El narcisismo ha pasado de ser un trastorno de la personalidad tipo B a convertirse en una forma de ser aceptada y dominante, casi una característica idiosincrática de las sociedades modernas que nos llevan a relacionarnos los unos contra los otros. Desde que algunos políticos y periodistas cortaron la cinta que inauguraba la etapa neoliberal, todos los estímulos que hemos recibido, todas las corrientes culturales que nos han llegado vienen a promocionar y a fomentar ese individualismo, ese culto al cuerpo y esa exaltación enfermiza del propio ego. Primero fue esa positividad tóxica disfrazada de psicología que desprecia las condiciones objetivas de la realidad social para centrarlo todo, incluso la culpa, en el individuo. Luego llego ese taoísmo mal entendido que nos llevaba a la introspección para fluir y aceptar, fundamentalmente, sin enfrentarnos para nada a la realidad. Y de esos mismos creadores, ahora nos llega un estoicismo 2.0 que nos invita a la ataraxia, a prescindir del deseo y a romantizar la escasez y el sufrimiento como elementos purificadores.
Pero la mayoría de nosotros ya tenemos un máster en sufrimiento y escasez y no tenemos el cuerpo para romantizaciones interesadas. En el fondo, lo único que queremos todos es abundancia y bienestar. Por eso, a ver si por fin se pone de moda una corriente cultural o filosófica que fomente la empatía ,la solidaridad y la cooperación entre todos para construir un mundo mejor. Estamos hartos de tanto narcisismo y postureo social.

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