no había participado en la conversació.
Estas últimas palabras provocaron el llanto desconsolado de la viuda.
Las frases incompletas, estereotipadas, actuaron como el percutor que golpea la bala y provoca una explosión con final incierto. Las lágrimas y el sonido sordo que las acompañaban cesaron cuando un desconocido preguntó por el hombre que yacía en lo que iba a ser su última morada. Su mujer se apresuró a aclarar al recién llegado que la persona por la que preguntaba era la misma que el fallecido que se encontraba en la habitación contigua.
El hombre guardando un sobre en su cartera de mano se dirigio de viva voz a la compungida viuda:
- Imagino que esta denuncia por malos tratos interpuesta por su mujer ya no tiene ningún sentido. Las exclamaciones de asombro no pasaron desapercibidas para aquel hombre, mientras se encaminaba a la puerta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.