viernes, 26 de febrero de 2021

EL PERRO "PACO"

“En apariencia es un perro; pero no puede asegurarse que no sea otra cosa o haya sido. Lo mismo puede ser un ex personaje que un ex bohemio. Es negro azabache, de regular tamaño, y lana entrefina; de raza mezclada de Terranova, y no sé si asturiana. Sus ojos brillantes tienen más expresión que los de un tenor de ópera italiana. Ha viajado mucho, según suponen algunos hombres que alternan con él”

Paco, antes de serlo, era un perro callejero al que le gustaba pasear entre la Carrera de San Jerónimo y la Puerta del Sol. Un día, decidió entrar en el Café de Fornos a ver si sacaba un mendrugo de pan. El marqués de Bogaraya, que llegó a ser alcalde de Madrid, le ofreció un hueso, que el perro aceptó de sumo grado. Las buenas lenguas dicen que le puso al perro de nombre Paco por ser el día de San Francisco de Asís cuando entró en el Café; las malas, que le puso ese nombre por recordarle su cara a uno de sus enemigos.

Como el marqués era asiduo comensal del Café Fornos, Paco se pasaba por allí todos los días a ver si conseguía algo. Si no pillaba cacho, cruzaba al Café Suizo a probar suerte, donde siempre encontraba un terrón de azúcar o un trozo de bizcocho ofrecido por los tertulianos allí congregados. Así que Paco se fue haciendo asiduo parroquiano, y adoptado, sin casa, primero por la aristocracia y al final, por el pueblo de Madrid entero. Fue objeto de poemas, artículos, una polka (que fue compuesta con el perro delante, y dio su beneplácito a la pieza al final de esta) y canciones; incluso el rey Alfonso XII le escribió un pequeño libro, Memorias autobiográficas de don Paco.

El perro Paco dormía en las cocheras del tranvía de la calle de Fuencarral y nunca accedió a ser acogido por dueño alguno. El animal en cautividad dejaba de comer y beber hasta que exhausto, era puesto en libertad. Sus paseos por la Puerta del Sol, calle de Sevilla, Carrera de San Jerónimo y El Retiro eran saludados por todos e incluso era mostrado a los provincianos que llegaban a Madrid como una curiosidad más de la ciudad. Sin duda el perro Paco era la figura más interesante de esta corte, el héroe favorito de los madrileños. Al perro Paco le gustaba ir a las carreras de caballos en el hipódromo de la Castellana, no se perdía las paradas militares ni las procesiones, pero donde verdaderamente se divertía era en los toros.

Paco se relacionó con lo más distinguido de la sociedad madrileña; tenía amigos y protectores en todos lados. Le invitaban al teatro, la zarzuela y los toros. Estos últimos eran lo que más le gustaba. Los días que había corrida, llegaba hasta la plaza caminando con el resto de aficionados, y ocupaba su localidad en el tendido del 9. Se hizo también crítico taurino, ya que si la faena no le gustaba, llenaba de ladridos la plaza, que enseguida eran acompañados por los silbidos del personal.

Parece que la salud mental del perro Paco fue deteriorándose con el tiempo. Los golpes y testarazos recibidos de los morlacos llegaron a convertir a este perro callejero, aunque bien alimentado, en un peligroso mordedor. En el mes de mayo de 1882 Paco agredió a un transeúnte y a una niña en la calle de Sevilla, por lo que fueron muchos los comentarios en prensa pidiendo al ayuntamiento ¡Qué le den la morcilla! (matar con morcilla envenenada) porque el perro Paco se ha hecho insoportable.

El día 21 de junio de 1882 el gremio de vinateros celebró una becerrada en la plaza de toros de Madrid. El novillero José Rodríguez “Pepe el de Galápagos” (que posteriormente sería elegido concejal del ayuntamiento) remataba ya su faena cuando el perro Paco saltó al ruedo para realizar la suya. El becerro se lanzó a por el animal con tan mala suerte que tropezó contra el novillero e hizo que éste diera con sus huesos en el suelo. Al levantarse iracundo fue directamente a por el perro que le entorpecía, asestándole una estocada entre las costillas ante el estupor del público.

El cabo de areneros (encargado de mantener en condiciones convenientes, durante la lidia, la superficie de arena del redondel.de la plaza) recogió al animal herido y trató de reanimarle, aunque nada se pudo hacer por su vida.

Paco murió a los pocos días por culpa de las heridas causadas por el estoque. Fue disecado y expuesto en el Café, e incluso se decidió recaudar dinero para enterrarlo en El Retiro y hacerle un monumento conmemorativo. El pueblo de Madrid se volcó en esta ofrenda. Tanta fue la recaudación que … alguien desapareció con ella. Paco nunca tuvo su monumento conmemorativo. Ni su tumba señalizada. Está enterrado en el Parque de El Retiro, pero nadie sabe su ubicación.

Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.

Hemeroteca ABC.

Bib.cervantesvirtual.com

Urbancidades.wordpress.com

Paloma Contreras

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.