jueves, 10 de febrero de 2022

LUJURIA.

Siempre me he sentido atraído por esas cosas que contienen una pizca de riesgo, una cucharadita de travesura, una tacita de decisiones instantáneas, una onza de verdades directas y un poquito de morbo fresco.
 
Y es que la vida así se vive tomando riesgos que traen cambios, travesuras que te cambian el humor que no te limitan.
Verdades que no te ensucian el alma y no debemos olvidar el morbo que te mantiene la mente ocupada.
Veo a mi musa, Me imagino recorriendo aquella espalda con los dedos y después, preso de ansiedad, apartar la mirada. Nuestras noches de insomnio pasaron a ser los únicos momentos en los que estaba vivo.
Las paredes de mi habitación me arrinconaban al caer la noche, y aparecía allí ella entre las brumas del insomnio, dispuesta a bendecir lo impuro con sus labios. Yo, sin embargo, nunca me atreví a teñirla de pecado. Me limitaba a rozar su rostro con la punta de los dedos mientras con la otra mano asía el bolígrafo.
 
Porque mi musa es lujuria. Lujuria son sus formas. Cómo se viste es lujuria. Los quiebros de su voz son lujuria. Lujuria es su mirada, su sonrisa, su balanceo al caminar cuando aparece en la noche. Lujuria que me acompañas no me abandones, hazme prisionero de tus pasiones. Déjame morir contigo, abrázame hasta el abismo, y que sea el fuego quien nos devore. Pero al despuntar el alba, se desvanecía de nuevo como si de vaho estuviera hecha. Pero al verla alejarse se me escabullía el aire de los pulmones y yo regresaba a mi letargo interior.

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