jueves, 2 de julio de 2020

LAS POSTALES.



Alguna vez inconscientemente viramos el cuello hacia atrás no sin sentir un desagradable y agudo dolor, todo ello consecuencia de un pescuezo endurecido por el paso del tiempo mirando siempre hacia delante. y yo me pregunto a mi mismo: ¿Tendrán beneficios los girasoles que todo el tiempo van rotando para ver la luz?
¿Alguna vez nos preguntamos sobre lo que hicimos y cómo llegamos a donde estamos parados?. 
Sentimos bajo los pies el suelo, cesped, cemento, baldosas, arena de la playa, adoquines u hojas ; tenemos ante nuestros ojos el sol, la luna y estrellas, una noche cerrada, un día nublado, ventoso, con lluvia, húmedo, seco, con nieve… nos ubicamos donde estamos; montaña, playa, valle, desierto, una ciudad. Puede ocurrir que no sea el paisaje que esperábamos y lo contrario, podemos sorprendernos de haber llegado ahí. Pero siempre obviamos que también están las pisadas a nuestra espalda: a lo lejos divisamos el primer paisaje, pequeño, casi nimio como una foto; aunque yo me atrevería a decir que es como una postal, se ven sólo algunos aspectos de lo que realmente era.

Posamos la mirada detenidamente y observamos la imagen, la vista se pierde en ese horizonte ancho y transversal del tiempo, ahí la magia y la verdad. ¿Es la magia algo distinto que ignorar la verdad?
Lo desconocido es un autentico misterio; frente a él no somos más que ciegos buscando a tientas elementos para asirnos y mantenernos en pie. El misterio son esas figuras chinescas en una pared recién blanqueada. 
Y el tiempo… “las cosas tienen movimiento”: devienen. ¿Acaso el río nunca es el mismo como nosotros?, el río nos desconoce y nosotros creemos conocerlo. De ahí que el río sea sincero y nosotros no. La postal no abandona su pretensión de realidad, se extiende y la extendemos (¿creemos en el punto in extenso?) y la forzamos porque en definitiva era sólo eso y nada más: una postal.

Miramos la imagen que descubre colores y formas. Nosotros somos descubiertos por la imagen que irremediablemente nos retrata y nos vemos. Si se observa con detenimiento, podemos ver nuestras diferencias saltando a la vista. Somos iguales a lo que éramos y somos absolutamente distintos: nos reconocemos, somos nosotros y nos desconocemos porque éramos.
Miramos la imagen… Pero al final era sólo una postal.

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