martes, 14 de mayo de 2024

SOMBRAS CHINESCAS.

Veréis como vais a saber de lo que hablo. Era otra forma, más analógica, de aprovechamiento de la tecnología que tenías a mano. Nos acostaban temprano; y con tu hermana, tu primo o tu amigo cogíais una linterna y proyectabais sobre la pared siluetas hechas con las manos. Sombras chinescas. Perros, pájaros, princesas, conejos, gatos... Todos lo hicimos.

Fuimos primigenios contadores de cuentos alrededor de la hoguera o con una linterna con pila de petaca a la que le aplicabas la lengua para sentir el calambrazo. Desde la noche de los tiempos lo llevamos haciendo con lo que tenemos a mano y se nos va ocurriendo por el camino. Los humanos somos así; Nos alimentamos de historias, de fábulas, de cuentos, de ficción. 

De sombras chinescas en la pared de la caverna o de una habitación. Somos como un viaje a la niñez. Repito; Como niños y niñas metidos en cama con la linterna mágica devorando aquellas sombras musicadas proyectadas en una pared donde surgían todas las historias que deseábamos ser contadas.

domingo, 12 de mayo de 2024

EL DESPERTAR.

Hay formas que se van proyectando bajo la cándida y lejana lucidez del sueño. Se acercan y se alejan lentamente, sibilinamente, recordándome a la manera en que se mece el mar. Existen noches en que todo se torna claro y es fácil ver las verdaderas almas de los cuerpos, pintados sobre la indeleble tela del sueño. Se puede sentir que estas vanas figuras están repletas de vida... de la verdadera vida, de la verdadera conciencia de que estamos profundamente dormidos en ese infinito océano.

Como un volcán que descansa, hasta que el alma de la tierra lo enciende y entonces al fin estalla, erupcionando llamas vivas sobre la superficie. Lo que creíamos muerto, sumido en un eterno letargo, resurge de sus cenizas como un ave fénix, lleno de furia y repleto de amor. Solo entonces, bajo esa extraña lucidez del sueño, puedo comprender que somos ese ave que renace, ese volcán que estalla... 

Sin embargo ahora al despertar, solo permanecen algunos vagos recuerdos de la verdad y vuelvo a vivir en la inconsciencia, sin saber que sigo dormido, que son contados los amaneceres y larga la noche de lo irreal. No fueron las horas tristes junto a ti el motivo de mi amargura, ni tu infinito océano de dudas la causa de mi desazón; porque había estrellas en tus lágrimas y soles en tu voz. Tus lágrimas eran como la apacible tregua de la noche y con tu silencio despertabas el amanecer. En tus labios se manifestaban los primeros rayos del alba y tus palabras exhalaban el aliento de un nuevo día, que encontraba su apogeo en tu sonrisa y el sol satisfecho se levantaba buscando el ocaso diario.

Lo cierto y me temo que salta a la vista, es que nunca he sabido expresarme muy bien poéticamente; Aunque lo intento no se escribir de una forma bonita ni cuanto menos adornada; tan solo en muchos de mis relatos dejo entrever el sentimiento de congoja y decepción de haber intentado siempre ser mejor, pero se conoce que el inexorable tiempo me ha hecho ver que no era suficiente; Desilusión, tanto amor y tanta incomprensión, que guerra mas bonita la nuestra ¿verdad?, después de tantos años al final no nos conocíamos tan realmente como pensábamos, ahora solo nos limitamos ha pelearnos por herirnos mas con bonitas palabras, como si de una competición se tratase es un toma y daca, tira y afloja, pero resulta que ya me canse de hablarle al vacío, de saciar mi hambre con reproches, de cruzar mi acero con el suyo, me queda mi desilusión de no haber conseguido ser perfecto, eso viene con el pack, soy así, que desilusión. Pero... Mañana será otro amanecer.

sábado, 4 de mayo de 2024

SELENE. (Efluvios de un "lunático" lego)

"Hay noches en que los lobos están en silencio y aúlla la luna." (George Carlin)

La oscuridad toma más fuerza, tan sólo veo la esfera blanca del cielo, su resplandor es parecido al que siento en mi profundidad, ahí también vive una pequeña luz que nunca se va, una luz que me mantiene vivo. Hace mucho tiempo que sigo soñando con alas. Sueño con el día en que volaré lejos, pero, ¿cómo? Se hace más oscuro, la cadena pesa mucho, me hundo, más y más. No logro ver nada, mi cabeza me duele, las preguntas me atraviesan. De repente las preguntas callan, y debajo de mis pies la arena del mar se esparce, dejando ver lo que esconde el agua de una ola al volver al mar después de romper. 

Aunque sigo intentándolo, no consigo borrar el rostro que un día dibujé en la arena y que seguidamente, las estrellas lo grabaron en mi mente para siempre. El tiempo pasa, nunca se detiene, Pero, aunque me odie, ni siquiera puedo sacarte de mi mente, siempre estás ahí, siempre, y cuando te veo y te recuerdo, sigo estremeciéndome. 

El destino es caprichoso supongo, pero no puedo hacer nada, ¿sabes por qué? Porqué ni siquiera puedo explicarlo… He podido ver tu corazón muchas veces, se dónde está, ¿sabes tú dónde está el mío? ¿Sabes que está en lo más profundo de mi esencia? Dudo que conocieras en algún momento el interior de mi alma, nadie puede ver la cara del que lleva una máscara, por eso estoy seguro de que hice lo correcto. El tiempo pasa, segundo a segundo y día a día. Nada lo detiene.

Cuando quieres darte cuenta caes en la rutina, la repetición de lo eterno. Todo avanza al mismo ritmo, acabas mezclándote con el resto de la gente, convirtiéndote en alguien apartado, distante, que sigue su camino como siempre ha hecho. Poco a poco, todo pierde color. Yo no me di cuenta, nadie se puede dar cuenta, y es que el tiempo llega un momento en la vida que acaba parándose, la multitud de sombras negras en forma de personas se detienen, tan solo quedas tú mismo a una escala de grises. Cuando alcé mi cabeza para mirar al frente, no quedaba nadie, tan solo edificios de color blanco en un fondo negro, tan solo quedaba el vacío. No dejé de caminar. Cada paso que hacía me costaba más que el anterior… Las calles están vacías, los árboles desnudos de hojas y corre un viento frío que intenta detener mis pasos por la acera lisa e interminable que se pierde en el horizonte. ¿Por qué no te rindes? Quítate esa horrible careta que sonríe a todo y deja ver tu cara insensible y seria, cierra tus puertas al mundo y se como eres. Pero, ¿no sería eso llevar otra de mis máscaras? … ¿Quién soy en realidad?

Me viene el recuerdo cuando era un triste bufón; Con la cara pintada de blanco y negro, azul y rojo, y mi ropa extravagante, Y yo un triste antiguo bufón me pregunto qué hago en un escenario donde la función ya ha terminado. Donde grita a la noche sin miedo. Lo que si tengo claro es que si alzo las puntas de los dedos puedo a veces tocar mis sueños, acariciar por un momento las estrellas del cielo. Soy un aprendiz de tinta y de tintero, la suerte va conmigo. Ya se que es de orates sentirse atraído por la luna, me atrae el halo de misterio de Selene. Un buen día despierta tímida, primero un poco, luego un poco más, como saliendo de una sábana espesa, sin principio ni fin, como surgiendo de la nada, en medio de la noche, sin avisar, silenciosa. Sabiendo que todo está igual que lo dejó la noche anterior. 

Esa fiel doncella sin galán que enamora a quien la mira, esa reina de poemas y canciones, esa diosa de lamentos, de ensoñaciones. Esa naturaleza de madre, esa bondad especial. Una guía, una luz, un farolillo de las noches claras, un vigía, un sereno en las noches solitarias, un guardián de sueños, un faro en la mar tan bella que no sé cómo describirla. Redonda, redonda como un balón, con dos ojos grandes, muy grandes, que me apremian cuando me porto bien y me regañan cuando lo hago mal. Y su boca, redonda también, como su rostro, esa expresión perenne de sorpresa, de temor. Esa blancura pálida y delicada como un algodón de azúcar. 

Y ahora sueño, sueño con tocar la luna, con acariciar su rostro y apretar sus mejillas; y sueño que la luna se ríe y se encoge, y poco a poco se esconde en la noche dejando de guardián a las estrellas… Guardianes de lunáticos legos como yo.

viernes, 3 de mayo de 2024

PRIMAVERA.

Es primavera y y mi sensación es que no hay más que tinieblas en torno a lo que miro. No encuentro atisbo ni vestigio alguno de aquella luz primigenia que asomaba tímidamente a la vida y sus mansas mañanas, aquel fragor de colores intensos que inauguraban el mes de abril  y sus rosales. Veo en todo lo que me rodea la sombra de nuestra levedad, de nuestra inconstancia de animo. 

La intuyo en los rostros de la gente con la que me cruzo en mi paseo matutino. Tantas casas cerradas, tantos caminos rotos y bacheados, tanto campo desierto y yermo, tanta naturaleza inane. En todo reconozco la inminencia segura de la fugacidad. En la dicha de estar aquí y ahora. En la necesidad de andar, inexorablemente, hacia adelante. En esta lejanía de lo ya transcurrido que me acerca y me nutre el extraño que habito. En el verdor precioso que grana de las cuasi extintas cañas de azucar. Descubro en cualquier tacto la flaqueza del ser que recubrimos. En la forma que abrazo cuando te rememoro y es semejante al humo, similar a la carne. En los versos que arranco de cada circunstancia. En la piel del silencio que pronuncia una ausencia. En cada paso dado, cuya amplitud ignoro si me es de provecho o me sirve de anclaje.

No soy más que la lluvia. Ni que la soledad. Ni que la fluorescencia de los escarabajos. Soy menos. Mucho menos. Más insignificante. Lo adivino en los visos de la naturaleza. En la premura inmensa de sus meses y ciclos y almanaques. En el agua que bebo y con mi sed culmina su porqué y se apaga. En las más diminutas partículas del aire. Lo barrunto en los signos más comunes. En mi nombre y el tuyo, donde se han desvaído tantas expectativas, y permanecen rastros de ilusiones y tonos, como en muros antiguos perdura el mineral de frescos y mensajes. En la prisa del ave que huye cielo arriba cuando escucha un disparo. En los cuerpos que enferman así tan de repente y se van para siempre como sol de una tarde.

Lo confirmo en las dudas que me asaltan, cada vez más inmensas, a medida que voy envejeciendo y aceptando que nada se perturba, que ciertamente todo se me muestra impasible. Que sólo en mí socavan el tiempo y sus alfanjes.