miércoles, 20 de octubre de 2021

COLUMPIOS.

 

Ya cada vez mas se retuercen de dolor cada una de mis articulaciones. Con el paso del tiempo se han ido oxidando y me han dejado postrado aquí, olvidado. Pero es que duro enfrentarse a las inclemencias del tiempo, cuando la nieve y la lluvia te empapan sin apenas poder secarte; cuando el calor agonizante de verano te quema en lo más hondo. Y creo que nunca se escapó de mi una sola queja. Así me lo agradecen, relegándome, dejándome sucumbir. Nadie se ha preocupado de curarme, aliviar cada uno de mis gritos cada vez que me movía. Ciertamente el tiempo se me llevará solo.

Es extraño; uno se da cuenta de que llega a viejo cuando empieza a recordar tiempos mejores. Aquellos en los que una multitud de niños y niñas de diversas edades venían pugnando por ser los primeros, por dejarse mecer como sólo yo sabía. Pero ese tiempo ya pasó. Ahora estoy relegado a ser un mero espectador, esperando el día en que sin más, vengan a buscarme. Ciertamente no creo que reserven para mi una tumba, así que bueno, que me desmonten no será tan malo. Tantas horas en este parque. La fuente aún sigue ahí, jugando a mojar a todos cuando un dedo la saluda. 

El banco, este banco que siempre está tan observador, lleno de padres, abuelas, madres, parejas que descubren eso de la primavera. En fin, mira que al final echaré de menos este césped mal cuidado, los tres árboles y como no, sus palomas y hermosas cagadas. Es gracioso que ahora añore esto. Alguien se acerca. Bueno, quien sabe, puede que esta sea nuestro último viaje joven, así que, reservaré el dolor de mis engranajes para una mejor vida. Ahora, despeguemos...
El chirrido de la cadena se hacía audible a lo lejos. Iba y venía. Pero esta vez, más que un grito de dolor, parecían las notas de alguna canción. A más se agrandaba la sonrisa del muchacho, más se estiraba el canto chirrioso.

Aquel fue uno de los últimos viajes que el columpio dio. Un mes de marzo fue desmontado. Nadie lloró su ausencia, los niños y niñas del lugar apenas lo echaron en falta. Sin embargo, a muchos de los jóvenes del lugar, unos cuantos adultos que paseaban con sus pipas por aquel parque, sintieron como si hubieran enterrado su niñez aquel día. Otro columpio moría ante la mirada desinteresada de los más pequeños...

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