miércoles, 21 de julio de 2021

NOTAS.

 

En el autobús todo son miradas furtivas. La visión de una mirada resta importancia a lo que se observa. Se indaga y todo es equivocación. Tengo cientos de cajas llenas de miradas perdidas. Y no valen nada. Yo digo por qué no seré así de arrogante sin palabras y ella, mientras me observa fríamente, piensa en alto por qué no será así de encantadora. El silencio se ríe de los dos hasta la siguiente parada donde nos despedimos con la mirada.

Llego a casa y lo primero que hago es ponerme a buscar notas perdidas, notas escritas en el autobús. Pienso que de ellas brotaran ojos, bocas, piernas y manos... que se agarraran a mis entrañas para luego devorarlas. Me vaciaran. Quedaría vacío. Vacío de vida. Y lleno del tiempo que nunca debí haber perdido... Si las encuentro, las subrayo; simplemente para tener ocupada mi mente en algo fácil, que no ocupe espacio. Si no, caigo en el hastío. Llevo dándole vueltas para poder explicarme a mi mismo que para que un aprendiz de escritor pudiera ser feliz debería exponer historias nunca antes contadas de una forma novedosa, debería buscar un continuo devenir de vivencias, personas, personajes históricos, diccionarios, enciclopedias, sueños ajenos, periódicos, palabras de otras lenguas, libros... Debería indagar, comparar, investigar, aprender, memorizar, pero sobre todo innovar. Debería convencer.

Todas mis ideas y mis propósitos literarios se habían convertido en algo tan obligado que, aunque propio, era a la vez tan ajeno, y tan independiente a mi... Me había convertido en un sufrido esclavo de lo que comenzó siendo un deseo, pasó a ser una pasión y devino en una triste y mundana necesidad. Mis ideas ahora son parches, retales del pasado que uno con hilos prestados. Ahora mi cabeza está hipotecada. Ahora soy un esclavo de la escritura automática.

Sales buscando inspiración en las noches en lugares obscuros donde es bastante fácil jugar a la comba con los cordones umbilicales que nos unen a todos, cuando las alfombras de humo pasean al ruido que perfora los oídos, y los brebajes y polvos mágicos deslían todos nuestros nudos en la cabeza. Donde todo es mucho más patético, pero a la vez mas fácil para encontrar inspiración para tus escritos; ambientes bucólicos, que con los ojos cerrados siembran una sonrisa...

Pero al final como de costumbre cuando amanece florecen en ti los fantasmas de lágrimas de impotencia sobre tu cara cuando abres los ojos y te descubres dentro de una cárcel de hormigón armado, cañerías, cables y ondas hertzianas, perfume de petróleo y sales de baño.... Todo eso y el olor a chotuno bañado en humo que ha impregnado tus sábanas. luego el agua tibia te purifica, vuelves a nacer e instantáneamente te haces otra vez al ambiente. Y sales de nuevo buscando la parada de bus para continuar con tus notas.

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