Hoy; por muchos motivos, es un día que me ha dado por reflexionar. El pasado, el presente y el futuro de muchas cosas se entremezclan en mi mente y por ende en mi vida.
Unas podemos controlarlas con otras que parece como si, un destino ajeno y caprichoso, tratase de convertirnos en hojas mecidas por vientos huracanados a su merced.
Mientras, desde el cielo o nuestra memoria (a gusto del creyente o no creyente) los que nos dejaron, observan nuestros movimientos desde la calma y la serenidad que brinda el viaje a la eternidad. Ese que, a los que seguimos aquí, siempre nos parece precipitado.
Celebremos lo brindando, sí, hagámoslo aunque sea con una sonrisa, por todos ellos. Porque son nuestra luz, nuestra guía y memoria de un tiempo que inconscientemente unas veces e irremediablemente otras nos hace recordar.
Y hagámoslo con cariño, con optimismo, a pesar del durísimo zarpazo de la ausencias arrebatadas, porque hemos sido agraciados por la memoria de su recuerdo inmortal, de sus sonrisas, sus abrazos y el inmenso privilegio de haber compartido esos momentos que debemos recordar sintiendo el tesoro del regalo que fue nuestra vida junto a ellos.
Por todo eso y por todos ellos, hagamos que cada día cuente. Por los que quedan y por los que llegarán.
Porque estoy seguro y no me cabe la mínima duda que ellos, sonreirían al ver que su huella sigue entre nosotros y que su legado, se extiende a cada paso dado y acción realizada.
Aquí va mi brindis y mi eterno recuerdo.
Y hablando un poco de recuerdos; hace poco me reencontré con un buen amigo en Guadalajara. De esos que no ves mucho, pero que su presencia te hace sonreír por muchos motivos.
Lleva la música en la sangre y, por lo tanto, la magia de unos vinilos que giran mientras la canciones que nos hacen volver a lugares y momentos en los que nuestro corazón late de un modo diferente.
Porque todos tenemos esa canción. Y hoy; recordé cuando iba a su casa y sonaban muchas de ellas.
Alaska y Dinarama, Los Secretos, Luz Casal, Loquillo, Barón Rojo, Zombies, Pulgarcito, Mecano, Gabinete Caligari y un largo etcétera de música increíble donde reinaba el gran Tino Casal.
Eso sí; como cierre siempre de sus quedadas en su casa sonaba "Al andalus"de Miguel Rios. Himno de un sentimiento que remueve algo dentro a quienes salimos de allí y siempre añorabamos volver en algún momento.
Con la compañía de un vaso de pacharán con dos piedras de hielo hablabamos de letras, de música y de historias. Porque unas y otras están unidas de modo indivisible, naciendo de ellas la perfecta conjunción que hace que los sueños de las personas vuelen en el momento de escuchar sus primeros acordes.
Y ese es mi sueño; Que las letras de las historias que contamos algunos, nos hagann volar a lugares y vidas en las que nosotros mismos, unos como plumillas y otros como lectores, también pongan su propio granito de arena. El rostro y el alma de sus personajes.
Como leí una vez una frase de una buena y sabia autora. "Que las letras nos salven"
Larga vida a los ochenta. Larga vida a las letras.
Y un largo recuerdo a los que ya no están con nosotros.
Siempre adelante.
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