martes, 2 de julio de 2019

VENDO LA PACIENCIA.

Yo mi paciencia la tengo en venta. La he envuelvo en gasas de colores y la he colocado en un anuncio de miscelaneas en Almoneda. Porque quiero deshacerme de ella. Porque no me otorga ningún beneficio ni me trae nada inesperado y lo que espero, con paciencia, ya casi que no lo quiero. Rogar, padecer, asentir. Ver el tiempo, meter tu vida en un paréntesis durante ese lapso visto a escala, y ampliar esa proporción a su merced. Y volver a amplificarla sin regla ni paridad. Resistir.

Y continuar observando para no perder la consciencia al unísono del encuentro con la desidia.La paciencia lejos de hacer honor a su nombre en los últimos tiempos me ha convertido en un ser inquieto, nervioso, que busco pero que no siempre encuentro, he llegado a un punto de pensamiento y de razonamiento que me hace preocuparme verdaderamente por la situación hasta el punto de desquiciarme y querer cerrar los ojos y no ver más, solo de pensar que no me queda tiempo para hacer todos esos viajes, para tantas idas y venidas, para conocer a tanta gente, para salir por tantos lugares, para ver museos, para escuchar música, para leer libros, para descubrir facetas de la vida, en fin, para descubrir quizás mi vocación y saber que me llena. Me desquicia no tener nada preferido, me desconcierta a veces el no luchar por nada, el abandonar las cosas, el no indagar en los descubrimientos hasta lo más profundo, el no dedicarme en cuerpo y alma a mis nuevos proyectos…¿miedo?, ¿cansancio?, ¿desmotivación?, y de tanta paciencia que tengo, no se por donde empezar a ordenar mi vida, mi cabeza, a colocarme en el mundo, a expresarme…

Y una vez más decido huir de mis pensamientos; evadirme, no pensar más, dejar la mente en blanco y recapacitar, olvidar...La paciencia es algo frívola, díscola y malquerida. Es la debilidad adornada de buenas palabras y acorazada con una diana hecha de malas intenciones. ¿tu quieres ser paciente? Yo no quiero.Era noche cerrada sentado en el espigón del puerto; mis amigos me propusieron cómo si de un juego se tratase, que señalara la estrella más cercana. Me tumbé bocarriba sobre el frío asfalto y me quedé mirando el firmamento; oscuro y plagado de chispitas parecidas a luciérnagas en continua parálisis y parpadeantes. Esperé; pero no diré con paciencia sino más bien con tranquilidad. Y al alba cuando el astro rey nacía por los montes del " conjuro ", sonriendo, les señale: ésa.A veces, el tiempo por si solo nos da la solución a nuestros problemas. Sólo es cuestión de esperar con tranquilidad obviando la paciencia.

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