"Avienta rosas al abismo y di: aquí están mis gracias al monstruo que no logró tragarme vivo".
-Wilhelm Friedrich Nietzsche.
Aunque haya caído la noche, la luna me muestra el camino y olvidándome de las pocas gotas de agua que queda en mi cantimplora, prosigo.Y ando y ando. Está amaneciendo. Esos colores rojizos son preciosos. El embargo y el vacío que le produjo verse ante aquel extenso espacio árido y yermo, no recordaba haberlo sentido jamás. Ante el inicio de un desapacible escenario donde había sido abandonado por un " coyote" mexicano, a pesar de haber emprendido el viaje a voluntad, inerme y huérfano, abrigando su escuálido cuerpo, por primera vez, el miedo más aterrador del ser humano: la soledad.
Mentalmente recordó los extraordinarios acontecimientos que lo habían llevado hasta el borde de aquel páramo, donde ahora el miedo absorbía por completo ese momento, y una triste reflexión se apoderó de él: -¿qué habré hecho mal para terminar ante esta estéril escena que se abre ante mí?
Con dos únicos objetos, bajo una luz radiante y plomiza; una cantimplora amarrada a su cinturón que ya solo soportaba el peso de ella en si, sin líquido elemento en su interior y un báculo, un bastón donde apoyar sus desvanecimientos presentes y futuros, el único ente además de su propio cuerpo que emitirá sombra en aquella planicie recóndita a partir de ese instante. Y le pareció, de improviso, titánica.
Cuatro puntos cardinales, y tan sólo uno para elegir. Hacia delante, hacia el norte, en busca de lo tan deseado desde su más tierna infancia y que ahora paralizaba sus pies y secaba su garganta. Con su inmutable mirada, dirigió su vista hasta el horizonte de la blanquecina explanada, confirmando que de adentrarse en ella ya no cabría la posibilidad de volverse atrás, nunca, hasta llegar al final de su travesía. Sabía que aún no viendo nada ante él que le pudiera retener por más tiempo, se encontraría con numerosas situaciones que dificultarán su avance y que su mente sería su mejor arma para aplacar cuantos demonios quisieran desviarlo de su camino.
Tan sólo como ocurren en lugares solitarios como éste, comenzó a escuchar su voz interior. La única que lo alentará en sus primeros pasos, levantará cuando desfallezca y que le recibirá cuando acabe éste enigmático viaje. Esa misma voz que no le dejará cerrar sus ojos, sólo dormitar a ratos, con el sublime y fiel propósito de no dejarle abandonar su objetivo deseado.
Mis amigos tenían razón. Ya me avisaron que era una locura solo lograda por unos pocos. Cruzar a pie la frontera sur de Estados Unidos hacia los condados de Pima y Santa Cruz, en Arizona, a través del desierto de Sonora. Ya me advirtieron que se trata de una ruta traicionera a través del desierto, sin refugio ni servicios básicos, y a varias horas del hospital más cercano. Pero no importa, enseguida voy a llegar y va a haber mucha agua. Una fuente preciosa e inagotable.
Me caigo. No puedo más, sol, claridad, calor, sed. Creo que me voy a quedar aquí a descansar ¿Ya dudo hasta de quién soy? Polvo, calor con la lengua pegada al paladar; El sudor de su frente y el nerviosismo de sus manos, al empuñar con fuerza el cálido apoyo de la única herramienta con la contará en su futuro presente, le recuerdan nuevamente que está aquí por propia voluntad.
Y la hora ha llegado. Con un simple paso, que esculpe con firmeza en el áspero territorio en el que acaba de adentrarse, en ese otro desierto, ese desierto que le está jugando una mala pasada a su mente y por ende a su raciocinio, En algún momento está consciente de lo que realmente quiere, siente, dice y hace, pero luego, justo un segundo después se da cuenta que donde esta no es donde quiere, lo que siente, no es real, lo que dice, no lo entiende y lo que hace, no le gusta, no le gusta saber que las cosas no son como quiere, pero es sabedor que no puede guardar nada, ni tan siquiera fuerzas para la vuelta. Porque no hay vuelta. Este es un viaje solo de ida. Comienza a escribir lo que ya será su leyenda.
📷 Según mediciones recientes a nivel de suelo, el desierto de Sonora en México compite en la lista de los lugares más calientes del mundo, junto con el Valle de la Muerte en California, el Sahara en África y el desierto de Lut en Irán. Con una temperatura récord de 56,7ºC registrada en el año 1913.

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