jueves, 24 de octubre de 2024

BUSCADOR DE DESTINOS.

En una frase mal atribuida a San Agustín decía que "El mundo es un libro, y quienes no viajan leen sólo una página"

Recorrí medio país y definitivamente no encajo en ningún sitio. Forastero eterno. Curiosidad infinita. Aventurero de tierras pérdidas. Caminante incansable. Buscador de destinos. Grito rebelde. Palabras sinceras. Escultor de carcajadas. Cuando parece que todo va bien borro con el codo lo que escribo con la mano. A fin de cuentas la creatividad es mi único hogar. Ya ni espero que me comprendan.

Que vacío siente uno si su vida interior no se llena de algo. La oquedad me gobierna, no es tristeza, no es hambre, no es dolor, pero me falta algo que llene mi alma. Conceptos, conocimientos, sentimientos, expresiones no tengo nada de nada, en este día maldito.

Así lo pienso también, porque el recorrer millas, kilómetros, encontrar lugares que despiertan algo en ti, conocer gentes diferentes, culturas, pueblos, te da experiencias y amplía el conocimiento de que, a pesar de todo, siempre hay una nueva parada que vuelve a sorprenderte con algo que sumar a tu petate vital.

Así como los buenos libros, hacen de tí mejor persona, despierta ilusiones, te hace disfrutar y con el que estás deseando ver amanecer para retomar sus páginas, el viaje te transporta físicamente a lugares donde todo está por escribir para ti y que, cada paso, sera una nueva página en tu vida.

Aparte de los libros; también lo más real es que sin moverte de casa existe un lugar en el cual las personas ni envejecen ni se mueren nunca. Allí están condenadas a seguir permanentemente jóvenes, sanas, guapas, sin manchas marrones en el dorso de las manos, sin artrosis ni pieles flácidas o caderas rotas.

Se apagan las luces, entras en la sala o le das al play y pones una película y allí, de repente, por arte de algún encanto extraño, como petrificados en una especie de imposible limbo donde el maldito y raudo tiempo parece no transcurrir, aparecen siempre y de nuevo, pulcramente resucitados los actores fallecidos, acariciados en el rostro y cuerpo por esa luz de la mañana que hace que algunos seres humanos brillen como estrellas en una noche limpia y cálida de verano.

Y ahí, de nuevo aparecen para nosotros, siempre jóvenes, guapos y refulgentes. Brillantes como la cola de una estrella fugaz. Así que no nos engañen. Hay personas que no se mueren ni envejecen nunca. Viven en los sueños de otras personas y aparecen siempre que son convenientemente convocados, mediante la liturgia correspondiente. Y nunca fallan.

Y siempre jóvenes y hermosos ahí aparecen en la pantalla para nosotros, aparentando impasibles todo ese resplandor de los mejores años y del exceso de vida que desbordan y que a duras penas pueden contener. Es su bendición y su condena.

Permanecer siempre hermosos y jóvenes para nuestro disfrute. Aquí no hay "The End."

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.