A veces; un encuentro casual con gente que no veías desde hacia mucho, unido a una conversación aparentemente inocente, fugaz, trivial, te brinda la oportunidad de disfrutar de un momento especial, de esos que descubres, sin querer. Como esa joya especial que encuentras en tu tienda de libros de segunda oportunidad y que parece hecha para ese preciso instante.
Conversando con ellos en la terraza de un bar les he confesado mi añoranza de no poder haber disfrutado antes, de unos momentos tan sencillos como especiales como los que disfrutamos ahora.
"Nunca es tarde Robert" ha sido la sencilla, pero demoledora, respuesta de alguien que era consciente como yo del tiempo perdido, pero que seguramente ha sabido ver, quizás en este tiempo que a mí me parecía gastado, el momento de aprovechar el tiempo que aún nos queda, espero que mucho.
Yo no me considero ni sabio, ni veterano como para poder dar consejos como lo hace mi amigo; posiblemente desde la perspectiva que le debe dar a quien sabe contar hasta diez por haber visto y vivido cosas que, para otros, siguen siendo el primer vagón de la soñada primera clase de la experiencia.
Pero esta vez voy a hacer una petición a quién tenga el tiempo y la paciencia de leer esto hasta el final.
Que, como esta frase que me ha golpeado mientras saboreaba un café con su poderosa y sencilla verdad, hagamos caso y no dejemos de lado esa llamada pendiente, ese abrazo, esa sonrisa, la palabra generosa que, a veces, parece resistirse a salir como gato caprichoso panza arriba y rompamos el vacío hechizo del temor o el orgullo y demos el paso adelante.
Por nadie y por todo, por nosotros mismos. Porque nunca es tarde. Por los abrazos, perdones y besos debidos. Fomentar esas reuniones donde regresan los recuerdos de nuestros amigos ausentes. Recordar a esos a quienes no volveremos a ver jamás en esas reuniones que hacíamos eternas, y que regresan a nuestro pensamiento con más intensidad, si cabe, en la añoranza de no tenerlos físicamente a nuestro lado.
He de reconocer que siento esas presencias más cercanas que nunca cuando me reúno con los amigos. Quizás sea la magia de la amistad, o saber que alguien en quien creo profundamente, vuelve a recordarnos la importancia de volver a juntarnos aquí, o en el constante recuerdo de aquellos a quienes jamás dejaremos caer en el olvido de nuestra memoria inmortal.

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