lunes, 2 de agosto de 2021

LA DESPEDIDA.

 

La miré de arriba abajo con la misma extrañeza con la que se mira una flor aún viva en lo más frío del invierno. Todo el temor y todas las dudas parecieron disiparse junto con las nubes que empezaban a encapotar Motril con la misma ligereza que los pájaros que siempre a la misma hora salían disparados a refugiarse en el tejado de la iglesia mayor y los portales aledaños. En mis ojos ante su presencia no había ya sitio para nada más. Ni siquiera para el que nos rodeaba.

Sus ojos me hacian soñar. Y pensar. eran como un libro hermentorno oso, muy hermoso, pero escrito en otro idioma. Uno exótico y vivo. De manera que solo aquellos que hayan aprendido a leer en ellos serian capaces de apreciar su verdadera belleza. Menos mal que me apresuré a entender su lengua.

El sol empezó a ocultarse tras los edificios que parecían amenazar con engullirnos si permanecíamos más tiempo allí, quietos como estatuas, con la respiración entrecortada por la emoción y el miedo.

Más al fondo, las calles se atestaban de gente en tránsito que iban y venían con miles de bolsas repletas de distintos objetos y ropas. Aunque mis párpados comenzaban a cerrarse, me vi obligado a permanecer más despierto que nunca, para no perder ni un solo detalle de lo que parecía un triste pero inevitable sueño: la despedida. Una despedida que se había prolongado a lo largo del día y que los dos habíamos aplazado tanto como podíamos. Ahora, ya ni siquiera quedaban motivos para que aquella tortura se hiciera más y más larga.

Mis huesos no soportaban la sensación de gélido frio que había comenzado a sentir con un ritmo pasmoso y cautivo. Me había quedado tan quieto y la ciudad parecía tan sumida en el silencio que me daba la sensación de que, si me concentraba solo un poco más, sería capaz de percibir el tenue trino de los pájaros en el tejado y el rugir acelerado de mi respiración. ¿Por qué no decía nada? ¿Acaso no era bastante todo el tiempo que habíamos estado sentados en ese mismo banco? Empecé a preguntarme si, de verdad, todo aquello, todas las sensaciones que se fundían en el océano de mi mente, no eran más que un sueño. Si de verdad, y en contra de lo que ahora parecía, al despertar al día siguiente la encontraría aun en mi cama, con los ojos cerrados y el pecho subiendo y bajando como el de un elefante herido. Aunque algo en mí, una pequeña vocecita que siempre había permanecido callada, me decía que volvía a equivocarme. Aquello era muy real. Demasiado real.

Apoyé mi cabeza sobre su hombro, consciente de que aquel contacto con su piel podía ser el último y tal vez, el más doloroso de todos. No estaba seguro de si aquello estaba sucediendo de verdad, ni de si yo mismo estaba allí presente, junto a ella. En lo único que podía pensar con claridad era que la calidez de su cuerpo me superaba. Esa calidez al menos sí era real. Y estaba seguro de ello. Ya no importaba lo demás. Ni la sensación de frío, ni la oscuridad, ni las nubes, ni el silbido del viento junto a mis oídos. Porque a su lado, cualquier cosa me parecía completamente insignificante y pequeña. Eran los últimos momentos juntos. En otro tiempo, habían sido los primeros. Ni siquiera llegué a pensar que el adiós vendría, que llegaría un buen día sin más y que tendría que decirle: adiós, supongo que no la volveré a ver.

Todos esos pensamientos me dolían más que el propio hecho de estar a su lado y saber que, en el fondo, jamás habíamos estado tan juntos como ahora. Varios perros pasaron ladrando por delante de nosotros. Sus ladridos se fueron apagando conforme iban entrando en un callejón sin salida que había más al fondo. Noté que las llamas que me habían inundado tiempo atrás se apagaban viendola marchar y se alejaban como aquellos estúpidos canidos.

Ya en la soledad me doy cuenta que he sido una hormiga intentando escalar el Himalaya, un gusano entre espinas venenosas, una flor en medio de un glaciar. Solo es difícil que sobreviva,pero con ella a mi lado…seria gigante en mi mar de montañas,mariposa revoloteando entre flores y girasoles. He visto junto a ella el amanecer, la frescura del campo, el silencio de la pálida mañana al despertar, la firmeza de la juventud de la carne,la caricia de un amor,la inocencia de la casquivana, el ingenio de la locura, el poder de los sueños,la pasión del pensamiento,el eclecticismo de lo clásico, el quiebro de la tierra al respirar, el sesgo de la palabra del poder, la hermandad en la solidaridad,la humildad en la humillación, la sonrisa de la pobreza, el temblor del miedo en los labios, la solemnidad de un día de lluvia y la tierna "gracia alada" de la inspiración.

Pero nunca había visto con tanta claridad, el fino recorrer de la sangre por el corazón como cuando la vi torcer la esquina y no volver a verla jamas. 

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