domingo, 20 de diciembre de 2020

LA DESAPARECIDA CASA DEL DUENDE.

Este lugar mitológico de Madrid se encontraba entre las calles Duque de Liria y Mártires de Alcalá y servía como vivienda arrendada a criado y personal del Rey en el siglo XVIII. Un grupo de inquilinos apostaban fuertes sumas de dinero cada noche. Como es habitual, este hecho les llevó a una acalorada discusión que se interrumpió cuando apareció en escena un ser barbudo de reducido tamaño pidiendo silencio. Una vez superado el shock la discusión siguió su curso, esta vez interrumpida para siempre por siete enanos con garrotes que les propinaron una severa paliza. Los inquilinos huyeron sin regresar siquiera por sus pertenencias. Más tarde, la casa fue comprada por la duquesa de Hormazas. Poco después de su mudanza se comenzó a mosquear por la desaparición de objetos personales que literalmente se volatilizaban sin dejar rastro. Mientras reprendía al servicio vio como de nuevo en el momento álgido aparecían cinco seres diminutos con las pertenencias robadas en la mano.

La marquesa abandonó en ese mismo instante el lugar y lo dejó abandonado hasta que pudo enjaretarlo a un cura de nombre Melchor de Avellaneda. También se encontró con los duendes burlones, que le vacilaban quitándole los hábitos. Obviamente, dejó el lugar a una lavandera sin recursos que servía a una poderosa marquesa. Tras varios incidentes con los duendes y una investigación en serio sobre el terreno, la turba trató de quemar el lugar maldito tras comprobar la supuesta veracidad de los hechos. Tras décadas de abandono, cuando se produjo su demolición, los obreros explicaron que en el sótano se habían encontrado una puerta que daba a una sala donde se encontraban varios seres diminutos y ya decrépitos creando monedas. Algo que corrobora la parte de la leyenda que decía que estos duendes imprimían su propio dinero que distribuían de noche. Lo insólito es que todos los habitantes y visitantes de la vieja casa tuvieron encuentros con esos duendes que habitaron este lugar perdido en el tiempo.

A estas alturas la casa ya empezó a ser conocida en Madrid como la casa del duende debido a la escasa estatura de los que se aparecían en ella.

Volvió a pasar el tiempo y otro de los que tuvieron intención de instalarse en ella fue el Canónigo de Jaén, Mechor de Avellaneda anteriormente dicho. Cuenta la leyenda que mientras estaba escribiendo una carta al obispo de su diócesis para pedirle un libro que necesita para preparar sus sermones, levantó la vista y vió pasar a un enano vestido de monaguillo con el libro que estaba solicitando en ese momento. El canónigo, salió en su busca pero no consiguió encontrarle y pensó que se había tratado de una alucinación. Pero pasados algunos días, se encontraba el clérigo en el convento de los Afligidos de Madrid para dar una misa y le pidió a un sirviente que acudiera a la casa a por la vestimenta adecuada para la liturgia. Allá que se fue el paje, y cuando ya se disponía a salir con el traje, escuchó una vocecilla que le decía “No es ése el color de este día, vuelve a por los ornamentos que corresponden”. Se dió la vuelta y vio a un enano burlón que desapareció rápidamente. El paje, le contó lo ocurrido al canónigo y le dijo que no volvería a la casa y éste, harto de tanta aparición de enanos también decidió abandonarla.

LA LAVANDERA

Jerónima Perrin, lavandera de profesión, fue la siguiente en ocupar la casa, que le fue cedida por el canónigo. Cierto día tuvo que lavar la ropa de cama de la marquesa de Valdecañas, famosa por su mal carácter. Tal y como era costumbre en el Madrid de aquella época, Jerónima, dejó la ropa a secar a orillas del Manzanares y se volvió a casa a comer. Pero se desató una tormenta y la pobre mujer se hacía cruces pensando en que la marquesa no iba a poder tener su ropa para esa noche y la bronca monumental que le iba a caer. Entonces escuchó un ruido en la parte de abajo de la casa y se encontró a tres enanos que le traían toda la ropa. Total, que Jerónima salió de la casa y no volvió… Y ya van cuatro.

Y HASTA LA SANTA INQUISICIÓN.

A estas alturas de la historia, el Tribunal de la Santa Inquisición asentado en Madrid, decidió tomar cartas en el asunto y enviaron a sus secuaces para tomar declaraciones, rastrear a fondo toda la casa en busca de fantasmas y almas pecadoras… pero no lograron encontrar nada. Así que decidieron poner toda la carne en el asador y mandaron nada menos que al Obispo de Segovia para exorcizar la casa y echarle muchos litros de agua bendita dando por cerrado el caso. La imagen que podéis ver en la cabecera de este post, es precisamente una representación del exorcismo que aparece publicada en el libro “Madrid Viejo” (Ricardo Sepúlveda; 1887).

A partir de este punto hay distintas versiones de la historia: unos cuentan que algunos vecinos temerosos la derribaron con picos y palas, y que luego se incidenció, cayendo en el más absoluto de los olvidos hasta que un día vieron abrirse una trampilla de entre los escombros del sótano y salir a 9 enanos. Éstos eran falsificadores de moneda y salían por las noches a distribuirla. Otros cuentan que la casa se derribó muchos años después para construir el inmueble que hay hoy allí, y que los obreros, encontraron en el sótano a nueve enanos demacrados entre un montón de máquinas para falsificar dinero.

Según un acta de la real academia de bellas artes de san Fernando que estudia la arquitectura del edificio, se asegura que la moneda que falsificaban en el edificio eran doblillas de oro del Brasil y las supuestas apariciones fueron un montaje que se inventaron los falsificadores para lo cual pagaban a varios enanos para atemorizar a los inquilinos y que les dejasen falsificar en paz.

FUENTE: MADRID SEDUCE.

THE ROMBO CODE.

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