jueves, 31 de octubre de 2024

PRESENTE.

El tiempo verbal más complicado de conjugar es el presente, esto no nos lo enseñaron en la EGB.

Es porque el tiempo verbal pasado lo podemos idealizar y acomodar para la ocasión: lo editamos, quitamos-añadimos, lo engalanamos y mitificamos y hacemos de este tiempo verbal una buhardilla oscura ya clausurada pero a la que acudimos de vez en cuando para cambiar de ubicación los muebles, quitar o poner papel de las paredes o repintarla de nuevo todo a medida de nuestras necesidades, esperanzas y temores actuales.

El pasado lo moldeamos a conciencia, como el futuro, que es ese no-lugar en el que a menudo vaciamos todo el rebosante volquete que llevamos a cuestas de nuestras ilusiones más optimistas y esperanzas de mejora. El futuro nunca llegará; En el fondo lo sabemos y por eso podemos plantarnos e idealizarnos en su proyección.

Pero el presente es un tiempo verbal que se conjuga mal, a duras penas, difícil de editar porque estamos inmersos en su vorágine y carecemos de la perspectiva que nos da el tiempo y del distanciamiento adecuado para su revisión en frío.

Así que el presente se impone, nos doblega y nos malea, endereza y tuerce a su antojo. No lo podemos idealizar ya que está todavía abierto y cabalgamos en su lomo desbocado sin poder domesticarlo con nuestros trampantojos de esperanzas, ilusiones o remodelaciones del conjunto.

Y esa es la mala noticia, que vivimos de forma perenne e ininterrumpida en el único tiempo verbal que no podemos idealizar y apenas conjugar. ¿No me digáis que no es inquietante? A mí me lo parece.

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