domingo, 27 de marzo de 2022

EL FLAUTISTA DE HAMELIN.


Cuando los hermanos Grimm comenzaron a recopilar cuentos y tradiciones centroeuropeas, muchas de ellas, en realidad, estaban basadas lejanamente en sucesos reales, que habían acontecido siglos atrás. Uno de sus relatos más famosos, y que todos conocemos, es El Flautista de Hamelin -ya sabéis, el del pueblo lleno de ratas que contrata a un flautista para que se las lleve-. Pero lo realmente curioso es que esta historia tan fantástica tiene un origen real.

La ciudad de Hamelin en Alemania, conmemoró hace poco el 725 aniversario de este macabro evento que los Grimm anotaron en 1812, es decir, 520 años desde que ocurriera. No es de extrañar que se hubiera convertido en una leyenda llena de elementos sobrenaturales y fantásticos. Además de un festival muy colorido, y un montón de recuerdos baratos, la ciudad no puede olvidar lo que pasó.

Existe una casa, la de las ratas o “casa del flautista”, donde se puede leer que “En el año 1284, un 26 junio, el día de los santos Juan y Pablo, 130 niños fueron seducidos por un flautista, vestido con muchos colores, y luego desaparecieron en el calvario cerca del koppen”.

Fue un suceso que dejó huella. La última calle por donde se vio a los niños pasar es la Bungelosenstrasse, la calle sin tambores. Todavía hoy está prohibido tocar música o bailar en esa calle. La tradición oral preservo la historia y los Grimm le dieron forma para siempre.

Es en esa versión donde aparece la invasión de las ratas en el pueblo, que motiva la contratación del flautista, que al principio parece un héroe. Pero cuando se niegan a pagarle por librarles de la plaga, decide hacer lo mismo con los niños del pueblo, que se lleva a un lugar desconocido. En las versiones más edulcoradas, el alcalde le pide perdón y le paga lo adeudado, logrando la devolución de los niños.

Esta historia es extraña dentro del mundo de los cuentos de hadas porque en realidad el monstruo, o el enemigo, no es vencido a través de ninguna virtud, y el castigo en sí es desproporcionado con respecto a la ofensa. Es con la aparición de la nueva recompensa que este relato cobra más entidad y señala temas como la avaricia, la integridad y el compromiso.

Todo esto viene determinado por el origen real de la historia, que se puede rastrear hasta una nota en un manuscrito de 1370, el Catena Aurea, que hace referencia a otro escrito, el Lünegburg, sobre los hechos de 1284. Por desgracia, no quedan fuentes originales, aunque el demonólogo e investigador alemán del siglo XVI Johann Weyer habla de estos hechos en 1577 en su libro Ilusiones del Diablo.

La Iglesia del Mercado en Hamelin tenía una ventana decorada datada a principios del siglo XIV, en el que se representa a un extraño vestido con vivos colores llevándose a un grupo de niños vestidos de blanco. La ventana fue destruida en 1660, pero una acuarela de 1592 todavía se conserva, mostrando incluso detalles geográficos que aparecen en la leyenda.

Una de las explicaciones más plausibles a esta leyenda es que el flautista fuera una alegoría de la peste negra, que arrasó la Europa medieval sin misericordia. En los siglos XII y XIII, la muerte era representada como un esqueleto vestido con alegres colores. Quizá el flautista fuera la muerte al frente de un ejército de ratas, el gran vector de la peste. Si un verano murieron 130 niños debido a la peste negra, seguro que fue un impacto difícil de llevar para un pueblo como Hamelin.

Otra historia que podría ser cierta es la de que los niños fueran captados para acudir a Tierra Santa, durante la famosa Cruzada de los Niños, que se dio en 1212. Aunque ahora se cuestiona la veracidad completa de la historia, hubo predicadores que recorrieron la Alemania del siglo XIII afirmando que sólo la pureza de los niños podría conquistar Tierra Santa. De ahí la posibilidad de que tuviera algo que ver con esta desaparición.

GOOGLEANDO.

sábado, 26 de marzo de 2022

LLOVÍA.

Llovía a cantaros la tarde en que se cerró de un portazo para siempre la puerta que vinculaba nuestras vidas. ¡Vaya si torrenciaba! El incesante y a la vez acompasado martilleo de las gotas al morir sobre el asfalto provocaba un rumor sordo que se superponía sobre cualquier otro sonido hasta llegar a ahogárlo. Aún retumba en mis oídos ese estruendoso sonido grabado dentro de mi cerebro. De hecho; el recuerdo de ese día, de ella y la lluvia han estado desde entonces plenamente implantados en mi mente, hasta llegar al punto que cuando veo o escucho llover, lo asocio a ella, a su marcha; y su recuerdo aparece de este modo enmarcado en un paisaje lluvioso. Esa es la causa de que la lluvia me entristezca sobremanera.
Me resulta un dejavu inevitable y muy dificil de guardarlo en el cajon de sastre en que hace mucho se convirtió mi mente saturada de recuerdos.

La lluvia ha sido, desde que se marchó ella mi reclamo para la melancolía; un transmisor que me oprime el alma con su humedad rebosante de añoranzas. Poco importa que fuese consciente de que, tarde o temprano, ella tendría que marcharse; que nuestra relación estaba abocada a un final traumático, a la ruptura definitiva, al adiós sin posibilidad alguna de redención ni marcha atrás. Eso daba en el fondo igual. Dolió de igual forma. ¡Y cómo dolió! ¡Y cómo sigue doliendo! Su marcha me dejó resquebrajado el corazón, como si sobre él hubiese pasado un rastrillo de penetrantes púas. Sentí que me lo arrancaban. Y así sucedió en cierto modo, porque mi corazón se fue en realidad con ella, dejando en mi interior un vacío que seguramente nadie podrá volver a llenar.

Ella se fue sin mirar atrás. ¿Para qué iba a hacerlo? ¿Para sufrir más? ¿Para que ambos sufriésemos más? Era mejor así, abrir la puerta e irse sin adioses, sabedores de que habíamos vivido algo mágico e imperecedero, una experiencia única, apoteósica, sublime, pero que la aventura tocaba a su fin, irremediablemente, y no merecía la pena salpicarla de duelos y llantos, por más que no hubiese forma humana de evitar que estos se desparramaran por dentro.
Lágrimas internas y ácidas como el vitriolo; de esas derramé muchas, sí, interminables riachuelos que anegaron mis entrañas e inocularon en ellas el sempiterno virus del que se alimenta la nostalgia. Pero por fuera no lloré, ninguna lágrima bañó mis mejillas cuando ella se dio la vuelta para definitivamente alejarse de mi lado; tan solo la lluvia, inmutable, persistente, fría, empapó mi piel. Por eso me resultan tristes desde entonces los días de lluvia, no en vano me hacen revivir el sombrío momento de su marcha… Aunque al propio tiempo y en yuxtaposición también me agradan, porque en cierto modo me traen su propio recuerdo, el recuerdo de su olor a madera recién cortada, del sabor salado de su piel, de la humedad de su boca.
Y así, cada vez que llueve me quedo embebecido mirando el agua caer y escuchando su amortiguado sonido al morir sobre la tierra, y entonces se me desboca la nostalgia y cientos de recuerdos se revelan sobre mí, recuerdos que hieren, porque incluso los recuerdos alegres hieren, porque al fin y al cabo evocan momentos que ya no volveré a repetir. Recuerdo el brillo verde de sus ojos, su piel blanca como la luna, su risa de terciopelo. ¡La recuerdo tanto! Y su recuerdo me hace llorar, llorar por dentro, lágrimas ácidas, las que más afligen… lágrimas ácidas como el vitriolo.


viernes, 25 de marzo de 2022

BRUCE SPRINGTEEN.

Hay cuestiones y preguntas que se responden antes de ser planteadas, pues al final ya sabemos que todas nuestras preocupaciones y dudas humanas vienen siendo, más o menos, siempre las mismas desde que el mundo es mundo y el animal racional que es el ser humano adquiere la capacidad para preguntarse cosas.
 
Por ejemplo, alguien gritó una vez:
- ¡Todo es vanidad!
Y, siglos antes, un tal Lucrecio le estaba respondiendo a su colega del futuro sin saberlo:
- Es injustificado el temor a la muerte.
Lo que Lucrecio le estaba aclarando a los futuros habitantes de la tierra era que no se preocupasen demasiado porque la muerte era el fin de toda angustia y también de toda vanidad humana.
El descanso eterno.
La vanidad viene siendo para la autoestima como la bollería industrial: entra muy bien, genera adicción, nos gusta, pero al final son calorías vacías que no nutren y solamente nos, si abusamos de estas calorías vacías, engordan y deforman ante nosotros mismos y ante los espejos que nos reflejan.
La humildad, en cambio, mantenida en el tiempo, nos nutre, nos aporta una energía limpia y refuerza nuestro sistema autoestimológico (palabro que me acabo, como hacía Cela, de inventar).
La vanidad son los ultraprocesados, los azúcares y las calorías vacías.
 
La humildad son esos nutrientes que hacen que nos respetemos a nosotros mismos y a los demás.
Y cuando pienso en alguien grande y humilde dentro de los parámetros de la música como arte, siempre pienso en ese obrero que es Bruce Springsteen ( mi debilidad por el me supera) recorriendo todos los ángulos de cada estadio en el que toca para ver cómo suena todo, subiendo a la gente a cantar con él con todo el respeto del mundo y cómo esa su ausencia de presuntuosidad es la representación perfecta de ese músico humilde, antes que estrella. Es la importancia de las miradas limpias.
Y es esa forma de afrontar la humildad y de desactivar la vanidad lo que, a fin de cuentas, los convierte en unas verdaderas estrellas dentro de su arte.

jueves, 24 de marzo de 2022

MUJERES.

Cuantas veces he oído en muchas conversaciones en reuniones informales entre amigos hablando de todo un poco y de nada un mucho decir que desearían una mujer inteligente en sus vidas. (Evidentemente ese deseo es una clara forma de menospreciar a sus parejas) Yo sinceramente les animaría a que lo pensaran bien.

Las mujeres inteligentes llevan intrínsecamente la sana costumbre de tomar decisiones por si mismas, tienen deseos propios y ponen sus límites en todo. Una mujer inteligente no se va a dejarse manipular ni chantajear, ellas no se tragan culpas, asumen responsabilidades. Las mujeres inteligentes cuestionan, analizan, discuten, no se conforman, avanzan. Esas mujeres tuvieron vida antes de nosotros y saben que la seguirán teniendo una vez que nos hayamos ido. Ellas están para avisar, no para pedir permiso. Esas mujeres ni anhela ni buscan en la pareja a un líder a quien seguir, a un padre que les resuelva la vida, ni un hijo a quien rescatar. Ellas no quieren seguirte ni marcarle el camino a nadie, quieren caminar a tu lado. Ellas saben que la vida libre de violencia es un derecho, no un lujo ni un privilegio.
Ellas expresan enojo, tristeza, alegría y miedo por igual, porque saben que el miedo no las vuelve débiles de la misma forma en que el enojo no las vuelve "masculinas". Esas dos emociones y las demás, todas en conjunto, las vuelven humanas. Una mujer inteligente es libre porque ha peleado por su libertad. En un mundo misógino la libertad de una mujer siempre es resultado de una larga batalla. Pero no son víctima, son sobrevivientes. No tratéis de encadenarlas porque ellas sabrán como escapar. Recuerda que ya lo han hecho antes. Las mujeres inteligentes saben que su valor no radica en la apariencia de su cuerpo ni en lo que haga con él.
 
Piénsalo dos veces antes de juzgarla por su edad, estatura, volumen o conducta sexual, porque esto es violencia emocional y ellas lo saben. Así que, antes de abrir la boca para decir que deseas a una mujer inteligente en tu vida, pregúntate si tu realmente estás hecho para encajar en la suya. Y por suerte las mujeres son más inteligentes que los hombres para saber donde, como y con quien quieren estar. Los hombres somos más inestables en ese sentido y nos mimetizado en las circunstancias.
 
Se deben de acabar con los dogmas; tales como lo de ser fuerte pero sumisa, se furia pero contenida, se lista y poco ambiciosa, se guapa, se delgada, se alta, se sexy, se joven, oculta arrugas, maquíllate, cuida tu imagen, peina tu pelo, se ordenada, se limpia, se trabajadora, se risueña, se sonriente, se amable, se buena amiga, buena compañera, no repliques, no contestes, no te rebeles, no seas impertinente. Normas, reglas no escritas pero asumidas todavia por un buen numero de mujeres, losas de piedra que llevan en su espalda las mujeres desde tiempos inmemoriales que sin saberlo se sienten juzgadas por no acatarlas, y siguen despacio el camino señalado. Yo lo unico que deseo es que sean furia descontrolada, sean respetadas; ser lloros y risas, tristeza y alegría, ser bravura, ser ellas mismas.

lunes, 21 de marzo de 2022

URSULINAS.

La madre superiora del convento de las ursulinas de Aix, en Francia, siempre aconsejaba las prácticas prudentes a cada una de sus discípulas, especialmente a las novicias, aún ignorantes del poder de los tres y más oscuros propósitos del diablo para tentarlas: la ambición, la lujuria y la codicia. Dos de ellas no requerían mucho esfuerzo para rehuirlas, pero, la tercera, la que enraizaba con su sexualidad, era temible. Sor Joanna, temía por sus niñas virginales, el diablo andaba constantemente al acecho y, en ocasiones, la mayoría, solamente se tenían a sí mismas y su propia fortaleza de espíritu para enfrentarse a su maldad. Sin una rectitud bien dirigida, sin una educación religiosa fuertemente edificada, podrían sucumbir con facilidad a la tentación de la lujuria.        

Cada mañana realizaban sus oficios con diligencia. Oraban apenas nacido el día y, muchas de ellas, ayunaban como medio de ensanchar el alma y probar su fidelidad y negación a ser seducidas por los placeres de la carne, que, a veces, era de forma literal. Quienes no alejaban el desayuno de su dieta, solían ser maduras mujeres confinadas desde años al servicio de Dios y se las podía considerar blindadas ante los designios del cornudo. No estaba prohibida la entrada en el convento de hombres, siempre que fueran de buena fe y, como ellas, servidores del Supremo, pero eran pocos los que rondaban siquiera los jardines exteriores de aquel amurallado. Aquellos monjes o sacerdotes que acudían a las ursulinas, lo hacían para calmar sus apetitos en mitad de algún trayecto o para aplacar sus dudas en el interior de alguna celda de retiro, en el más absoluto silencio y sin prestarse a la ingesta de cualquier alimento o bebida hasta sanar su alma y ver su espíritu fortalecido. Entre ellos estaba un sacerdote marsellés, Juan Bautista Gaufredi.

Eran tiempos difíciles para el mundo y la iglesia ansiaba el poder supremo sobre todo y todos. Cada vez con más frecuencia, aquellos que rendían pleitesía a Dios eran sorprendidos con actos tan ruines que bien pareciera sirviesen al Oscuro. Era uno de los motivos por los cuales los conventos se llenaban de acongojados ministros del Señor, para aplacar su tentación y resistir la inmundicia que veían en sus colegas de oficio. Entre mujeres estaban a salvo, ellas eran un fondo inmutable que para nada afectaba a la política eclesiástica. Su poder para interferir en los mandatos divinos era nulo, los hombres poderosos de la época no veían peligro alguno en ellas. Y no se equivocaban. Pero esas mujeres tampoco se sentían desplazadas, o ignoradas, veían aquello con normalidad y simplemente ostentaban su lugar en aquel ministerio. En nada les tocaba juzgar o tomar partido, eran asuntos de los altos cargos de la Iglesia.       

Un par de sacerdotes conversaban de forma amena en el patio interior del convento, cuando una muchacha, una de las novicias, cruzó por delante de ellos con la sotana remangada por las rodillas, descalza y gritando el nombre de la superiora. Los hombres que la vieron cesaron al instante su diálogo y se prestaron a auxiliarla, pero únicamente la vieron marchar por una de las entradas que daba a la capilla. Se quedaron boquiabiertos y extrañados, no era costumbre tal escándalo en un lugar dedicado a la búsqueda de la paz interior y el reencuentro con lo divino. Siguieron el camino de la chica sin mucha prisa, respetando la calma que procedía en un lugar como aquel. Oyeron los ecos de los gritos que aún emitía desde el interior de alguna de las salas del convento, cada vez con mayor desesperación.      

 -  ¡Madre Joanna! ¡Madre Joanna! :Retumbaban las paredes. Finalmente, una voz resurgió en contestación a la chica. Se sucedió un susurro que los monjes no supieron descifrar. Madre y novicia hablaban tan bajo que sus voces se mezclaban en un murmullo críptico. Mientras los siervos de Dios aguardaban muy cerca de la puerta por la que había desaparecido la muchacha, volvieron a oír pasos presurosos por los pasillos que conectaban las salas interiores. Ambas mujeres, tras informar la una a la otra, corrían ahora hacia uno de los extremos. Aquello era de una extrañeza innata. Luego todos se enteraron de lo sucedido. En la misa que precedía a la cena, en la cual dieron infinitas gracias al Señor por los alimentos que iban a ingerir, la madre superiora se alzó al final del discurso antes de darlo por concluido. Una de las sillas que rodeaban la mesa estaba desierta y dirigió la mirada hacia el hueco vacío de la hermana Magdalena.      

 - Amadas mías; comenzó al margen de la acostumbrada liturgia – hoy el convento ha visto alterada su paz y armonía por un suceso que no podemos más que definir de escandaloso. Una de nuestras hermanas, todas sabéis a quien me refiero, ha sido confinada por la fuerza en una de las celdas del ala oeste. Alertada por la hermana Dominique, sorprendimos a la novicia desprovista de ropa en su lecho, agitándose cuan endemoniada. Blasfemaba y se dejaba llevar por la lascivia. Sus ojos estaban fuera de su órbita y no atendía a razones. Nuestras palabras, siempre divinas y comandadas por nuestro Señor, no hicieron mella en ella. Al poco, cayó desvanecida sobre el suelo y, allí, fue vulnerable a nuestros cuidados. Con ayuda de Dios todopoderoso, conseguimos arrastrarla hasta la celda y allí la vestimos de nuevo. Aún no ha despertado, pero temo que habrá de padecer largos ayunos para expiar al demonio que lleva en su interior. Hizo una pausa para tragar saliva. – Ahora, hermanas, recemos por su alma y para que Dios se apiade de ella y la salvaguarde de todo mal. – Joanna se sentó y todas inclinaron la cabeza para sumirse en un bisbiseo repetitivo. Al acabar, miraron al cielo y se santiguaron.       

Días después, cuando parecía que la novicia encarcelada se encontraba mejor, ya no tenía el tono pálido enfermizo ni las ansias de despojarse de las ropas, una nueva alarma se extendió por los corredores. En esta ocasión, la locura había recaído sobre Judith, una de las hermanas más devotas y correctas del convento. El procedimiento se repitió una vez más. La introdujeron en una celda contigua a la de Magdalena. Todas comenzaban a asustarse y los rezos se prolongaban más de lo acostumbrado, así como las visitas a la capilla. Los hombres también comenzaron a sentirse incómodos con todo aquello, la tranquilidad que venían buscando se disipaba por momentos. Pero lo que más les inquietaba era la presencia del maligno entre aquellas paredes sacras. La madre superiora volvió a reunir a las mujeres para hablarles de lo sucedido, pero todas conocían ya la noticia. El clima de consternación se hacía patente y mermaba los ánimos de las residentes. Aún así, siguieron con su rutina sin variarla en apenas lo mínimo para cubrir las funciones de las encarceladas. Fue dos semanas después del primer enloquecimiento cuando la situación se volvió preocupante.       

En esta ocasión, había testigos. Isabelle había comenzado a gritar lujuriosamente y una de las novicias se acercó asustada al lugar de donde procedía aquel sonido obsceno. Entonces encontró a su compañera de piernas abiertas, sudorosa y con el cuerpo encorvado y desnudo, moviéndose rítmicamente al tiempo que jadeaba con ansias de ser poseída. Le pareció ver un miembro carnoso semienterrado en su sexo. La novicia que era testigo de aquel acto atroz no pudo más que caer de rodillas, santiguarse y llorar. Cuando Isabelle se encontró con su mirada, reaccionó y se levantó para correr en busca de ayuda. Ya no quedaban celdas libres para encerrar a una tercera y, si la cosa seguía así, pronto no quedarían ursulinas siquiera que mantuvieran el buen hábito del convento. No podían echar a ninguno de los monjes de las celdas restantes, así que decidieron encadenar a Isabelle a uno de los árboles del jardín delantero hasta que cayese la noche. Entonces la trasladarían a alguna de las salas inferiores.        

Joanna fue a visitar a Magdalena, la primera de las estigmatizadas. Con la mirada turbia, la novicia le habló de un amante seductor que había aparecido en sus sueños, tentándola para caer en la lujuria. Las primeras noches, le contó, el onírico seductor, tan apuesto y galante, trataba con dulzura a la joven y le mostraba sus encantos. Ella, haciendo uso de su recato, resistía con tesón. Pero las noches se sucedían y, el joven maravilloso, se hacía cada vez más irresistible. De modo que, en cuestión de pocos días, ya no podía poner freno a su pasión y la joven caía rendida a sus brazos y con una fiereza desatada tal que acababa desbocada a lomos de su amante. Este relato dejó a la superiora acongojada, mas aún fue peor la sorpresa de encontrarse con un segundo testimonio que daba fe del primero y, que además, incluía un elemento nuevo: uno de los hombres alojados en el convento era el ánfora que contenía aquel demonio carnal. El íncubo tomaba prestado el cuerpo de un sacerdote para obrar su maldad. Joanna se dijo que no podía ser, que la novicia que sorprendió a Isabelle no había visto a nadie, sino más bien una parte de alguien. A lo que Judith, la segunda perjudicada, respondió que el diablo sabía hacer invisible a quien le sirve para evitar que su vehículo se viese destruido.        

La primera decisión que hubo de tomar Joanna fue la de expulsar de inmediato a cuanto hombre cohabitase con ellas, sin excepción. Después de supervisar el piso superior, bajó al inferior y recorrió los pasillos y habitaciones en busca de monjes y sacerdotes. En mitad de su exploración descubrió los gritos de otra mujer no muy lejos de donde se encontraba. En aquella ocasión, procedían de algún lugar cercano a la capilla. Corrió hacia allí y pronto notó que las demás le seguían, alertadas, al igual que ella, por los inefables gritos de placer diabólico. Pronto se encontraban todas en corro, apoyadas por dos de los monjes de retiro, frente a la puerta de la capilla. En el quicio, una de las hermanas intentaba zafarse, arrastrándose de espaldas por el suelo, de las garras de un hombre santo. Al oír el gentío tras él, se volvió. Las caras de los presentes se manifestaron como si hubieran visto un fantasma y apenas unos pocos eran capaces de hacer retornar el color a sus rostros. Los más raudos, por primera vez, fueron los dos monjes, que se abalanzaron sobre el predador y lo inmovilizaron contra el suelo. La muchacha se zafó al fin y corrió a las faldas de su superiora, aún con lágrimas en los ojos. Los hombres dieron la vuelta al agresor y la sorpresa fue mayúscula al descubrir la identidad de éste. Era el sacerdote de Marsella.        

Después de su apresamiento, el sacerdote fue condenado a la hoguera. Se decía que había sido poseído por una fuerza diabólica y que había obtenido del mismísimo Diablo la facultad de enamorar a las mujeres echándoles el aliento en la cara. No obstante, ninguna de las afectadas recordó jamás que el sacerdote entrara en sus aposentos ni se les acercara para rociarlas con su aliento. Creían que, simplemente, trataba de esconder la verdadera naturaleza de aquellos sucesos para no descubrir al verdadero artífice, el íncubo. Sin embargo, en aquel Abril de 1611, antes de que el fuego consumiera el cuerpo del sacerdote e hiciera de él un montón de cenizas, éste dejó una confesión firmada. Mientras ardía en la pira, un ministro de Dios la leyó en voz alta ante los presentes: “Declaro que con mi consentimiento he recibido la marca del Diablo, y que esta marca, hecha con el dedo pequeño de Satanás, produce primero una ligera impresión de quemadura, y después una impresión agradable. Confieso haber echado el aliento con malos fines de lascivia a muchas mujeres, y con más frecuencia, sobre Magdalena de la Palud. Confieso también haber llevado el desorden al convento de las ursulinas, enviando allí una legión de diablos, que han debido fatigarlas día y noche.”     

Juan Bautista Gaufredi.

domingo, 20 de marzo de 2022

VOLAR.

Se fabricó unas alas con plumas de avestruz, subió al campanario y se lanzó al aire. Cuando lo recogieron, con las piernas rotas, explicó que había caído por culpa de las plumas que pesaban demasiado.
—La próxima vez —dijo— volaré sin alas.

Enrique Anderson Imbert.

lunes, 14 de marzo de 2022

FACILITAR, INFLUENCIAR... MANIPULAR.

 Facilitar e influenciar no son lo mismo que manipular. Las intenciones subyacentes son bien diferentes. Manipulación es cuando yo quiero o necesito que tú cambies algo de tí para mi provecho o beneficio, facilitar es cuando yo deseo o prefiero que tú hagas algo ( o modifiques algo ) sólo pensando en que tú salgas beneficiado.

Detrás de la manipulación hay control y un deseo oculto de obtener algo, no estoy pensando en tí, lo estoy haciendo en mí. Manipular no es facilitar. ¿Facilitas o manipulas? ( Desde ya que esto no invalida que yo pueda comunicar aquellas cosas que me molestan o con las que no estoy de acuerdo pero esto no debería implicar hacer pagar un precio posterior al otro si no se comporta como yo lo necesito).

Y así ando yo con estas caunadas estos días, con el "coño" en modo avión, que se dice ahora, paseando por la casa a oscuras, tropezando con el puto perro (que cada día está más gordo el muy cabrón porque ahora a los perros se les da mousse de Buey con nueces de macadamia para desayunar) mientras oigo en la radio además de tararearla esa canción mega-pegadiza de Ángel Stanich que se titula "Dos boy scouts de mierda" (no sabemos lo que es un páramo... somos dos boy scouts de mierda... somos indómitos... vaya dos boy scouts de mierda)

Y mientras escribía esto tomando mi café de la tarde y tropezaba con el puñetero perro tres veces en el pasillo; vuelvo a poner la radio y escucho esta anécdota que le pasó a una mujer que siempre me resultó simpática (a veces simpática con ironía y otras simpática porque sí y punto).
En una entrevista le preguntaban a Dolly Parton sobre los chistes que hacían sobre ella de rubia y tonta, y Dolly respondió:
- No me molestan los chistes que hacen sobre mí sobre si soy tonta y rubia, porque ni soy tonta ni soy rubia.

Y después de oírla con atención ahora me pregunto; yo que siempre quise ser un boy scout de mierda y perderme en los montes para que me devorasen unos linces protegidos y fundirme así, ¡y ser uno!, con la naturaleza hasta que mis restos los encontrasen los del Seprona... ¿Quien es Dolly Parton?
Y digo yo... ¡ qué coño, hago yo hablando de manipulaciones, influencias, facilitaciones, de lo que oigo en la radio, del café, el puñetero perro y de una tal Dolly Parton !
Mañana me lo hago mirar sin falta. Porque claramente estoy sufriendo una manipulación de alguien o me he pasado con el lexatin... Qui lo sa?


sábado, 12 de marzo de 2022

LAS CARA DE LA MONEDA.

Sales de casa y lo primero que haces al poner el primer pie en la calle es tirar una moneda al aire.
Cae la cara del lado de Jeckyll y reverbera en el vacío el retumbar solitario y monótono de tu alma pura y noble, que brilla tanto que te deslumbra.
Vacilas un poco y vuelves a tirar la moneda al aire.
Cae la cara de Hyde; descubres el mal y sucumbes a la malsana genialidad de su seducción y al placer reconfortante que te ofrece contribuir al daño ajeno.
Mientras sigues caminando te das cuenta de que lo contienes todo, las dos caras de la moneda, todos los universos posibles.
Y cuando llegas a casa le preguntas al Cristo de la pared qué te sienta mejor, si la inmaculada pureza o el gozoso sadismo, pero el Cristo de la pared te tuerce la cara y se encoge de hombros.
Vuelves a tirar la moneda...

martes, 8 de marzo de 2022

SUPERSTICIONES.

 


Existe una superstición muy extraña en Corea del Sur, que a día de hoy continúa asustando a cientos de personas: se dice que duermes en una habitación con las puertas y ventanas cerradas, y con un ventilador eléctrico encendido, vas a morir. Esta leyenda urbana se remonta a la década de 1920, cuando dichos aparatos comenzaban a abrirse paso en el mercado de los electrodomésticos. En aquel entonces, la gente temía que esta nueva tecnología pudiera paralizarles la cara. Los rumores empeoraron cuando un hombre de 59 años de edad, identificado por las autoridades como Min, fue encontrado muerto en un hotel, con un ventilador encendido sobre su cama. La noticia provocó una ola de histeria colectiva, que empañó las oportunidades de los ventiladores eléctricos en el mercado.
Más adelante se sabría que no había sido el ventilador la causa de la muerte.
Algunos surcoreanos pensaban que un ventilador era capaz de aspirar todo el oxígeno de la habitación, dejando tan solo dióxido de carbono en el aire, lo que les podía llevar a asfixiarse mientras dormían. Cabe aclarar que un fenómeno, solo podría ocurrir en un submarino, sumergido a varias decenas o cientos de metros bajo el océano.
Otros habitantes de Corea del Sur, se negaban a instalar un ventilador eléctrico ante el peligro de sufrir una posible hipertermia o hipotermia.
Aunque ninguna de estas afirmaciones ha sido comprobada por la ciencia, hay gente que todavía se muestra reticente a comprar este tipo de ventiladores. Para que los vendedores de dicho producto no pierdan clientes en Corea del Sur, las tiendas locales venden ventiladores equipados con un temporizador que les permite establecer el inicio y el final de la ventilación.
 
RELATOS.

domingo, 6 de marzo de 2022

PIRÓMANOS DE LA LIGNINA.

El dogmático, el incontestable y el manipulador temen al libro.
Aunque un libro no garantiza el buen juicio ni la libertad de pensamiento de nadie, pero por el contrario ofrece numerosas visiones, puntos de vista divergentes y lo mas importante; provee de dudas razonables.
Una biblioteca por muy pequeña que sea contiene todos los países, nacionalidades, a-patrias, mundos, gentes, opiniones e ideas... una biblioteca no es un concepto reduccionista y limitado sino un universo en permanente expansión.
Por eso lo contrario de un patriota es siempre un lector, aunque ninguno de ambos lo sospeche.

Hace un año alguien quemó una Biblioteca de intercambio de libros (una iniciativa espontánea) en Ciudad Rodrigo.
Después de un tiempo con las donaciones de multitud de particulares amantes de los libros se ha vuelto a reconstruir y a llenar de nuevo hasta arriba las estanterías de este lugar en el que viven los libros libres.

Hace años los de la fotografía de abajo quemaban libros de Sigmund Freud, Karl Marx, Thomas Mann, Alfred Döblin, Heinrich Heine o Klaus Mann y denominaban "arte degenerado" a toda aquella expresión artística que no estaba subordinada a sus intereses o a su particularmente abyecta visión del mundo.

Pero la verdad es que los únicos degenerados aquí son aquellos que tanto ayer como hoy continúan quemando libros y bibliotecas.
La Bibliocaseta de Ciudad Rodrigo renace de sus cenizas y ya está de nuevo en marcha.
Una mala noticia para los degenerados pirómanos de ayer, hoy y mañana.

sábado, 5 de marzo de 2022

SAM " EL INSUMERGIBLE"


CURIOSIDADES.

Sobrevivió al hundimiento del Acorazado Bismarck el 27 de mayo de 1941. Lo encontraron los miembros de la tripulación de un destructor británico, flotando sobre una tabla en alta mar.

Alguien lo enroló en el destructor británico l HMS Cossack, que fue torpedeado el 24 de octubre de 1941 por un submarino alemán. También sobrevivió a ese naufragio, siendo recogido por otro destructor británico.

Lo volvieron a alistar en la marina, más concretamente en un portaaviones británico, el HMS Ark Royal, que fue de nuevo torpedeado y hundido el 14 de noviembre de 1941, a 30 millas de Gibraltar. Lo encontraron flotando sobre la tabla que se había desprendido de una lancha.

Lo licenciaron después de sobrevivir a estos 3 naufragios y acabó sus días viviendo tranquilamente en casa de un marinero en Belfast.
Lo llamaron Sam "el insumergible", pero también bien le podrían haber puesto, de la misma manera, Sam "el gafe".

viernes, 4 de marzo de 2022

MOTRIL.

Ya va llegando la hora en que febrero se apresura a arrancar hojas del calendario y que el frío se va desperezando por las rendijas de la noche, uno siempre ha sentido que vivir tras las fronteras de mi Motril es un verdadero lujo. Siempre lo he sentido así. Siempre he presumido de ello. Y, sobre todo, siempre se lo he confesado a los vientos.


Y esos vientos, que son los encargados de ir moldeando lienzos, espadañas y rincones, también son los encargados de acariciar con mimo esos otros patrimonios inmateriales que están ahí y que nos hacen ser poderosamente ricos. Patrimonio como esas nubes blancas con sabor y olor imperecedero a melaza de azúcar que salpican las esquinas de la costumbre o esas voces que ensayan versos para acunar nuestra ansia de progreso.
Un Patrimonio tan Motrileño como esos ecos que el tiempo cose a sus entrañas cuando una guitarra llora compases flamencos en el barrio de San Antonio o una saeta se acomoda sobre el alambre cuaresmado de un puñado de adoquines de la calle Cardenal Belluga. O patrimonio como el que se cuece a fuego lento tras los muros del convento de las Hermanas Nazarenas -allá en la calle de las monjas. En un patio porticado como el palacio de Torre Isabel con olor a geranios y claveles. Ese olor a salitre de mar que impregna todo el cerro de la virgen de la cabeza y desciende hasta las explanadas. Como uno puede encontrar pastelillos de gloria, almendrados, tortas reales en cualquier confitería y degustarlos después de un “ratico” de teatro en el Calderón. Motril es el regalo que con mayor frecuencia desenvuelvo. Es un patrimonio inmaterial que no tiene fecha de caducidad. El lugar donde siempre vuelvo para ser feliz.

Motril te detiene el tiempo cada vez que con su voz abre el tintero de sus silencios y traza versos que desnudan recuerdos, espasmos y miradas mientras desenroscamos el bote de nuestra esencia Marinera.
En una charla con amigos ante un fuego se puede pasar de descoser el corazón a hablar con tristeza de la pena que atesora nuestra ciudad, No hay escaleta o guion. Y créanme, no he conocido a nadie en este mundo que admirara, mirara y disfrutara más de un fuego como lo hacía mi amigo Juanjo Escribano.
No hay nadie en Motril que sea capaz de llorar con lágrimas de risas y provocar risas con sabor a lagrimas como lo hacía mi amigo Pepe Baena . U oír una composición del maestro Jose Miguel Moreno Sabio. Escuchar el retañir como campanas de gloria los zapatos de Inma Rico cuando zapatea por alegrias o admirar una obra pictorica del Maestro Jose Antonio Lerta Marmol  y su cómplice de vida José Jose Fernando Moreno Jimenez  o de Mar Aragón y sus acuarelas. Y no hay nadie que tenga el corazón más ancho, grande y sincero que mi amigo Franci Torcuato, un poeta gitano de los de verdad que tiene sangre de druida, un almizcate envuelto en entrega sincera.

Motril es cultura viva;pintores, poetas, juntaletras y musicos que irradian cultura en movimiento aunque tambien supuran por desgracia inquinas de egos absurdos. Pero ¿alguien conoce alguna familia en que todo sea miel sobre hojuelas?

La amistad es una llave que abre pestillos húmedos, desabrocha secretos de alcoba, orea recuerdos desvencijados por el tiempo… y jamás caduca. Si es sincera, se cuela por los labios y pisotea al olvido. Son esos ratos degustados a fuego lento, en los que los silencios no incomodan y las miradas se van solapando a los abrazos que a uno le queda por dar, recibir, sentir. En la que el alma se regocija. Los ojos brillan. La soledad claudica. Si la amistad pudiera verbalizarse, déjenme que la conjugue junto con amigos cómplices de cicatrices y sabiendo que jamás van a fallarme. Y solo me queda deciros que Saboreéis esos momentos antes de que la vida se consuma como un tronco…

miércoles, 2 de marzo de 2022

GUERRAS.


 

Por causa de una metáfora mal interpretada referente a la alienación del amor, se declaró la guerra entre los poetas y los narradores. Los primeros se parapetaron tras sus versos, mientras los segundos les lanzaban frases envueltas en adjetivos calificativos.

Hubo incluso heridos alegóricos graves. Al final; alguien escribió en plena linea de fuego esquivando sonetos y frasearios un ensayo sobre el sincretismo entre los distintos géneros literarios. Tal fue la fuerza desatada por el ensayo que unos bajaron sus poemarios y los otros sus obras de teatro y se fueron todos juntos a tomar unos vinos acompañados con sus respectivos aperitivos, en eso no hubo ni pleitos ni discusiones.