martes, 12 de marzo de 2024

EL BÁLSAMO DE FIERABRÁS.

Estoy poco a poco comprendiendo y entendiendo la rueda en que gira este mundo. Uno de joven tiene el indolente atrevimiento de creer que la vida y toda su verdad quedan muy lejos. Y empieza sin apenas carga en las alforjas a recorrer los anchos caminos de la tierra; a caminar por sus agrestes territorios y su extensión ajena a tus pensamientos. Pero pasa el tiempo y echas la vista atrás. Oteas la ficción que has pretendido vivir y te desengaña el tiempo. Retornas decidido sobre los mismos pasos. Y es cuando intentas regresar al espacio/tiempo que te curtió la piel, a las sanas costumbres, a las sencillas cosas y situaciones que te hizo tanto bien, aunque no sea más que un único momento.

Por eso aprecio tanto y aunque suene cansino, estar aquí, sentado junto al rompeolas mientras muere la tarde y donde sólo escuchas el peso de la luz y el cadente y sistemático romper de las olas. El eco persistente de un invierno que empieza a agonizar. La mar incontrolable como una fiera en celo. 

Es cuando realmente Valoras más, si cabe, esa inmensa fortuna de encontrarte apartado de neuras politicas, de los intoxicados colectivos sociales y de afamados expertos. Y me siento feliz, lo sé porque me llena de emoción cualquier forma o sonido que surge ante mis ojos y oidos. Y podría hasta dar las gracias, si en esta intensidad acabara mi trayecto. Y es que Motril ha sido, es y será el eterno bálsamo de Fierabrás para este Quijote venido a menos.

Se levanta una brisa agradable que mece los setos que hay en el paseo maritimo. Pronto llegará la primavera y su otra mansedumbre. Está todo en su sitio. La buganvillas, las palmeras, Y el sol cayendo. 

La candidez de la tarde ya oscurece. Todo se tiñe de un color dorado. Y me da la sensación pasajera que soy yo el que apenas conoce el por qué estoy aquí, tan sin sentido a veces. Y es cuando me abruman mis preguntas mentales; ¿Qué fluye en mi interior con aspecto de bruma? ¿Qué empaña mis sentidos? ¿Por qué esta terquedad, por qué esta obsesión mía en apagarme? Tantas preguntas e incertidumbres en tan nimio lapso de tiempo. Tanto dolor intenso en este corazon. Algo que solo alivia la quietud del presente, su extensión perdurable, el futuro que apenas ni concibo ni me inquieta.

Asoma tímidamente ya la Luna y las chicharras narran su estridencia a las sombras. Y Aquí estoy yo con todo lo que un ser humano necesita: una cota de malla emocional contra la intemperie, y buscando respuesta a la pregunta; ¿Qué nos sucedería sin memoria, qué sería de las cosas sin olvido? 

Pero yo tengo memoria; Echo de menos todo. Como un hombre que añora lo que pierde. Como un hombre que busca lo que falta. Como un perseguidor de las ausencias. Echo de menos luz. La claridad con la que despertaba. El sentimiento con el que me adormecía. Echo de menos paz, verdad y amor. Una verdad que aún no sea mentira. Echo de menos huir de la costumbre. Salir de los patrones. Echo de menos un abrazo entero, los días luminosos, la conciencia impecable, la ilusión sin heridas, Y Sentir, sentir un corazón...

📷 Joan Andalusí 

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