Y sí; se me está arrugando todo, menos los sueños, el amor y los quereres. Esos son inarrugables y no necesitan plancha. Ahora lo que avanza inexorable es el ceño fruncido, el miedo en el cuerpo por los míos y la incapacidad insufrible de soportar tanto tontorrón. Ah, y la memoria, que se me escapa a borbotones.
Pero vayamos a lo que yo quería decir:
Se cierra un año más de muchas experiencias que se suman también a la existencia de cada persona.
Sin duda alguna, lo inesperado, aquellos sucesos que detienen nuestra respiración o nos provocan un momentáneo bloqueo. Las sorpresas gratas y aquellas que no lo fueron tanto, forman parte importante de todo lo vivido, porque de esas experiencias que ponen en jaque nuestra inocencia, también aprendemos, a veces con diversión, otras tantas con decepción y sin embargo, es parte de lo impredecible de la vida, para recordarnos, tan sólo, que no tenemos pleno control de nuestras circunstancias.
En fin, tomo conciencia de que eso es un simple deseo y he entendido y comprendido que algunas palabras molestan no por su veracidad sino por la necedad con que están dichas; pues soy sabedor que en toda historia surge la duda de conocer la otra verdad, el autoengaño nuevamente, dado que al final esta vida se acaba, dado que la felicidad es una palabra tan amplia y tan complicada y dado que cambiar es un reto...la ecuación no queda mas que reducida al absurdo de no ver lo que uno siente y desea, siempre consecuentemente aceptada...
Pero la preguntas son:
¿Cuál fue tu momento inocente en este 2023?
¿Qué experiencia viviste en la que apostaste por algo o por alguien y te quedaste así, como el payaso?
¿En qué verdad creíste y que al final ingenuo te viste?
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