miércoles, 18 de diciembre de 2019

MIGRAÑAS.

Sin saberlo, pero con el paso del tiempo Alberto se dio cuenta que era un tipo jodido por la vida. Sus continuos cambios de estados de ánimo sobrepasaban sus límites; días muy nublados en los que nadie podía atravesarse en su camino. Días en los que se expresaba de manera gesticulosa demostrando todo su descontento hacia las situaciones de la vida. Y en cambio; en los días soleados mostraba su cara mas afable y amable.

Todas las noches; como si de un acto mecánico se tratase, hacia balance del día transcurrido en la que para su mayor desgracia solo sumaba continuos fracasos, que aumentaban en el tiempo en forma exponencial. Le costaba admitir a si mismo que se sentía un perdedor, aunque raras veces se olvidaba y esos eran sus días de sol. Perdedor de la vida, perdedor en las relaciones humanas, profesionales, alma pérdida y solitaria.

Sabía desde muy pequeño que en la vida no todo era color rosa,que tendría que acostumbrarse que esas cosas pasasen y tratar de gambetearlas con el mejor humor. Pero le costaba dios y ayuda enfundarse una mascara imaginaria.
Durante el día nunca faltaba el momento donde se autocriticara asi mismo. Si, él era el especialista en eso; "Todo me sale mal, para atrás, a medias; esto se va a ir a la mierda, en cualquier momento estallo". Lo extraño fue que nunca estalló. Siempre fue el perfecto imán de la desgracia con suerte. Algunas veces conseguía hacer volar su imaginación; abstraerse del mundo real y de la vida cotidiana. En esas tardes de vuelo, deseaba nunca aterrizar, quedarse suspendido en sus sueños sin ser visto por nadie y ejercer cierto control desde la alturas de su mente. Esa situación le servían para replantear el significado de sus actitudes; queriendo revertir la historia de su vida, la del barrio, ciudad o ya puestos a ser ambicioso... del mundo. Pobre orate, no sabía o no quería entender que no llegaria nunca a ningún lado.

ya a los amigos les era costoso hacerle admitir lo bajo que estaba y lo peor que le podía suceder.
Un psicólogo amigo suyo le explicó un día que había personas que necesitan buscar otras personas que transformen su realidad. personas que vivían en la falsa creencia que necesitaban ser guiadas por otras; para que les dijesen qué hacer, como actuar según que momento, lo más adecuado, lo más divertido, lo más correcto... Que existían personas que se dedicaban en cuerpo y alma a girar y colorear el mundo de otras. Pero que bajo su punto de vista el problema de Alberto era que sin duda deseaba con todas sus fuerzas no tener que estar de alguna manera siendo el punto de apoyo constante de una relación, haciéndose creer asi mismo de que, de alguna forma era como estar consigo mismos, pero con el doble de trabajo; tanto psíquico como físico, y que seguramente e inconscientemente había llegado a la conclusión de que no necesitaba ese tipo de amor. No sentía la necesidad de estar con alguien porque así se lo dictara la vida.

Con el tiempo fue descubriendo poco a poco, cuantas personas había desterrado en su vida para intentar seguir con la suya. A cuantos había abandonado y cuantos habían hecho lo mismo con el. Aprendió a mentirse a si mismo y decirse que era culpa de las otras personas, de las circunstancias. Su indiferencia les heria pero no le importaba lo mas mínimo. Pero lo mas grave es que nunca llegaría a comprender que mientras la vida se le escapaba de las manos tratando de entender lo que le había pasado hacia un minuto, día, año. vivía excluido de la realidad. Alardeaba de de ser un hombre con la capacidad y el don de prevenir el futuro pero la realidad tangible era que las "predicciones" no eran su fuerte, pocas veces acertaba. Las miles de posibilidades que abarcan una situación lo sacaban de quicio y terminaba con incansables dolores de cabeza producto de la migraña que le acompañarían el resto de su vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.