lunes, 21 de junio de 2021

ÁNGEL O DEMONIO.

 

El eco de los pasos sonaba como martillazos en la cabeza de Julio cuando era acompañado por dos guardias y el director del centro penitenciario hacia su celda.

Caminaban por un pasillo diáfano, sin muebles, sin ventanas y completamente blanco. Un blanco tan intenso, que no se podía distinguir donde acababan las paredes y donde empezaba el techo, ni tan siquiera si el pasillo tenia final. Ni siquiera las puertas de las celdas se distinguían, de no ser por una pequeña ranura donde se introducía la llave que las abría; Julio oía acompasados con sus pisadas los gritos espantosos, dementes, algunos no parecían humanos de los demás presos. Gritos que parecían venir de las entrañas de un seres desquiciados, gritos que se te meten en la cabeza y rebotan sin poderlos parar, como pelotas de goma martilleando el cráneo.
Al fin llegaron. Se detuvieron frente a una pared completamente blanca y el director introdujo una llave. El prisionero fue sujetado por los brazos mientras el director le decía: Bueno... Este será tu hogar durante el resto de tu vida. Estoy seguro de que te llevarás bien con tu compañero e intenta hacernos la vida fácil a todos, volvió a sentenciar. Soltó una carcajada y el reo fue arrojado al interior de la celda tras recibir previamente una inyección que le hizo perder el conocimiento. Tardó varias horas en volver en si. Tardó todavía más en recobrar la vista. Un fuerte olor a orín manaba de sus ropas, Cuando pudo ver, encontró a su compañero frente a él. Todavía no distinguía bien, solo veía manchas.
-¿Porqué te trajeron aquí? preguntó Julio en tono balbuceante. 
 
El reo tardó varios minutos, que a julio le parecieron siglos en responder.
- Cometí un homicidio, asesiné a mi mujer.
-No mientas.
-No miento, contestó su compañero.
-Vaya, yo también maté a mi mujer, se apresuro a contestar Julio mientras se alisaba el ropaje de reo.
-Ah, y... ¿Como la mataste? Continúo preguntando el compañero sin cambiar el gesto de la cara ante la coincidencia.
-La envenené.
-Joder...Yo también la envenené.
-Entonces somos compañeros del mismo delito.Se apresuro a contestar julio
-Eso parece. -Pero yo creo que tuvimos motivos diferentes. Cuéntame por qué lo hiciste.
-No quiero contarte. Sentenció en tono severo.
-Pues como quieras, pero si vamos a pasar aquí juntos tanto tiempo es mejor que me tengas confianza.Al final quieras o no acabarás contándomelo.
-Está bien, conocí a mi novia hace años, era una mujer muy introvertida muy suya en sus cosas. Sus padres son personas muy católicas e involucradas en labores sociales de la iglesia.
-¡Es increíble!, parece que estas describiendo a mi Teresita. Contestó burlonamente el compañero.
-La mía también se llama Teresa. Aseveró Julio mirando a los ojos a su compañero
-Que chistoso ¿no?
-Cállate y escucha. Gritó Julio. Era una mujer sumamente católica. Creía en compartir su vida con un solo hombre hasta la muerte. De hecho... era virgen hasta que nos casamos.
-¡No puede ser! Esa es mi Teresita.
-Déjame continuar. Como te decía, era una mujer sana e inteligente y eso era lo que mas me atraía de ella. Sobre todo su virginidad, pienso que por eso me casé con ella.
-Espérate, alguien te contó mi historia. ¿Verdad? Te mandaron para torturarme. Contestó el compañero de celda entre muestra de indignación y sollozos.
 
-¡Deja de llorar!! Pareces niño, mejor escucha.
Me casé completamente enamorado, y en la noche de bodas se comportó de una forma que me asombró. Primero se quejó como primeriza, pero después se volvió una tormenta, brincaba, gritaba, se movía de un lado para otro. Lo disfrutaba más que yo. Nunca había estado con una mujer que tuviera tanta pasión. Cuando estaba debajo parecía un demonio sin dejarse exorcizar y cuando estaba arriba, parecía un ángel con sonrisa de lujuria y ojos de deseo. Sentía como si estuviera haciendo el amor con veinte mujeres a la vez. Le hice cuatro veces y no se saciaba, pedía más y más. Me encantó.
-¿Y por qué la mataste? Pregunto el compañero con interés.
-Porque me decepcionó.
-¿No te encantó? Volvió a preguntar.
-Sí pero no entiendes. Creí que iba a ser decente, sumisa y en la cama resultó ser otra. Para eso mejor voy con una puta y le pago para hacerle lo que yo quiera, pero a mi mujer… Respeto y ella tiene que respetarme.
-Estas loco, de veras. Contesto el compañero de Julio mientras que con la bocamanga se limpiaba un hilillo de mocos que manaba de su nariz producto de su llantina.
- Ya, pero tu tampoco debes estar muy cuerdo, por eso estas aqui. Cuéntame, ¿Tú porqué mataste a tu Teresa?
-¡Es Teresita, no Teresa!
-Es igual Tere, Teresa o Teresita, contestó Julio con tono de indiferencia.
-Bueno, me casé creyendo que ella era le mejor mujer en mi vida.y me lo demostró en nuestro noviazgo como en nuestra noche de bodas.
-Así que tú también la envenenaste el día siguiente a tu noche de bodas.
-¡Ya deja de torturarme! No puede haber tantas coincidencias.
-Sí las hay, a las pruebas me remito
-Si sigues con eso me callo. Masculló entre dientes el compañero de celda
-Continúa.
-Bien nos fuimos a un parador en Aranjuez para compartir nuestras noches de amor.
-Nosotros también. Contestó Julio mientras contenía las ganas de lanzarse sobre su compañero.
-Teresita fue la única mujer que me ha hecho sentir hombre. Me amó como nunca antes lo habían hecho.
-¿Y por eso la mataste?
-No, la envenené por el temor a perderla. Quería que siempre estuviera junto a mí. Tenía miedo de que alguien me la quitara, miedo a que un día me abandonara. Por primera vez en mi vida había encontrado el amor y no estaba dispuesto a perderlo.
-Tú sí estas loco. Le recriminó Julio mientras escupía al suelo.
-No, porque ahora mi Teresita está junto a mí y siempre lo estará. Contestó el compañero mientras iniciaba otra llantina acompañada de hipeos.
-¿Cómo era tu Teresita?
-Noble, pura, tierna. La mas bella de todas.
-No me refería a eso ¿Como era físicamente?
-Delgada, morena, de mi estatura. De cabellos muy negros, muy lacios.
-Mi mujer también. Te advierto que es la última vez, a la próxima broma te mato. Contestó en tono amenazante Julio
-Lo juro. Tenía los ojos cafés y la nariz respingada
-¡Basta! ¡No puedo creerte! Tu mujer y la mía no pueden ser tan parecidas. Gritó Julio.
-Tranquilo. Tienes razón, no puede ser la misma mujer, además las matamos por motivos diferentes ¿No Julio?
-¿Julio? ¿Como sabes que me llamo axial?
-Porque yo me llamo igual.
Preso de la histeria Julio se abalanzó a golpes contra su compañero. Pegaba y pegaba pero no pasaba nada. Solo se lastimaba sus puños. Entonces comenzó a gritar. Julio unió sus gritos desesperantes a los que ya resonaban en el pabellón cuando se dio cuenta de que estaba en una celda cubierta de espejos. Tapizada de espejos.

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