viernes, 18 de octubre de 2024

TRIBU...laciones.

Te das cuenta de que eres joven cuando una tarde vas en el bus y miras alrededor y la mayor parte de la gente que te rodea es más mayor que tú. Hay otro momento en el que vas una tarde en el bus y miras alrededor y la mayor parte de la gente que te rodea es más joven que tú y entonces te das cuenta de que hace ya tiempo que estás dejando de ser joven.

Entremedias, la vida que transcurre como siempre a su inaplazable ritmo. Poetas de garito nocturno, eruditos de litro de cerveza y tertulia de lengua floja; Macarras de ceñido pantalón, pandilleros tatuados y suburbiales. Hijos de la derrota y el alcohol, sobrinos del dolor, primos hermanos de la necesidad; Como bien los describía el "Profeta del Vicio" Sabina.  

Esa tribu urbana especial que rara vez se ve ya en nuestra fauna callejera por la que parece haberse detenido el tiempo. Los mismos que, en muchas ocasiones, ni vemos o evitamos. Sí, a esos que tanto han cantado Sabina, Pulgarcito o Asfalto. Princesas y poetas destronados a los que, en algún momento, la vida parece haberles dado el ultimo cartucho de oportunidad vital.

Todavía, para mi satisfacción, se juntan en grupos que se mezclan entre ellos según el día, la hora o el bebercio. Y los hay de todos los pelajes, de cerca o de lejos, antiguas diosas de barra o pijos a los que se le fue la mano con la coca y las noches infinitas. Un clan con tufo anárquico que comparte entre ellos filosofía de litro y ese cigarro de la risa que pronto se consume y que les da ese estatus de cuadrilla caduca.

De esa gente que de mañana están entre ellos a una y al caer la noche quizás afilen sus dardos de verbo etílico para batirse en un duelo de final incierto. Algo muy de antaño. Hoy los he visto cerca del parque de los pueblos de América en Motril. Sentados tranquilamente; esos que antes quemaban las noches y los bares, que lugares, y que ahora los vigilan tras las gafas de sol que ocultan resacas o añoranzas.

Una tribu original, sin filtro, donde el todo o la nada se limita muchas veces a una sonrisa o a la birra compartida y cuyo final, intuyo, es el recuerdo de esos tiempos y lugares donde todos fueron felices antes de que la vida se torciese para cada uno de ellos. He Compartido una conversación fugaz y casual, conversar trivialidades hace mucho por el acercamiento, sin poder evitar en ellos la duda de si era un secreta o un tipo aburrido con ganas de conversar. En sus rostros y frases, he vuelto a ver a esa gente lista, nostálgica y con mucho pasado que contar, que volvían a ser aquellas chicas de ayer, guapas y valientes y a esos muchachos locos y rebeldes con los que algún día del pasado compartimos barra o quizás, mucho más que eso.

Mi generación por suerte crecimos en libertad. Tiempos donde observabas tribus urbanas que rompían, en modo de vestir, en forma de peinarse, cualquier encorsetamiento que hoy, controlado por el poder, te catalogan como innovador. Fumábamos en los bares y bebíamos en las calles. Había fachas y rojos que bailaban juntos " Las tetas de mi novia ", " Más vale ser punki que maricón de playa " o " Qué difícil es hacer el amor en un Simca 1000 ". Nadie se ofendía porque éramos libres, tanto como para no meterse nadie con nadie.

Eran tiempos de ilusión, de sentirte más cercano al tiempo que nos tocó vivir. Podíamos ir en la noche a cualquier garito y que la mañana nos abofetease el rostro al salir. Después, cuando esas noches de farra acabaron afectando nuestras articulaciones y las resacas eran más duraderas que una feria sin cuartos. Luego ya comprendimos que solo con la dignidad del trabajo podríamos cumplir con la ancestral misión de que la sociedad continúe su giro al sol y que nuestros hijos disfruten y cumplan su papel para el que han venido a este valle de lágrimas.

Hoy, presto a cumplir la raya que traza la sesentena, no tengo motivos para el optimismo. Hemos perdido la " Libertad " que cantaba Miguel Bosé, no recordamos que significaba el " Agapimú " de Ana Belén ni realizaremos el " Camino Soria " de Gabinete. Ya no somos el "Club del alcohol " de Danza Invisible ni tomaremos las uvas en la Puerta del Sol al ritmo de Mecano.

Todo esto lo almacenaremos en nuestro baúl de los recuerdos y añoraremos aquella libertad que nos hizo soñar con ser mejores. Y no, en nuestro debe tendrá que constar que no hemos sabido dejar un mundo mejor a nuestros hijos como nuestros padres hicieron con nosotros.

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