Me preguntaba si realmente soy insensible... Las tormentas me estremecieron y quise convertirme en cuero para soportar las aguas venideras, como si el arranque de supervivencia me hiciera alcanzar el deseo de eternidad. Y cuando ya el tiempo perdido me llevaba a la desesperación, cuando mis pasos aún dudaban en la ignorancia o en la ingenuidad, causa del dolor, he decidido dar entrada al otoño en mi vida, comenzar otra edad, porque mi resistencia ha ido mermando a cada golpe de tiempo y mi ilusión se ha ido perdíendo cada atardecer, que cada vez preludiaba una noche más larga en mi lar. Me llegaron los vientos, aires y desaires, cielos oscuros, lunas escondidas, árboles desnudos, algún hielo y alguna bruma.
Ya me cansa mi soledad, soledad de sabio y fiel amigo, vuelvo a la carga de la tarea impuesta, dolor ante la exaltación o placebo para la grandeza. Me vuelve a vencer el otoño con armas de carcoma en forma de píldoras contra lo más profundo de mis entrañas, pero aún tengo intacta la esperanza de encontrarme un aliento de vida en mi corazón frente a las puertas del infierno.
¡ Por los hados! Que pereza me da volver a enfundarme la cota de malla y la mascara y ser telonero de este show; y si toca velar armas en noches de insonnia me haré complice de Don Alonso Quijano. Pero luego lo entiendo; Todo en la vida tiene un porque y a golpes no podemos encajar las piezas, simplemente dejarse llevar. Pienso que escribir es algo parecido. Es un espejo donde intentas ver esas cosas importantes que definen el todo, para, diciendo lo mínimo, decirlo todo. Las palabras escritas son los trazos que describen nitidamente la cara de la vida. Si acertamos, nuestra mirada brilla al verse en ese espejo, pero si nos equivocamos siempre esperamos arrancar, como poco, una sonrisa.
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