Yo entiendo que para que un escritor pueda ser feliz debería exponer
historias nunca antes contadas de una forma novedosa. Debería buscar un
continuo devenir de vivencias, personas, personajes históricos,
diccionarios, enciclopedias, sueños ajenos, periódicos, palabras de
otras lenguas, libros, comparativas... Debería indagar, comparar,
investigar, aprender, memorizar; pero sobre todo innovar. Debería
convencer. Todo mi propósito de contador de historias se ha convertido
en algo tan obligado que, aunque propio,
es a la vez tan ajeno, y tan independiente a mi...
Me he convertido en
un sufrido esclavo de lo que comenzó siendo un deseo, pasó a ser una
pasión y devino en una triste y mundana necesidad. Mis ideas ahora son
parches, retales del pasado que uno con hilos prestados. Ahora mi cabeza
está hipotecada. El motivo de tal infame hipoteca es muy sencillo; Mi
musa casi nunca esta a mi lado. Se marcha por ahí con unos y otros y a
mi me deja relegado al astio, sentado delante del teclado mirando
durante horas la pantalla; como esperando que se inunde de palabras ella
sola. Luego ella aparece de repente y me obliga a escribir deprisa
sabedor a base de su desplantes de que nunca se sabe cuando se va a
volver a marchar; me salto puntos, comas, acentos y todo lo que pueda.
Se mezclan letras y se ponen donde no van por que, como en casi todos
los aspectos de mi vida...
Mi musa inspiradora es compartida, no me
estima, me tiene relegado a un segundo o tercer lugar en el mejor de los
casos. Tengo tanta prisa por soltar mis pensamientos que no reviso nada
de lo que escribo y en mi descargo dire que cuando vuelvo a leerme me
empieza un cosquilleo en el estomago que sube y sube y me pone nervioso
ver que faltan cosas, que faltan tildes. Que; como todo lo que hago... Esto también lo quiero hacer deprisa, corriendo y se que no soy
considerado para con quien tiene la deferencia de ponerse a leer algo
mio. Intenté sin exito buscar una musa nueva; una musa fiel o cuanto
menos puntual a su cita pero... ¿ Dónde están las musas? Las de verdad
hace tiempo que se fueron, y no dejaron más que una fina estela plateada
a modo de camino para seguirlas, pero el camino es tan largo, oscuro y
confuso.
Nunca termina, nunca las encuentro, y por el camino, trato de
apañarme con pseudomusas, traficantes de inspiraciónes momentáneas,
que se marchan por la noche sin hacer ruido, mientras duermo, escapando
de mi abrazo eterno, ansioso de poseerlas todas y cada una de ellas para
poder robarles sus pensamientos. No es bueno depender de algo o de
alguien. No es bueno estar esperando a que algo o alguien te de un
empujoncito, sobre todo si en el camino de lo que quieres olvidas cosas o
simplemente haces cosas que a los demás les va a hacer sentirse mal.
Los domingos de mañana son muy solitarios en el dirimir cotidiano
de la calle; salvo la tahona de manufacturados del pan, una tienda de todo a
euro y tres bares, todo esta cerrado. Los night club cierran antes del alba
dejando paso a un nauseabundo olor a orín y vomito en las esquinas aledañas a
ellos; ingentes cantidades de colillas de cigarrillo y algún que otro veguero a
medio fumar plagan de moteados tonos carmesí el suelo del pavés. Salgo a la
calle con la intención de tomar un café y comprar la prensa en una calle
paralela, la del ALMIRANTE DIAZ MOREU. Nunca supe quien sería ese señor hasta
que Luis el del bar me sacó de dudas explicandome que era un héroe de la guerra
de Cuba. De ahí relacioné que mi calle se llamara CARIDAD DEL COBRE.
Nunca
comprendí como en una calle tan larga los urbanistas no hubiesen diseñado
bocacalles para llegar a las paralelas. Había que llegar al final de la
avenida, torcer la manzana y desandar lo avanzado. Cosas atrasadas de un barrio
atrasado. Miro a lo lejos; y lo veo de rodillas con un cartel de cartón con una
leyenda escrita sujetado por los muslos y ya mi imaginación empieza a
divagar... no lo distingo bien, Será uno más; sucio y con barbas de tres
trimestres. Le distingo una chaqueta de cuadritos pequeña y debajo seguramente
una camiseta probablemente de manga corta de un color indescriptible. Apuesto a
que los pantalones mostrarán el lado más indigente de su persona con
innumerables manchas de todo. Los calcetines hace tiempo que seguramente los
dejó de usar, pues la piel mejor llevarla aireada que no tapada.
Pero me voy acercando
y visualizo algo inusual pero a la vez cotidiano. Un señor como empotrado de
rodillas en el suelo como si de una recién caída se tratara, y que no pudiese
levantarse. Un señor afeitado, de mediana edad; con zapatos de cordón fino,
vaqueros impolutos como si la humedad del vapor de la plancha aún pudiese
apreciar, camisa de manga corta a cuadros finos elegante y jovial, algo
apretada por el porte de el, pero casi diría yo, impecable. Eso si, la
descripción de su cara definía la realidad actual, presente, pasada y
probablemente futura; su cara lo describía casi a la perfección como un hombre
de dolor inesperado pero intenso, de frustración cavada en su destino y
aumentada con una vergüenza del qué dirán. La desgarradora mirada clavada en el
perfil de terrazo frío donde clavaba sus rodillas, era dura, durísima. Ese
momento se paró en el tiempo, algo inesperado, un querer y no puedo; mis pasos
inconscientemente hacen que me aleje poco a poco, no quiero perderme en la
distancia; mi mente quiere sentarme con él, levantarle esa cara, que me charle
de los tantos por qués que tendrá en su cabeza, que me diga el culpable de ese
cartel. Querría que en lugar de suelo fuese un banco con patas, para hablar y
reírnos como si de dos amigos del alma se tratase, pero no puedo parar. No soy
capaz de hacerlo; me alejo.
Mi mayor vergüenza hace que tampoco me de la vuelta
para al menos, echarle unas monedillas. Ese cartel; ese trozo de cartón como
otro cualquiera, llevaba una leyenda escrita. Llevaba una vida desgarrada y rota,
una familia desmembrada y a la vez al filo del precipicio. Y no era un
vagabundo más, era un como tú o como yo. Una persona que podría pasar
desapercibida, pero ahí no.... en esa losa no. Seguí; pero ese momento de mi
vida se grabo para siempre. La gente pasaba descuidada al lado suya; algunas y
algunos sin tan siquiera mirarlo, otros como si de una papelera se tratase
mostraban indiferencia. Yo había sido muchos de éstos, pero desde aquel
momento no. Ahora paso delante de un señor o señora y lo/la miro, leo si tengo
que leer, y si puedo en ese momento echar, echo. Ese cartel cambió mi normal
paseo por la calle de la Caridad del Cobre.
Ese cartel decía:
“NO PIDO DINERO,
SÓLO UN TRABAJO CON QUE ALIMENTAR A MI FAMILIA”.
Todas las heridas; tanto las físicas, psíquicas y
amorosas por decir algunas son curables, si te ves sin salida es porque te
falta luz. Abre la puerta de salida a la calle usando tu inteligencia
emocional; ¡Dá salida a la vida.!
Últimamente el lobo está consiguiendo su
objetivo claro, pero he aprendido a no claudicar a sus envites y lejos de ello
me hace sentirme fuerte. También últimamente estoy poniendo en practica muchas
praxis emocionales que voy discerniendo para poder sobrellevar mi vida
cotidiana y no sentirme tan inútil y mermado como es en realidad mi vida a hoy en
día, y a mi modo de ver, me están ayudando a normalizar mi situación, abocada a
un final. Pero… Todo tiene un final y
esto no iba a ser menos.
Llamamos inteligencia emocional a la capacidad de poder
saber gestionar nuestras emociones frente a una serie de situaciones en nuestra
vida diaria, tener la capacidad de empatizar con los demás para conseguir
situaciones fuera de conflicto.Ser reactivos es extremadamente fácil, por eso
la mayoría de las veces reaccionar con enojo y a la defensiva ante cualquier situación
que nos parezca un ataque o un agravio es nuestra primera reacción, pero si nos
paramos un momento a pensar y reflexionar podemos darle la vuelta a la
situación. Muchas veces cuando nos sentimos atacados por palabras o actitudes de
los demás podemos intentar ver las cosas de otra manera, dejar de sentirnos
todo el tiempo contrariados o criticados.
No se trata de ignorar el ataque y
quedarnos con el sabor agridulce que nos deja la impresión de injusticia y
desafio; se trata mas bien de reaccionar de forma que esa cuestión juegue a
nuestro favor en ese momento, es decir no caer en el maniqueísmo de reaccionar
de inmediato al mismo nivel que la critica, si no racionalizar meticulosamente
nuestra respuesta para así poder optimizar los resultados. No es menos cierto
que el primer impulso ante un ataque siempre es defenderse con palabras mas
hirientes y mas fuertes o con hechos mas duros y arrogantes, lo cual nos aboca
inevitablemente a un conflicto mayor.
Lo ideal seria responder de forma empática
y asertiva y a ser posible con una dosis de sentido del humor, eso desarma al
otro interlocutor y zanja la cuestión rápidamente sin tener que lamentar
palabras o actos producto de un falso impulso de defensa. En la medida que somos
capaces de mantener la armonía y buenas intenciones estamos haciendo un espacio
mejor para nosotros y los que nos rodean.Y ¿como aplicamos esto en nuestro día
a día? Sencillamente dejando de interpretar las opiniones de los demás como
algo que va directamente contra nosotros. Deja de rivalizar por todo y en todas
partes y sobre todo intentar no perder tu tiempo en gente que ni te interesan
como personas ni lo que aportan a tu vida.A partir de aquí gestiona tu reacción
inteligentemente.
Intenta cambiar tu rutina para que así el azar y el destino hagan
sus mezclas y cábalas para que tú vida brille a menudo y sólo tenga unos
nubarrones grisáceos de vez en cuando. Porque nunca brillará el sol todos los
días, y eso debemos de tenerlo claro. No es menos cierto que es siempre más
feliz aquél que necesita poco, aquel que sabe disfrutar de los detalles que los
días le regalan, que aunque todo salga o le parezca que va mal, al final es
feliz porque cuando llega a casa tiene lo básico que necesita y a
elegido. Básicamente quiero decir que no nos dejemos llevar por una vida
ostentosa; busquemos el valor de las pequeñas cosas, busquemos la grata
compañía de un libro, una obra de teatro. compartamos con nuestros hijos,
sobrinos o amigos nuestros conocimientos, un café con un ser querido. Esboza en
la comisura de tus labios una sonrisa porque te dedicaste una hora para ti,
para practicar el deporte que te gusta, para sentirte mejor no te limites, no
te excuses en el no tengo tiempo, estoy cansado.
Todo lo que te propongas pese
a la edad que tengas, siempre te puedes sentir joven, la edad es simplemente un
número, una fecha no puede condicionarnos. La vida está llena de momentos y esos
momentos son los que llenan nuestro corazón y los que una vez que lleguemos a
ser ancianos atesoraremos y podremos sonreír como bobos y decir que vida más
buena tuve. El dinero se acabará, la salud se marchitará y la búsqueda de la
belleza no caminará junto a nosotros eternamente, simplemente vive y se feliz.
Y solo podrás hacerlo siendo un inteligente emocional. Es así de simple. La
mayoría de las personas no sabemos o no queremos utilizar la inteligencia
emocional en nuestras relaciones sentimentales. El amor es un estado que navega
entre lo químico y mental y como un cuchillo, hay veces que nos hace heridas
tan profundas que tardan años en curarse. Igualmente; cuando te haces un corte
vas al hospital a que te lo restañen lo más pronto posible. Cuando sufres un
tajo de amor, tu hospital debe ser la calle, los amigos. Quedarse encerrado en
la soledad es igual que pretender curarte las heridas de cuchillo con sal y
vinagre.
Hay es donde mas debe funcionar la inteligencia emocional para que no
lastre nuestra vida presente, porque nos guste o no, los sentimientos nos
dirigen la vida. Unas veces arriban a playas paradisíacas y otras veces a
acantilados abruptos abocado a un pecio seguro. Practica la inteligencia
emocional.
Son consideradas las más peligrosas, ya que son capaces de aparecer con
diversas caras o tranformarse en seres como los vampiros.
“Cuando la criatura, que era ayer orgullo de la madre, pierde color y
fuerzas, languidece y se extingue, es que la meiga xuxona le ha
chupado la sangre.” (de Manuel Murguía)
De la familia de las
meigas o brujas gallegas, la xuxona o chuchona es una especie de vampiro
o bruja que chupa la sangre de los niños, enflaqueciéndolos. A los que
esto les sucede se dice que tienen el “enguenido” o “enganido”, que no
es otra cosa que el raquitismo. Para conjurar este mal, deben juntarse
tres mujeres que se llamen María, y de noche y en un lugar sagrado
deben mantener el siguiente diálogo:
“Toma, María. Ti que me das,
María."
De estas brujas
vampiro, la tradición también decía, a veces, que amparadas en la noche
se transformaban en moscardones para poder sangrar a la gente y al
ganado.
La tradición afirma que una santa gallega, santa Comba,
la santa de las meigas, fue una meiga xuxona, de esas que chupaba la
sangre de los niños, mataba a los viejos y echaba algún que otro mal de
ojo. En el santuario de Santa Comba de Bértola (Pontevedra) se producen
romerías para curar el “meigallo”, una extraña enfermedad que los
gallegos atribuyen a la influencia de espíritus malignos.
La
xuxona encaja dentro de aquellos personajes reales, de carne y hueso,
que la imaginación popular ha transformado en seres horrorosos, de
especto cadavérico y costumbres nefandas. Personas que en su origen
debieron de cometer algún infanticidio y más tarde, con el transcurrir
de los años, fueron consideradas seres femeninos diabólicos.
En
los anales de la Inquisición gallega existe el caso de Dominga da Serra,
mujer labradora y vecina de la encomienda de Viade, que fue acusada
formalmente de ser una meiga xuxona, y condenada a llevar el sambenito
en el auto de fe que se celebro en Santiago de Compostela en el año
1575. Se la acusó de que se bebía la sangre fresca de los recién nacidos
y la utilizaba para preparar potingues y brebajes con los que aplicaba
luego remedios curanderiles a sus pacientes achacosos.
Fuente: http://janonomar.blogspot.com/2011/02/leyendas-de-vampiros-espanoles_10.html
Sin saberlo; pero con el paso del tiempo Alberto se
dio cuenta que era un tipo jodido por la vida. sus continuos cambios de
estados de ánimo sobrepasaban sus límites, días muy nublados en los que
nadie podía atravesarse en su camino. Días en los que se expresaba de
manera gesticulosa demostrando todo su descontento hacia las situaciones
de la vida. Y en cambio; en los días soleados mostraba su cara mas
afable y amable.
Todas las noches; como si de un acto mecánico se
tratase, hacía balance del día transcurrido en la que para su mayor
desgracia solo sumaba continuos fracasos, que aumentaban en el tiempo en
forma exponencial. Le costaba admitir a si mismo que se sentía un
perdedor, aunque raras veces se olvidaba y esos eran sus días de sol.
Perdedor de la vida, perdedor en las relaciones humanas, profesionales, alma perdida y solitaria.
Sabía desde muy pequeño que en la vida no todo era color rosa, que
tendría que acostumbrarse que esas cosas pasasen y tratar de
gambetearlas con el mejor humor. Pero le costaba dios y ayuda enfundarse
una mascara imaginaria.
Durante el dia nunca faltaba el momento
donde se autocriticara asi mismo. Si, él era el especialista en eso;
"Todo me sale mal, para atrás, a medias; esto se va a ir a la mierda, en
cualquier momento estallo". Lo extraño fue que nunca estalló. Siempre
fue el perfecto imán de la desgracia con suerte. Algunas veces conseguía
hacer volar su imaginación; abstraerse del mundo real y de la vida
cotidiana. En esas tardes de vuelo, deseaba nunca aterrizar, quedarse
suspendido en sus sueños sin ser visto por nadie y ejercer cierto
control desde la alturas de su mente. Esa situación le servían para
replantear el significado de sus actitudes; queriendo revertir la
historia de su vida, la del barrio, ciudad o ya puestos a ser
ambicioso... del mundo. Pobre orate, no sabía o no quería entender que
no llegaría nunca a ningún lado. Ya a los amigos les era costoso hacerle
admitir lo bajo que estaba y lo peor que le podía suceder.
Un
psicólogo amigo suyo le explicó un día que habia personas que necesitan
buscar otras personas que transformen su realidad. Personas que vivían
en la falsa creencia que necesitaban ser guiadas por otras; para que les
dijesen qué hacer, como actuar según que momento, lo más adecuado, lo
más divertido, lo más correcto... Que existían personas que se dedicaban
en cuerpo y alma a girar y colorear el mundo de otras. Pero que bajo su
punto de vista el problema de Alberto era que sin duda deseaba con
todas sus fuerzas no tener que estar de alguna manera siendo el punto de
apoyo constante de una relación, haciendose creer asi mismo de que, de
alguna forma era como estar consigo mismos, pero con el doble de
trabajo; tanto psíquico como físico, y que seguramente e
inconcientemente habia llegado a la conclusión de que no necesitaba ese
tipo de amor. No sentia la necesidad de estar con alguien porque así se
lo dictara la vida.
Con el tiempo fue descubriendo poco a poco,
cuantas personas habia desterrado en su vida para intentar seguir con la
suya. A cuantos habia abandonado y cuantos habian hecho lo mismo con
el. Aprendio a mentirse a si mismo y decirse que era culpa de las otras
personas, de las circustancias. Su indiferencia les heria pero no le
importaba lo mas minimo. Pero lo mas grave es que nunca llegaria a
comprender que mientras la vida se le escapaba de las manos tratando de
entender lo que le había pasado hacia un minuto, día, año. Vivía
excluido de la realidad. Alardeaba de de ser un hombre con la capacidad y
el don de prevenir el futuro pero la realidad tangible era que las
"predicciones" no eran su fuerte, pocas veces acertaba. Las miles de
posibilidades que abarcan una situación lo sacaban de quicio y
terminaba con incansables dolores de cabeza que le acompañarían el resto
de su vida.
Un viejo cuento narra cómo un padre luchaba contra la pereza de su hijo pequeño, que no quería nunca madrugar. Un día llegó muy temprano por la mañana, lo despertó y le dijo: “Mira, por haberme levantado temprano he encontrado esta cartera llena de dinero en el camino”. El niño, tapándose, le contestó: “Más madrugó el que la perdió”.
El escritor y humorista argentino Roberto Fontanarrosa tiene una teoría:
“La pereza ha sido el motor de las grandes conquistas del progreso. El que inventó la rueda, por ejemplo, no quería empujar y caminar más. Detrás de casi todos los elementos del confort supongo que ha habido un perezoso astuto, pensando cómo hacer para trabajar menos”.
Pues algo parecido me pasa a mi cuando me siento frente a un teclado y una pantalla en blanco; Esperando letras sueltas que formen palabras, luego frases, parrafos, etc...