jueves, 16 de julio de 2020

UN GUIÑO A KAFKA.

La mía es una extraña historia, con un trágico final. Podrá parecer cómica e irreal, pero os aseguro que no es ninguna tontería. Eso hubiera deseado yo, o el desdichado de mi ser. No hay nada mejor que ser normal, os lo aseguro. De haber sido así, no recaería en mi tan gran responsabilidad. Todo empezó un esplendoroso día de Julio. Yo acababa de comenzar mis tan ansiadas y merecidas vacaciones, en mi pueblo de nacimiento, Motril. 

Yacía tumbado en el sofá de mi piso, bueno, del piso de mi hijo y de su novia. Tenía a mi disposición todo el tiempo del mundo, así que lo aprovechaba mirando las basuras televisivas que desprendía el televisor. En ese mismo momento, seguramente mi hijo y mi futura nuera estarían plantando las tiendas de campaña en un rinconcito silvestre, en medio de la montaña, porqué se habían ido de acampada con unos amigos con el simple objetivo de vivir al máximo su juventud. Como ya habréis supuesto, yo, carente de mujer al ser separado y sin visión de una futura novia, me había quedado en el piso con el convencimiento de estar aislado del resto de la sociedad. Pero no, no os engañéis. Esto no era ningún castigo ni sacrificio para mí. Más bien al contrario. 

Pudiéndome considerar un marginado social y una persona con una personalidad sumisa y subordinada a las demás, sin el menor signo de iniciativa propia ni movimiento neuronal, me complacía viéndome con el piso para mí solo. Con esto era feliz, ya que me provocaba una sensación de gran poderío y superioridad a los ausentes. Una especie de hipocresía inconsciente, un auto engaño a mi propia conciencia. Sin ninguna intención de dejar permanentemente de ver la televisión, sentí una necesidad imperiosa de ir al lavabo. Cuando ya había resuelto mis necesidades, miré de reojo al espejo, y entonces noté algo fuera de lo normal en mi cara. Por eso la giré por completo para observar detenidamente mi rostro. No era nada alarmante, pero nunca me había percatado de la forma tan asimétrica de mis orejas. 

La izquierda era un poco más grande que la derecha. Regresé a la comodidad del sofá y seguí viendo la televisión. Poco después noté que la cabeza se me desplomaba involuntariamente hacia la izquierda, como si el peso de esta estuviera muy descompensado. Volví al espejo y para mi sorpresa contemplé una colosal oreja izquierda que según me parecía, había triplicado su tamaño natural. Me empecé a sentir enfermo, regresé al sofá ya con evidentes signos de nerviosismo, llevando conmigo un espejo de mano de mi nuera.No sabía cómo reaccionar, que hacer. Ahora ya era claramente perceptible el progresivo crecimiento. 

Me pregunté como era posible, de donde provenía esa materia que hacía engrandecer mi oreja, pero enseguida descubrí su origen. Venía de mi propio cuerpo, que se había encogido notablemente. Los zapatos me bailaban en los pies como si hubiesen encogido cinco números de talla. Fue entonces que estallé a llorar con un llanto agónico y patético, pero que no frenó en absoluto el proceso. La oreja, en pocas horas había alcanzado el diámetro de la puerta de un coche, mientras que mi cuerpo se había reducido a más de la mitad de mi complexión física. En este momento de desesperación, el crecimiento cesó, y empecé a experimentar un cambio hormonal, o eso creo yo, porque comencé a sentir sensaciones nunca vividas, como si la sangre se desplazara a presión por las venas. No comprendía lo que estaba sucediendo. 

Tan solo me autoanimaba pensando en la idea de que todo era un sueño, o que era normal, que le pasaba a toda la gente llegada a cierta edad. De repente, la oreja empezó a plegarse sobre mi cuerpo, muy lentamente, mientras mi cerebro segregaba unas extrañas sustancias antidepresivas, tranquilizadoras y sedantes. Cuando ya me había cubierto por completo y solo se veía la luz rojiza que se filtraba a través del tejido translúcido de la oreja, por fin comprendí lo que estaba sucediendo. Había alcanzado la fase crisálida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.