Pero de algo que si me doy cuenta es que el lenguaje de los pequeños, y no tan pequeños, me da a mí que es algo reduccionista y parece que sus vocabularios menguan al ritmo que marcan los comics, mangas y demás inventos digitales que huelen a chamusquina.
A lo peor es que les falta leer más, a la antigua. Y nadie está diciendo que se refugien en Homero o en la literatura española del Siglo de Oro. Que lean lo que quieran...pero que lean. Lo que sobra en esta película llamada vida son los torquemadas de las letras y los prescriptores de letras vacías y palabras chungas.
Soy de una generación devoradora de palabras al por mayor, de Marcial La Fuente Estefanía, sombreros de vaqueros y duelos al sol, tebeos de Tintín y sus pantalones bombachos, Capitán Trueno y su Goliat hasta que llegaron Goscinny y Uderzo cargados de menhires y galos irreductibles. Y todo eso mucho antes de que, a golpe de magia potagia, llegara Harry Potter y Cia con un viejo tren cargado de escobas voladoras y profes más peligrosos que una caja de bombas.
A mi en particular cuando se apague la luz de mi cabeza y ya solo me quede aliento a trompicones, pediré un audiolibro. Por caridad. Porque tan solo oirlo las nubes desaparecerían como por ensalmo y el sol alumbraría la noche desde el monte conjuro de Motril.
Ya sé que me he pasado por el forro el motivo de estas letras que no era otro que celebrar las chanzas de mi nieto y los libros; pero qué bonito es perderse por los cerros de Úbeda, entre olivos que aún recuerdan a un caminante tranquilo de corazón herido, llamado D. Antonio Machado, en su paseíllo cotidiano de Úbeda a Baeza al atardecer. Cuando nos cruzamos, le saludo levantando mi imaginario sombrero hongo y él me corresponde con un saltito a lo Chaplin.
No me gustaría que a nuestros nietos y nietas nos ocurriera como a nosotros, que supimos, cuando ya no había remedio, que aquel mundo imperial en Cinemascope y color DeLuxe que nos habían prometido en el colegio y en tantos discursos y sermones, no existiría nunca…
A nosotros, que hemos ido llegando tarde a todo:
a la infancia, a la adolescencia, al sexo, al amor, a la política…
A nosotros, que nos quitaron, año tras año, el significado de cuanto nos rodeaba, aunque fueran las cosas más pequeñas, menos importantes…
Decidles que en nuestra vida recordamos a Marilyn Monroe…
y a Miguel Hernández, a García Lorca. A Bruce Springsteen, a Isaac Asimov y a muchísimos mas. Ahh y a Luis Mariano, que nunca lo dejaron en paz con eso de si era gay.
Y de un tal Walt Disney de quien nos enteramos que existió cuando ya había muerto.

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