Todos los días que el tiempo me lo permite salgo a pasear, me encanta caminar y ver escaparates, pero sobre todo me gusta el bullicio de la gente; con sus prisas, sus charlas a viva voz, charlas intrascendentes para oídos profanos del tema a discutir. En una esquina estratégica junto a una plaza justo al final de la calle CARIDAD DEL COBRE un mendigo pone su platillo y un paño para sentarse; es un personaje que sin saber porque siempre me llama mucho la atención. Lleva una larga,ajada y descuidada barba. Vestido como un Harapiento y un sempiterno puro colgando de su boca, creo sin lugar a equivocarme que es el mismo veguero que nunca ha llegado a encender. Todas las veces que paso, siempre veo gente alrededor de él. Bien hablan con el o bien lo fotografían como si fuese un mono de feria. El es muy paciente y se deja hacer. Se le nota en la mirada que ya se ha acostumbrado a esa situación y la lleva con entereza. Siempre sonriente escucha a todo el que quiera hablar con él. Cada vez que paso le saludo. El muy educadamente me lo devuelve.
Creo que Algún día me armare de valor y hablare con él; es mas, de hoy no pasa, hablare con él. Me voy acercando y el anciano vagabundo sé ríe entre dientes, tengo la sensación como si pareciese que me estuviera esperando. Abre su gran boca y una hilera de dientes negros producto del tabaco asoman por la misma.
-Buenos días señor; Siempre paso por aquí y le veo tan feliz y sonriente, el viejo asentía cada una de mis palabras con movimientos de cabeza. Yo seguí hablado:
- No comprendo sinceramente como usted un vagabundo siempre esté rodeado de gente, siempre riendo cuando la verdad y la realidad tangible es que no tiene donde caerse muerto y que veo que no tiene absolutamente nada.
-! Como que no tengo nada! tengo el bien mas preciado de una persona; amigos y sobre todo otro anhelo humano; libertad. Como todos los días y de ves en cuando aunque se que te chocará y te sonara a sorna, alguna que otra aventura amorosa- ! Ahora bien, dígame caballero. ¿Que tiene usted?.
Nuestras miradas se cruzaron mientras me formulaba la pregunta, por mi cabeza pasaron como un relámpago mil pensamientos. En mi mente se agolparon situaciones cotidianas, una hipoteca a 30 años, recibos de luz , agua, impuestos, broncas con mis hijos, el trabajo.
Al viejo vagabundo no le hizo falta que le contestara y cuanto menos que le dijera nada. Me miro moviendo la cabeza de un lado a otro y con la mano me dio una palmada en la espalda.
MORALEJA. Cuidado con quién comparas tu vida, muchas personas la felicidad la buscan a su manera y la consiguen a su modo y forma aunque sea con un platillo de pedir limosna y nadie puede ser juez ni censor ante esa situación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.