Desde muy pequeño no sentía ningún tipo de atracción
infantil hacia los payasos, es más; recuerdo que incluso a veces me aterraban y
no me hacían gracia alguna. Recuerdo nítidamente un día que fui a un cumpleaños
y por allí pululaba un payaso sonriente intentando de cualquier modo hacernos
reír. Lejos de lo que él intentaba constantemente, yo lloraba y buscaba
alteradamente la protección que me ofrecía una esquina de la habitación. No me
gustaban esos rostros completamente sobremaquillados, esos colores llamativos y
de tonos estridentes al ojo humano que utilizaban en su vestuario y mucho menos
me gustaba aquella insolente y estúpida nariz roja. Para mí, el término payaso era igual a terror, no me transmitían ternura, ni ingenuidad, ni todo eso que se supone que deberían transmitir. Supongo que aquellos personajes que veía, tan solo era actores intentando hacer un papel, un papel muy falseado para mi gusto. A todos ellos les vendría bien escuchar la frase que en su día dijo Darío Fo: "Creer que se es payaso por ponerse una pelotilla roja en la nariz, un par de zapatos desmesurados y aullar con voz aguda, es una ingenuidad de idiotas". Pero un día, no recuerdo muy bien que edad tenia, en la tele aparecieron unos payasos llamados Gaby, Fofó, Miliki y Fofito. De repente un tal Fofito decía...“¿Cómo están ustedes?” y a continuación todos los niños le respondían alegremente. Jamás olvidaré esa primera impresión sobre ellos. No tenían la cara pintada, ni sus vestimenta era llamativa, pero se comportaban tal cual auténticos payasos. Sentían lo que decían, conectaban con su lado infantil y lo exteriorizaban y eso llegaba al espectador.
Eran unos grandes creadores y provocadores de risas, se hacían querer con tan solo verlos y transmitían una gran ternura.A raíz de conocer a estos payasos, empecé a entender muchas cosas sobre el oficio de hacer reír; los verdaderos payasos son personas, no son personajes inventados. Da igual como vayan vestidos o maquillados. Son una parte de nosotros mismos que muchas veces olvidamos, esa parte ingenua, bondadosa, vulnerable, inocente, en definitiva, el lado que mas nos aferramos a no mostrar. Un gran payaso a de ser capaz de conectar con ese trozo de si mismo y exagerarlo en su representación. A esto se debe que muchos actores no logren ser buenos payasos ya que su registro es completamente diferente.
Ahora mismo recuerdo una cita que viene mucho al caso: “El actor inventa o interpreta un personaje, mientras que el payaso encarna el suyo propio" y aprendí a entender su mundo, su forma. Ahora me gusta sus trajes estridentes, su pelo de color y sobre todo su nariz roja; porque entona con sus corazones. Y yo veo su interior y me gusta lo que veo.Y dicho todo esto entonces. ¿Entonces todos tenemos a un payaso dentro de nosotros? Aunque la pregunta exacta sería… ¿Por qué no ser payaso en los momentos que alguien necesita una sonrisa?
Dedicado a mi buen amigo CHOLIN, Payaso vocacional que tuvo que dejar los escenarios por un largo tiempo y ahora a retomado su sueño. !!! Suerte !!!!.
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