domingo, 18 de julio de 2021

EL RESURGIR DE MI MUSA.

Hoy musa mia vuelves a resurgir cual ave fénix de tus avernos. Despiertas tímida, primero un poco, luego un poco más, como saliendo de una sábana espesa, sin principio ni fin, como surgiendo de la nada, en medio de la noche, sin avisar, silenciosa. Sabiendo que todo está igual que lo dejó. Y dulcemente aparece toda ella, dejando ver lo que aquellos días ocultó; ese rostro tan descomunal y a la vez tan diminuto. Abriendo esa boca gigante, como si nos quisiese comer a todos. 
 
Esa fiel doncella sin galán que enamora a quien la mira, esa reina de poemas y canciones, esa diosa de lamentos, de ensoñaciones. Aquella que a los creadores de historias nos mira sin descanso desde lo alto, desde más allá del cielo. Hace de madre del caminante, de novia del marinero, amante de poetas y pintores. Allá en lo alto sé que me está mirando, lo sé porque tiene esos ojazos de paz, esos ojazos serenos abiertos de par en par. Y no puedo esconderme, porque allá donde vaya, esos ojazos profundos, tranquilos, me estarán vigilando, atentos, siempre atentos.
 
Y esa boca, esa boca que grita sin ruido, que habla sin palabras, esa boca acusadora que me riñe si hago algo mal. Esa naturaleza de madre, esa bondad especial. Una guía, una luz, un farolillo de las noches claras, un vigía, un sereno en las noches solitarias, un guardián de sueños, un faro en la mar. Esa blancura pálida y delicada como un algodón de azúcar. Y al final caes en sus redes y sueñas, sueñas con tocar la luna, con acariciar su rostro y apretar sus mejillas; y la luna se ríe y se encoge, y se esfuma en la noche y se pierde en el día, cuando poco a poco amanece el astro rey y ella cierra sus enormes ojos, su redonda boca, y se esconde en la noche dejando de guardián a las estrellas mientras tu emborronas folios.
 
Aún en tu desaparición también te tuve presente. ¿Recuerdas? Sí, aquellos momentos que contaba a cada golpe de segundo esperando el ocaso del sol para desear tu aparición, Y después, calculando cuanto podría apurarte antes de separarnos de nuevo.
Y así te estuve recordando. Y otra vez a correr. Me perdí un sin fin de sonrisas y vivencias por escribir en aquel día porque no llegaba a verte la sombra. Aún hoy me duele la velocidad con que dejé que esos llantos se quedaran atrás... ya sabes, eres una enemiga veloz. Me he pasado una vida detrás de ti musa mía y aquí me tienes, fatigado. 
 
Déjame coger un poco de aire. Déjame que me siente ante un block y bolígrafo. Y ahora reapareces e impasible te detienes ante mí, aquí, ahora cuando ya gasté mi energía en atraparte. Después de todo mi esfuerzo, al menos podré decir que un día volviste a aparecer y el tiempo se detuvo ante mí y me tendiste de nuevo la mano. Ahora ya sé que nos quedaremos aquí hablando tú y yo una larga eternidad.

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