... Por fuera aparentaba una mujer adulta.
Por dentro era una niña abandonada, una niña desangelada.
Que irreventes son los espejos; Pensaba mientras veía su cuerpo desnudo reflejado en el.
Creía que reflejaba una crisálida y sólo diluye mi silueta como una luciérnaga que sus ojos rielan en el borde.
Pero es que ocultarse de los sentimientos propios es como tratar de borrar el rostro con el canto de una moneda.
Mientras cogia del suelo su ropa y volvía ha envolver en tela su cuerpo desnudo pensó en voz alta:
-¿De qué sirve quién seas, lo que poseas o lo que hayas estudiado si no tienes una paz y bienestar emocional? ¿De qué sirve que seas muy inteligente en conocimientos si las emociones no las puedes manejar?"...

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