martes, 24 de agosto de 2021

LA SEGUIRÁ QUERIENDO... SIEMPRE.

 


El teléfono sonaba sin parar. Le televisión llevaba encendida unas horas. La mesa estaba llena de sobrantes de desayunos, comidas y cenas de varios días; en definitiva, una porquería, en realidad la casa entera estaba así. Colillas por todos lados; ventanas cerradas con las persianas bajadas hasta el fondo, todo sumergido en la oscuridad. Volvió a sonar el horrible timbre del teléfono, y Luis se despertó. Miró a su alrededor; "Otra vez he dormido en el sofá". Llevaba bastante tiempo sin dormir en la cama. Quiso levantarse, con ademanes de cansancio se fue agarrando al mobiliario hasta que finalmente llegó al teléfono y justo en ese momento dejó de sonar. Aprovechando que ya estaba en pie se dirigió al lavabo y se miró en el espejo. No le quedaba bien la barba, pero no era motivo para quitársela, le picaba, pero le daba tanta pereza, que no se afeitaba. Cuando volvió al comedor volvió a escuchar ese sonido que tanto empezaba a odiar. Esta vez sí le dio tiempo. Cuando finalizó la conversación con gesto de reprobación se arrepintió de haber cogido el teléfono. Se dejó caer en el sofá, y comenzó a llorar. Sin dejar de sollozar se levantó de nuevo y cogió un dvd. Lo insertó en el reproductor y se sentó de nuevo.Abrió la que sería la primera botella de ron del día. Cuántas más imágenes veía en el televisor más deseos tenía de llorar. Durante dos largos meses, era lo único que había hecho, lo único que realmente quería hacer. Estuvo desperdiciando toda su vida, perdiendo oportunidades que solo se presentan una vez, y lo mas que había logrado era hacer daño a sus seres queridos.

Esbozó una pequeña sonrisa cuando se vio a sí mismo en la televisión, cantando y abrazando a un amigo. Los dos trajeados y engominados. Aquella tarde estaba feliz. No paraba de besar y abrazar a su mujer. La chica mas hermosa que había visto en su vida. La persona que le dio todo por nada, la única que le daba un beso o le dedicaba una sonrisa sin pedirle nada a cambio.¿Él como se lo pagó? ¿Pudo haber evitado esa llamada? Claro, pero prefirió el sabor amargo del alcohol al amor que ella sentía por él.

- "Nos conocimos por arte de magia. Nunca mejor dicho, ¿verdad cariño?" Decía ella en la televisión. "Enfoca con la cámara aquí Toni" Abrazaba sin parar a Luis. "Yo solo quiero deciros que este es el día mas feliz de mi vida. Estoy orgullosa de mi marido. Hace apenas unas horas que estamos casados, pero ya han pasado unos años desde que nos conocimos, y para mí todos esos momentos han sido especiales. Él me demostró cada segundo que pasábamos juntos, que realmente me quiere. 

Creo que me di cuenta de que estoy enamorada de él la noche que nos rompimos el pantalón. Luis volvió a sonreír. "Cuando llevábamos unos meses saliendo, íbamos por la calle y se me rompió el pantalón por detrás. Me daba mucha vergüenza. Caminábamos en medio de la ciudad, todo estaba lleno de gente. ¿Y qué hizo él? Romper su propio pantalón para hacerme compañía. Hacía mucho frío, y todo el mundo le miraba, pero no le importó, prefirió hacerme sentir menos incómoda con esa situación. Aquella noche me di cuenta de que siempre estaría a mi lado. Para cualquier persona puede parecer una tontería, pero para mí fue extraordinario.Se besaron, todo el mundo aplaudía.Luis se levantó y apagó la televisión. Pegó un largo trago al vaso lleno de ron sin hielo y con unas sonoras palmadas en sus muslos decidió que ya era momento de salir. Mientras se dirigía al hospital, decidió antes pasar por el teatro. Recordó como unos años antes fue allí con su primo y sus dos hermanos pequeños. Había una función, y fue aquel momento, ese instante, en el que se enamoró de verdad. Una chica de tan solo veinte años hacía trucos de magia. Era hermosa, pelo largo y castaño, y una mirada profunda y sensual. Cuando acabó su numero Luis no paraba de aplaudirla con el entusiasmo propio de un niño ante algo que le había gustado. Poco después volvió a salir, pero esta vez hacía trucos de malabarismo. Cuando terminó le dirigió una mirada, seguida de una sonrisa cautivadora. Fue en ese momento, ese pequeño segundo, cuando se dio cuenta de que esa chica iba a ser su esposa. Lo consiguió.

Llegó al hospital; todos los que estaban en el pasillo eran los mismos que estaban en la boda. Puri se acercó a él. "Has tardado mucho en coger el teléfono". "Ya, tenía miedo de que me dieras una mala noticia". "¿Por qué la dejaste así?" "No lo sé, pero lo hice. ¡Mierda! Ahora está muerta." Se abrazaron.La enterraron como ella quería. Al lado de sus padres. Cuando el funeral acabó, él se quedó, solo. Lloraba y le pedía perdón a Esther. "Lo siento cariño, no debí dejarte aquí. " Se sentía despreciable, podía haber evitado la muerte de su esposa, y no lo hizo. "Aunque no te lo haya demostrado, te quiero." Recordó aquella discusión. Ella llegó de trabajar, él estaba tumbado en el sofá. La casa hecha un asco. Pero lo que ella llegó a odiar de él, era su vicio por el alcohol. "¿Ya estás borracho otra vez?" "¡Déjame ya!". Se arrepintió una y otra vez de hablarle así. "¡Eres un mierda! ¡Estoy harta de trabajar y qué tú te gastes el dinero en ron!" "Pues lárgate y déjame solo"  Esther se sintió muy mal. La persona por la que dio todo, le despreciaba, sintió tanto dolor que salió corriendo. Él no hizo nada. Ni siquiera se movió. Se quedó ahí, sentado, bebiendo. Poco después se le cayó el mundo encima, cuando su amigo Andrés le llamó para decirle que su mujer tuvo un accidente con el coche y estaba ingresada en el hospital. Durante dos meses estuvo en coma y él solo fue dos veces a verla. La primera fue la tarde del accidente; la segunda, la tarde de su muerte. Había llegado a odiarse tanto, que odiaba a todos los que estaban a su alrededor. ¿Por qué? El alcohol. Ese vicio tan despreciable. Ni siquiera sabia el motivo por el cual empezó a beber. 

LLegó a su casa, se puso el traje de su boda. Se sentó, bebió su último vaso de ron, y puso el dvd. Paró la imagen que se veía. Ellos dos dándose su primer beso como marido y mujer. Se acercó a la ventana, sabía que lo que iba a hacer en unos segundos no le importaría a nadie. Normal, se había convertido en una persona despreciable. Apoyó las dos manos en la barandilla, y miró por última vez el cielo estrellado. Recordó su primera cita con Esther. Tumbados en la arena, mirando las estrellas. "Son hermosas." Dijo ella. "No tanto como tú. si quieres saber cuanto te quiero cuenta las estrellas del cielo” Respondió él. Se dieron su primer beso. Cerró los ojos y se despidió del mundo con una leve sonrisa. Cuando sintió que todo estaba terminando; escuchaba gritos y gente acercándose hacia él. La oscuridad se iba sumergiendo en su interior. No importaba. Había echado a perder todo lo que en su vida tenía algo de valor. Y sentía que el mundo se deshacía de un ser despreciable. Todo había terminado. Si de verdad existe otro mundo, "El más allá" como muchos le llaman, sabía que le pediría perdón a su esposa. Dudaba que le perdonara, pero al menos sabría que, aunque pocas veces se lo demostró, en algún rincón de su corazón, la seguirá queriendo... SIEMPRE.

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