Hay mucho ruido en esta habitación, son los ecos de las voces de ella: "¿y que hacemos?" . Palabras, gestos, emociones, aire compartido, respiraciones entrecortadas. Casi nos confundimos uno con el otro y al final siempre conservamos con gracia la identidad y la cordura. Hace un tiempo me dijiste " tu no eres ni tan siquiera el dueño de tu respiración" y yo te respondí "hay que tener piernas fuertes para escalar sin cesar por los días y las noches, y descender por las noches y los días".
Y nos fuimos otra vez pisando por calles diferentes de nuestra ciudad imaginaria buscando nuestro real y mundanal barrio .
El problema no es desarmar el asunto cuando decidimos dejarlo, sino intentar volverlo a armar cuando volvemos: no cabe, se desborda, queda descuadrado. Si se nos ocurre tirar piezas a la basura y quedarnos solo con lo imprescindible, se acabaria el lío: plantearnos una nueva situación, fina, cadenciosa, ingeniosamente divertida, inventar el amor simplificado.

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