Últimamente tengo unos enormes deseos de ser otra
persona, no exactamente mejor ni más interesante, ser otro ser diferente que me
permita poder observar y escrutar mi alrededor sin que me vean y sin abandonar
la esencia de quien y lo que soy.Son tentaciones efímeras que incineró en mi
mente con textos ahogados en vasos de ron y humo de pitillos, con botellas
lanzadas al indómito y bravo océano de tu ausencia y que sirven para mitigar mi
fuerte deseo de ser un perro callejero en mitad de una noche
tormentosa.Últimamente me gusta sentir como mis escritos consiguen que me sienta exactamente como el que nunca seré, que respire un aire puro que jamás penetrará por mis fosas nasales, y eso lejos de atosigarme hace efecto placebo y me reconforta. Últimamente siento deseos de poder amar hasta la pérdida de la razón a bellas mujeres por dentro y por fuera, mujeres de tacón roto, carmín corrido y despeinadas por el aire.
Últimamente los deseos de ser otra persona sólo duran el ínfimo momento en el que miles de imágenes se me apilan como centenares de hojas caducas caídas y apiladas en la acera cual daños colaterales del otoño enmoquetando mis pensamientos. Últimamente apareces tú musa mía sin saberlo, amueblando y ordenando todo lo que llena la cabeza de alguien, cual cajón de sastre que dice ser un junta letras ocasional que no vocacional. Apareces, y sin quererlo, todas esas vidas que no viviré se me convierten en hojas perfectamente estructuradas, máculas y legibles por obra y gracia tuya, hojas caídas de un libro rescatado del fuego que me consume por dentro; voraz, impávido, impío cuando tú no estás. Hojas muy diferentes a esa lectura primera cargada de excitación y miedo. Últimamente algunos nombres al leerlos suenan y resuenan en mi cabeza, pero ya no me aceleran el corazón al nombrarlos.
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