viernes, 2 de febrero de 2024

TACOS A "CASCOPORRO".

No podemos ir por la calle con cara de mustios perdona vidas. Si a los avatares diarios no le echamos un poco de humor, nos vamos a volver majaretas o seremos unos muermos insufribles. Yo en eso estoy muy de acuerdo, pero convendréis conmigo que hay muchas clases de humor porque el humor grueso es como las lonchas de jamón gordas… nada que ver ni es lo mismo que el humor elegante y finolis. 

Decir por ejemplo: “añoro y ansío perderme entre tus pechos de diosa y enloquecer besando tus muslos bronceados por mil soles y aireados por cien brisas”, puede ser una cursilada y horterada imperdonable, pero decir “añoro perderme entre tus domingas de categoría y chupetear tu muslamen renegrío por mil solaneras y oreadas por el viento” es una grosería que, si no la concibes en clave de humor, coges por los pelos al poeta plumillas y lo arrastras por un lecho de ortigas hasta que pida perdón o se haga el harakiri con un palillo de un pincho moruno.

Y luego está lo de los tacos. Los tacos, normalmente no son insultos, ni afirmaciones, como decía aquél, los tacos son exabruptos exclamativos de calibre diverso. Los tacos son de distinta categoría, los hay regionales (“¡Carallo!”), de sorpresa, castizos, comprimidos (“mecagüen”), indescifrables (“ahí va dios, pues”) y un largo etcétera. Hay pa tós como en botica.

Yo soy relativamente malhablado por una mera cuestión genética, pero me molesta la proliferación descontrolada de tacos en la tele, por ejemplo. Porque no me parece bien, qué queréis que os diga. Luego, te viene un nieto y te suelta un taco como una catedral y ya sabes de donde viene. Quizá tenga que ver con la baja calidad de muchos programas supuestamente infantiles, que muchos de ellos parecen sacados de un basurero a la espera de pasar la ITV en una planta de reciclaje. Lenguas no sólo viperinas, bífidas, sino lenguas candidatas a un lavado con Zotal al 70%. Mi vecina que era borde, gruñona y malaleche decía que me iba a lavar la lengua con estropajo y lejía cada vez que me oía hablar, habráse visto. Ahora a las vecinas como la que yo tenía siendo un chinorri, las contratan en Tele Cinco para que se despachen a gusto. Quiero pensar que es una teatralización  de la incultura y la maledicencia para consumo de petardos y petardas. Desde luego los “manuales de estilo” de muchos medios de comunicación se cubren de gloria.

Sin embargo, echo en falta la irrupción de nuevos tacos y palabrotas para seguir en cabeza del ranking mundial de malhablaos de raza ibérica. ¿Dónde quedó el calificativo “señoritingo”? ¿Ahora decimos “pijo”? Ese tío es un “estirao” y ahora decimos: “a ese tío parece que le hayan metido una escoba por el culo, empezando  por el mocho?” Menuda vulgaridad. De todas formas, no me negareis que los tacos son una terapia y una catarsis bien barata y los malos humores, que decían los antiguos, te salen a borbotones y te quedas más a gusto que un arbusto, que diría mi amigo " el tenazas". Tras una retahíla de insultos ¿Cuántas veces hemos dicho “joer, que a gusto me he quedao”?

Ahora bien: Luego están las palabras y frases del acervo cultural de los 70/80 que caen en el olvido sin misericordia ni respeto: guateque, maleducao, haiga, cuchipanda, anisete, meter mano (en su doble acepción) , "ballenas" de la camisa, sostén de cazoleta, pilingui, pollopera, calzas, cheli, katiuskas, “aquí no, que nos puede ver alguien”, arrimao, agarrao, “si me sigues tocando el culo llamo a mi madre y a mis hermanos" y mil más que se os ocurrirán soltando una lagrimita nostálgica (a mí me pasa cuando rememoro los cangrejos de río con tomate picante del Bar La Góndola en Guadalajara, comida tres estrellas y gloria bendita).

En definitiva: Tacos a porrillo, sin equívocos, (ese fulano es un hacker, ¿Eso qué es, un piropo o un insulto?).Se buscan palabrotas ibéricas para sustituir los piropos políticamente incorrectos y que sirvan de catarsis a la peña, ¿la peña?, ¿Qué peña?



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