miércoles, 3 de julio de 2019

PIÉLAGO REPARADOR.

¿Mis sueños?. ¿Dónde habrán acabado mis sueños? ¿ En que cajón de sastre duermen? ¿Acaso se los llevó alguna musa alada y de vida disoluta en un vuelo de reconocimiento? ¿Tal vez terminó con ellos cuando me convirtió en un ser real? ¿Se marcharon con ella al monte Parnaso?Lo que si se con plena conciencia es que tengo escondida mi infancia feliz en algún lugar, junto con los recuerdos de las personas que me han enseñado a madurar por las buenas una veces y por las malas otras muchas, porque todo eso me ha convertido en la persona que soy ahora.

Sentado en el borde del malecón se me acerca a la mente aromas de otros tiempos. Veo bailar con un baile hipnótico entre las crestas de las olas maderas partidas de barcos que no resistieron la embestida de los elementos. Tormentas que se ensañaron  con los marinos y sus barcas diminutas hasta llevar sus restos hasta las estrimerias de la costa . Porque el mar llega a parecer a veces un desierto azul de dunas gigantescas culminadas de cumbres blancas, un desierto parecido a mi corazón, donde también hay arenas movedizas que pueden tragarte si te descuidas, donde el peligro de enamorarse perdidamente es una constante y no puedes bajar la guardia ni un segundo por si acaso tu estabilidad emocional corra peligro.Porque el amor y los sueños son espejismos, y, definitivamente, morimos como soñamos, en soledad.

Bajo hasta la playa colindante al puerto y mis huellas desnudas sobre la arena van creando un sendero que el mar borra a mi paso, a veces alguna gaviota atrevida y desafiante osa posar sus patas junto a las mías. Mis marcas y las de la gaviota, a veces se juntan también las de mi discola musa que de vez en cuando aparece para hablar conmigo en las noches de luna llena.Te sientas en la húmeda arena, justo donde la ola va a morir en un espumoso torrente de agua que absorbe en mayor parte la arena y miras de frente al mar; mirando al infinito entrecerrando un ojo, mirando solo por el otro, como los cíclopes, arañando la niebla del horizonte próximo, del horizonte lejano, con tus atardeceres de calma, tus breves escapadas a la playa en busca de la felicidad, puede que en una continua búsqueda del amor; libre ¿libre?, nadie es libre de la condena imaginaria a la que te somete la vida, puedes ir bandeando problemas y sobreviviendo a ellos enclaustrado en un palacio de ensueño, sin lacayos ni servicio, en total soledad. 

Fotografiando atardeceres, días lluviosos, tormentas de verano, auras de fugaces musas que dejan brillos alrededor de tu cámara del móvil cuando te abrazan distraídamente mientras posan para ti. Solo el mar y tus pensamientos, esos que van y vienen con el viento dentro de la cabeza de un loco; tal vez un genio, un extravagante al que puede que no vuelvas a ver. un ser que ya no espera gran cosa de la vida o lo espera todo, porque todo está por venir; el presente es un piélago inmenso, interminable y el futuro está ahí, brillante y hermoso, anhelando que cuanto menos luche por acercarme a el. No sentirse vivo es como no existir, porque para mi la vida es puro movimiento, o al menos la posibilidad de tenerlo.

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