jueves, 10 de octubre de 2024

LA MUERTE A LA CARTA.

Decía  el escritor y filósofo Francés Montaigne que no había que preocuparse por la muerte:  "Si no sabes cómo morir, no temas: la naturaleza te dirá qué hacer en el momento, de manera plena y suficiente. Ella hará ese trabajo para ti a la perfección, así que no te preocupes por eso".

La única realidad es que nos vamos a morir y al final de nuestros días, solo contará aquello que nos permitimos aprender y disfrutar. Hay quienes mueren habiendo sido toda su vida "las buenas, sufridas y abnegadas personas", que vivieron siempre para los demás enarbolando sus altos principios morales que les impidieron en todo momento desobedecer las normas sociales. 

Hay quienes mueren llegando al final, con su vida hecha pedazos, gastada de tanto usarla a su favor.  Están también aquellos que jamás entendieron ni por asomo de lo que trataba este asunto llamado vida y quienes eligieron irse antes. En la mayoría de los casos, no podemos elegir la forma, ni las condiciones para morir, sin embargo, si puedes elegir como vivir. La vida se va cuando a ella la da la gana. No va a esperar a que a ti te venga bien para empezar a disfrutarla. Olvídate del lunes, del uno de enero, de cuando te jubiles…

Escribía Roberto Gavaldón que "Cuando nacemos, ya traemos la muerte escondida, en el hígado o en el estómago o acá, en el corazón, que algún día va a pararse. También puede estar fuera sentada en algún árbol que todavía no crece pero que te va a caer encima cuando seas viejo..."

Gastamos más energía en evitar la muerte que en disfrutar la vida. Deberíamos aprender que nada enferma y mata tanto en vida como renunciar al presente.  Si abrazamos la vida y la muerte, tal como el amor, seguramente te encontrará sin más drama ni sufrimiento, sin que tengas que huir de ella, sin que te tenga que buscar; simplemente en algún punto, ambos coincidirán.

Tenemos que disfrutar lo que cultivamos, incluyendo los bienes y placeres, sin embargo, deberíamos vivir con un cierto desapego de las personas y de las cosas materiales, sabiendo que contigo o sin ti, el mundo seguirá; vive con un poco de desapego y la angustia cesará. Vida y muerte son ambas una bendición.

Mi respeto y admiración para quienes se van de este mundo sin haberse quedado con las ganas de hacer lo que les dio su gana. Pero lo que si debemos es ser capaces de mirar a la cara a la muerte, en vez de esconder la cabeza debajo del ala. Conocer aquello a lo que nos enfrentamos no hace que el combate sea menos duro, pero sí que estemos preparados para librarlo.

Pero la realidad es que al fin y al cabo no somos más que materia. Polvo somos y en polvo nos convertiremos cuando los dulces labios de la muerte nos besen con desgarradora alevosía y pasión. ¿Porqué buscar más?


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