lunes, 26 de febrero de 2024

DE DONDE OTROS HUYEN.

"En la vida, la mayoría de nosotros vamos a hacer cosas comunes; pero que lo más importante es hacerlas extremadamente bien para poder ir a la playa sin que lo reconozcan o sepa quien es; por que lo importante es la excelencia en el trabajo y no el ego ni la fama.”

-GLENN MURCUTT.

Cuando alguien saca los pies del tiesto ante las injusticias sociales siempre le rondará el peligro, algo tan real, que podemos ver, palpar, casi respirar...Ese miedo que atenaza a quien siente  como este lo acecha y  lo impulsa a salir de ciertas situaciones cuanto antes, sin pensar, sin plantearse nada más que su propio ser. Algo normal y natural.

Pero también existen otro tipo de personas. Aquellos que, a pesar de sentir esas mismas sensaciones, humanas y razonables, casi aplaudidas en estos tiempos de ego-ismo absolutista, donde el YO solo precede al YO, surgen esas figuras de los que no dudan en ir hacia donde se escucha la voz que pide ayuda ante las injusticias. Muchas veces, tan baja, que pasa inadvertida. Pero no para ese tipo de gente.

En el caos, la agitación social, los golpes cobardes al más débil, el acoso infame, el escarmiento y la amenaza de la propia existencia, siempre aparecen esos hombres y mujeres que, en apariencia, son iguales al resto, pero que en su corazón y carácter, se ha forjado, día a día, el valor de dar el paso al frente en donde otros huyen. 

Poco ha pasado con el tema de la agricultura, y con el recuerdo de otros terribles atentados que han sacudido la memoria quebradiza de nuestra sociedad. Pero también esos casos que cada día en los que la mayoría parecen mirar a otro lado. Pero ellos no.

Ojalá esto sirviera de algo más que mi sencillo y sentido homenaje y desahogo moral, pero, quiero creer que alguno de esos valientes que dan lo mejor de sí, donde otros bajan la cabeza o excusan su responsabilidad bajo la capa de su desvergüenza, lea este enorme GRACIAS.

Lo peor; y centrándome en mi ciudad, Motril. Para algunas personas de Motril es que se darán cuenta tarde que el personaje que representan se comió a la persona. Tanto algunas cosas como así personas no cambian nunca por mucho empeño que se les quiera poner. Y eso lo saben bien tanto en la China como en Almendralejo.

Como por ejemplo que el placentero y emotivo hecho de mirar a las estrellas durante toda una noche silenciosa, templada y fragante de verano; No garantiza que uno aparezca al amanecer convertido en una mejor persona.

Aunque todos, y hay que reconocerlo tenemos flashback puntuales de algo de fariseos y ególatras; Que actuamos mucho de cara a la galería manteniendo las buenas formas. Eso sí, que para eso hemos convertido la vida cotidiana en un compendio en teoría de códigos de buenas costumbres. Hace falta mucha sinceridad con uno mismo para no dejarse llevar del afán de quedar bien y para no querer buscar la recompensa y el aplauso de los demás. 

Nos pueden los respetos humanos y ese quedar bien que, al final, nos va acostumbrando sin darnos cuenta a vivir en la medianía y en la mediocridad.

Es duro que uno tenga que escribir sobre la mediocridad y se le venga a la cabeza la tierra donde orgullosamente nací. Pero si algo tiene mi Motril es ser un semillero de mediocridad abonada mayormente por el servilismo y estómagos agradecidos que destruyen la fe de creer que con disciplina y trabajo se puede llegar lejos en lo que te guste o en lo que te dediques profesionalmente.

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