"Hay noches en que los lobos están en silencio y aúlla la luna." (George Carlin)La oscuridad toma más fuerza, tan sólo veo la esfera blanca del cielo, su resplandor es parecido al que siento en mi profundidad, ahí también vive una pequeña luz que nunca se va, una luz que me mantiene vivo. Hace mucho tiempo que sigo soñando con alas. Sueño con el día en que volaré lejos, pero, ¿cómo? Se hace más oscuro, la cadena pesa mucho, me hundo, más y más. No logro ver nada, mi cabeza me duele, las preguntas me atraviesan. De repente las preguntas callan, y debajo de mis pies la arena del mar se esparce, dejando ver lo que esconde el agua de una ola al volver al mar después de romper.
Aunque sigo intentándolo, no consigo borrar el rostro que un día dibujé en la arena y que seguidamente, las estrellas lo grabaron en mi mente para siempre. El tiempo pasa, nunca se detiene, Pero, aunque me odie, ni siquiera puedo sacarte de mi mente, siempre estás ahí, siempre, y cuando te veo y te recuerdo, sigo estremeciéndome.
El destino es caprichoso supongo, pero no puedo hacer nada, ¿sabes por qué? Porqué ni siquiera puedo explicarlo… He podido ver tu corazón muchas veces, se dónde está, ¿sabes tú dónde está el mío? ¿Sabes que está en lo más profundo de mi esencia? Dudo que conocieras en algún momento el interior de mi alma, nadie puede ver la cara del que lleva una máscara, por eso estoy seguro de que hice lo correcto. El tiempo pasa, segundo a segundo y día a día. Nada lo detiene.
Cuando quieres darte cuenta caes en la rutina, la repetición de lo eterno. Todo avanza al mismo ritmo, acabas mezclándote con el resto de la gente, convirtiéndote en alguien apartado, distante, que sigue su camino como siempre ha hecho. Poco a poco, todo pierde color. Yo no me di cuenta, nadie se puede dar cuenta, y es que el tiempo llega un momento en la vida que acaba parándose, la multitud de sombras negras en forma de personas se detienen, tan solo quedas tú mismo a una escala de grises. Cuando alcé mi cabeza para mirar al frente, no quedaba nadie, tan solo edificios de color blanco en un fondo negro, tan solo quedaba el vacío. No dejé de caminar. Cada paso que hacía me costaba más que el anterior… Las calles están vacías, los árboles desnudos de hojas y corre un viento frío que intenta detener mis pasos por la acera lisa e interminable que se pierde en el horizonte. ¿Por qué no te rindes? Quítate esa horrible careta que sonríe a todo y deja ver tu cara insensible y seria, cierra tus puertas al mundo y se como eres. Pero, ¿no sería eso llevar otra de mis máscaras? … ¿Quién soy en realidad?
Me viene el recuerdo cuando era un triste bufón; Con la cara pintada de blanco y negro, azul y rojo, y mi ropa extravagante, Y yo un triste antiguo bufón me pregunto qué hago en un escenario donde la función ya ha terminado. Donde grita a la noche sin miedo. Lo que si tengo claro es que si alzo las puntas de los dedos puedo a veces tocar mis sueños, acariciar por un momento las estrellas del cielo. Soy un aprendiz de tinta y de tintero, la suerte va conmigo. Ya se que es de orates sentirse atraído por la luna, me atrae el halo de misterio de Selene. Un buen día despierta tímida, primero un poco, luego un poco más, como saliendo de una sábana espesa, sin principio ni fin, como surgiendo de la nada, en medio de la noche, sin avisar, silenciosa. Sabiendo que todo está igual que lo dejó la noche anterior.
Esa fiel doncella sin galán que enamora a quien la mira, esa reina de poemas y canciones, esa diosa de lamentos, de ensoñaciones. Esa naturaleza de madre, esa bondad especial. Una guía, una luz, un farolillo de las noches claras, un vigía, un sereno en las noches solitarias, un guardián de sueños, un faro en la mar tan bella que no sé cómo describirla. Redonda, redonda como un balón, con dos ojos grandes, muy grandes, que me apremian cuando me porto bien y me regañan cuando lo hago mal. Y su boca, redonda también, como su rostro, esa expresión perenne de sorpresa, de temor. Esa blancura pálida y delicada como un algodón de azúcar.
Y ahora sueño, sueño con tocar la luna, con acariciar su rostro y apretar sus mejillas; y sueño que la luna se ríe y se encoge, y poco a poco se esconde en la noche dejando de guardián a las estrellas… Guardianes de lunáticos legos como yo.