“El sueño va sobre
el tiempo, flotando como un velero, nadie puede abrir semilla en el corazón del
sueño...” Eso fue lo último que sonó antes de que la radio hiciera un extraño y
se apagara debido al golpe de mar que entró por la cabina del barco. Estaba
sonando un CD de Camarón que el patrón del barco compró en una gasolinera
camino del puerto de Motril antes de
zarpar a buscar nuestro sustento familiar. Ahora era yo el patrón, todo lo que había en el futuro e irremediable pecio me pertenecía: la radio, la emisora, el sistema GPS, la comida, el aguardiente, y las dos toneladas de caballas de la bodega.Todo mío y solo mío, solo quedaba yo en cubierta, con una botella de aguardiente y un cigarro mojado entre los labios. Ya, pensaba, no hay nada por lo que luchar, nada que hacer. Cada vez que me levantaba, otro golpe de mar me volvía a empujar sobre la mojada y astillada cubierta del buque pesquero, o de sus restos. Y ella..Ella no estaba allí para darme un grito de ánimo, para sentir su aliento en mi nuca, para convencerme de seguir adelante. Pensé en ella y me levanté de golpe, pero el viento y un brazo de mar contra el casco, hicieron que el barco consiguiera volver a tirarme, otra caída mas. Pero esta vez lo hizo mejor, y en vez de al suelo, caí contra la ya ajada cabina del timonel, rompiendo la botella de aguardiente e hincando uno de sus puntiagudos cristales en mi cuello.
En mis últimos estertores maldije entre dientes, pensando qué lástima que entre las pocas cosas que quedaban en el barco, no estuviera ella, no hubiera venido un instante y hubiese sido generosa aunque fuese un poquito … la esperanza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.