viernes, 23 de julio de 2021

MI OTRO YO.

No recuerdo con nitidez dónde ni porque perdí las ganas de escribir; o la pregunta más razonable sería cuándo. Tuvo que ser hace relativamente poco tiempo, porque no me queda ni la sombra, ni el mínimo atisbo de al menos intentar crear algo; por no hablar de la intención de plasmar en papel algo. Me empieza a desesperar el estar frente a la pantalla del ordenador; ese cachito de pantalla, blanco, expectante, como si se tratase de un muerto esperando... ¿esperando qué? Nada esperan los muertos... Quizás se fue contigo el ánimo. Me lo dejaría olvidado alguna ociosa tarde de besos y abrazos. O una de las noches de lágrimas y rabia; ¿quien sabe?

He estado leyendo un poco; cosas de hace años. ¡Qué joven e ingenuo era! Pero lo innegable es que mis escritos eran mas estructurados, más admirables que estos dedos de ahora; cínicos, que aborrecen metáforas, hipérboles, imágenes y mensajes. He crecido, si, ¿y qué? ¿qué me ha regalado el tiempo? Me han marcado los mismos fallos en el correr del tiempo, no sea que los olvide de casualidad. Y me he echado en mi espalda el peso de un tedio y apatía que se asemeja a un quintal de bloques de plomo negruzco. 

El tiempo me ha regalado desprecio a lo bonito, a lo que alguna vez creyera puro, a las ideas, a las palabras, a las acciones. Me ha vestido de ingenuo, bufón, pobre. yo que tantas veces me creí listo...Es curioso como las personas tendemos a infligirnos daño a nosotros mismos, y es aún más curioso pensar en que disfrutamos haciéndolo. Probamos sin el mas minimo atisbo de temor el veneno para sentirnos más vivos de lo que estamos, y evadimos toda realidad para poder sentirnos más reales.Es curioso también anhelar un silencio inexistente, el cual no nos beneficia pero ayuda a eludir el entorno que nosotros mismos creamos y necesitamos. 

Algunas personas viven de la ilusión, aunque cada vez sea menor su número; otras viven del día a día, de la invariabilidad de las situaciones rutinarias y de la pertinente calma aparente que ello conlleva. El problema es que ahora no sé cómo actuar, ni porqué, ni para qué. No hay nada que me llame la atención, ni que despierte a mi mente para poder transformarlo en palabras. Cuanto menos todavía en estos días de julio, que siento como si en la cabeza tuviese un zumbido que me incapacitara para cualquier reflexión o contemplación de algo.

Veo con cierto recelo las relaciones sociales, el tener que devolver comentarios por facebook a un montón de personas que realmente no conocemos. Pero si no lo hago, si no me meto en ese frenético compás que todos bailan, entonces ¿qué me queda? Ese es el problema de mi yo actual, que ya no siento que mi socialidad tiene una importancia intrínseca, ya no me siento un ser indisoluble que habita en el mundo, me siento un ser fagocitado por el mundo, un ser que ayuda a conformar el mundo. 

Un yo íntimo; al que todo ya le aburre, y en yuxtaposicion un yo social; formado por las percepciones del resto de seres sobre lo que de mi observan, saben, y creen. Porque realmente gran parte de nuestra vida es la obra que pintan otros, y que nosotros simplemente somos meros obsevadores. En ese aspecto, siento un gran vacío cuando pienso en mi yo social, un yo que tiene hambre voraz, pero que nunca deleitara los placeres de esta sociedad materialista y hedonista, porque mi yo íntimo, el resquicio de ese yo íntegro de tiempos pasados, aborrece todo aquello. 

Y me veo viviendo entre dos visiones del mundo, sin aprovechar ninguna de ambas, y consumiendo mis días en una inacción que es causa, y a la vez efecto, del más mortal enemigo de la mente humana, el astio emocional. un astio que me impide crear y plasmar mis seres y estares.Pero escribo a golpes de cadencia tediosa. Al fin, aunque solo sean unas lineas. Escribo y me tomo un poco menos en serio mi yo social.

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