sábado, 30 de marzo de 2024

EL SÍSIFO ENQUISTADO.

Leo a muchos eruditos y estudiosos de la sociedad y todos coinciden en que poco a poco terminamos con todo lo que existe. Que es el sino del hombre. Que nuestro instinto es así. Porque apenas cuidamos lo mucho que hemos legado de generaciones anteriores y que perdura con su verdad de siempre, con su paciencia inmune. Y me extraña y me asombra que nos amen el perro y el gato y todavía nos se gastan revelado contra nosotros. Me sorprende que el cielo no se haya desplomado o que la mar permita que profanemos más sus dominios con molinos de viento. 

Nos ha tocado vivir un tiempo de una tremenda y gris desconfianza. Una época en declive, como un torrente oscuro, con gran sabor a sombra y a quebranto. Con malicia abundante, poca salubridad, mucha indolencia y una continua lluvia de amenazas. Y no tengo otro modo de embellecer el mundo más que con el intento de escribir lo que ocurre, de acusar los errores y las expoliaciones, por ver si algo mejora, por saber si algo sana. Que no va a ocurrir, lo sé, pero me siento en paz conmigo mismo.

Es imposible porque es empresa ímproba querer cambiarle al rico su riqueza por pan o privar del dominio a tantos gobernantes o sembrar honradez en tierras tan viciadas. Es tarea imposible vaciar los ventrículos del corazón llenos de tantos insaciables, e injertarles franqueza donde desemboca la vena aorta o pedirles que corten sus corrompidas garras. Me desconcierta el hombre, a veces, con sus poses. Porque dicen que somos los únicos animales racionales, pero en realidad somos un péndulo entre miseria y egoísmo.

Y es que así transcurre nuestra vida en un endiablado círculo vicioso que se repite constantemente, como si fuésemos Hámster en una urna metidos. Es simplemente la maldición de Sísifo en estado enquistado: ofrecer ideas y pensamientos que caen en saco roto. Así como el empujaba la pesada piedra de la existencia por la empinada cuesta de la vida para verla rodar, ladera abajo, cada vez que llegaba casi al final. Y vuelta a empezar.

jueves, 28 de marzo de 2024

ES HARTO DIFÍCIL.

Es harto dificil asegurarse un hilo al que agarrarse en estaciones débiles y colgarse la fe como un escapulario. Es complicado erguir una torre con los nombres de las personas que son imprescindibles en la vida, por más que en ella sólo aniden las cigüeñas en lo alto de la espadaña. Una tarea indispensable es saborear, de tarde en tarde, los inmediatos números de antiguos almanaques, la dulzura de meses caducados, los labios que he rozado, los frutos que he catado; Para así convocar circunstancias eternamente pendientes, nubes perpetuas. Para acceder a los dioses que yo sospecho, esdrújulos y sonoros. 

Es preciso vivir entre y por los sueños de los sueños; porque te obliga a ser mejor persona ; porque te exige seguir por diferentes caminos hacia el mismo fin de trayecto. Porque te reconvierte, te vence, te sumerge en lo opuesto, me aparto de mis pasos, examino las huellas y concluyo mi travesía.

Voy a seguir hablando de mi pueblo. Aún en mi garganta hay fuerza e inquietud por gritar altamente contra el dolor y el miedo, por descastar afrentas, sinsentidos y acusar los abusos que nos envuelven a diario que se vuelven rutina. Y mi voz jamás a quedado ronca para oponerse a todo desafuero y agravio. Mi pensamiento está dispuesto a desplazarse lejos, hasta nuestro desconsuelo y aflicciones, hasta nuestra intolerancia y nuestras barreras. Hasta cualquier estambre de la vida social Motrileña. Está para arrojar  luz a lo que desconoces o no sabes decir porque te lo prohíben, porque conllevaría tu daño personal o colateral. Porque el hambre no es mayor de edad y estómagos agradecidos nunca faltarán a la mesa de los políticos . Porque te sepultan tú libertad, porque te hacen creer en la inexactitud de tu forma  de pensar. Te mueven como marioneta en tu forma de actuar.

Voy a continuar mi lucha cotidiana con textos entreabiertos y palabras sagaces. Con una suave y taimada agudeza. Inyectando a las palabras unas dosis a partes iguales de sencillez y nobleza, perspicacia y porfía. Mi lucha es contra todo lo que nos detiene el viaje a la sociedad perfecta. Mi lucha contra aquello que posponga la paz, el pan y la alegría embadurnada de felicidad.  Contra el que patrocine odio, inquina, violencia, ardor, malicia. Voy a permanecer en mi empeño de siempre. En defender las cosas pequeñas de este mundo. Nombrar las realidades inmensas y generosas del ser y de la vida.

martes, 26 de marzo de 2024

DESDE EL FARO.

Ya es primavera y no parece que no hay más que tinieblas en torno a lo que miro. En estas mañanas de la primigenia primavera no hallo vestigio alguno de aquella luz primera que nos endulcoraba la vida y sus mansas mañanas, aquel fragor intenso que inauguraba  la primavera y sus rosales. Veo en todo alrededor mío tan solo la sombra de nuestra levedad. La intuyo en una higuera que tantos sueños míos cubrió con su ramaje. En cuanto ya no está y estuvo un día: tantas casas cerradas, tantos caminos rotos, tanto campo desierto, mi ciudad  insustancial, como si disfrutará de vivir inane. Lo que si está, tal vez indiferente: es la mar que golpea las rocas de mi infancia, en la altiva presencia de los acantilados, en el faro que hace de guia y a la vez eco la voz del oleaje.

Sentado junto al peñón de Torrenueva Costa reconozco la inminencia segura de la fugacidad. En la dicha de estar aquí y ahora. En la necesidad de andar, inexorablemente, hacia adelante. En esta lejanía de lo ya transcurrido que me acerca y me nutre el extraño que habito. En el verdor precioso que grana en la caña de azucar. Percibo con cualquier tacto la flaqueza y franqueza del ser que empiezo a redescubrir. En la forma que abrazo cuando te recuerdo y es semejante al humo, similar al vapor. En los textos unas veces inconexos que arranco de cada circunstancia. En la piel del silencio que pronuncia una ausencia. En cada paso dado, cuya amplitud ignoro si me es de provecho o me sirve de anclaje.

No soy más que el tiempo. Ni que la soledad. Ni que la fluorescencia del que se siente querido. Soy menos. Mucho menos. Más insignificante. Y lo adivino en los visos de la naturaleza que contemplo. En la premura inmensa con la que caen de sus hojas los meses en el almanaque. En el agua que bebo sin sed y la comida que como sin hambre.  En las más diminutas partículas del aire que respiro. Lo barrunto en los signos que desfilan delante de mi. En mi nombre y el tuyo, donde se han desvaído tantas expectativas vestidas con alivio de luto.

Mi insignificancia la confirmo en las dudas que me asaltan, cada vez más inmensas, a medida que voy envejeciendo y aceptando que nada se perturba, que ciertamente todo se me muestra impasible; aquella mar, su faro… los campos... mi ciudad. Que sólo en mí socavan el tiempo y su alfanje en forma de espada de Damocles.

lunes, 18 de marzo de 2024

LO OCULTO EN LAS PALABRAS.

Siempre suelo ocultar entre las palabras que escribo los miedos que me menguan y me acortan, y se me inunda la mente muchísimas veces de recelos que nublan el esplendor que se abre ante mis ojos. Sinsabores y miedos que modelan mi forma de escribir, mis cuándos y mis porqués.

Mis palabras me sirven, sin embargo, para romper barreras del miedo que me atenaza e intentar escapar de mí mismo y lograr alcanzar lo imprevisto y allí, permanecer. Mis palabras me sirven para explorar campos inertes de vida que me son como ajenos por más que estén en mí. Los exploró para enterrar en ellos tesoros que descuidé; enseres y utillajes que empleé en mis mil derrotas, armas usadas en otras épocas que hoy son herrumbre, ya inservibles. Y hacerlo me dota de otra esencia y de otra libertad.

En las palabras comprendo mejor las grietas que resquebrajan casi hasta partir este mundo. Grietas donde intento construir puentes hechos de vigas de empatía y soldaduras de solidaridad. Puentes donde llevar risa al llanto, llevar comida al hambre, acercar un poco de agua a la sed.

Palabras que tienen miedo a las despedidas y al dolor insalvable, a las forzosas pérdidas. Miedo a los contratiempos que nos hacen cambiar de rumbo o nos desbarajustan la manera de ser, entrando como elefante en cacharrería. Y palabras que plasman muchas veces las decepcionantes circunstancias que nos sisan coraje y optimismo. Palabras que describen muchas veces nuestro terror a lo que es humano como vosotros, yo y el resto de los hombres quebradizos, pequeños; que por más empeño que pongamos somos incapaces de asir para siempre un después.

En las palabras también guardo en ellas amor, vivencias, celebraciones, risas, horas incandescentes, caricias, sueños; días en los que antes nos reconocíamos y ahora somos unos perfectos desconocidos, noches insospechadas, caminos de cunetas vacías de flores que arranqué. Palabras que describen la alegría de unos ojos, el tacto de unos dedos, el cadente sonido de unos ayes en los oídos. Y en ellas me expreso a mi modo y manera, escribo como quiero sentirme y elevarme. En ellas estarán siempre mi gente mientras alguien las lea y susurren mentalmente sus sílabas.

En las palabras que escribo viven todas mis rosas secas entre paginas. Esas paginas que de vez en cuando acudo a ellas y aspirando su ya casi exiguo aroma, imagino paisajes hermosísimos, episodios radiantes, futuros escritos en formas verbales en pasado. Rescato las respuestas que jamás me preguntaron. En las palabras que escribo caben certezas duras como rocas, denuncias incontables, convicciones perpetuas. En definitiva: Las palabras son oro. Al menos para mí... ¿Y para ti?

domingo, 17 de marzo de 2024

TOXICIDADES.

Me escribe por privado una persona a la que le tengo muchísimo afecto y amistad sin fisuras, en el que me dice que la perdone, pero le parecen mis textos muy deprimentes y tóxicos. A mí y aunque suene pedante, me parecen muy interesantes algunos de mis textos porque señalan, de una manera bastante simple y directa, la repercusión que
pueden tener en una persona sus propios pensamientos.

No se me olvida de que tengo un elenco de amigos y amigas con un alto nivel intelectual y me lo demuestran día si y día también en las redes sociales. Eso me obliga a matizar y desarrollar un poco mi opinión sobre esta idea del pensamiento tóxico que, por otra parte, me parece muy interesante.

Voy a empezar por diferenciar  entre sentimientos y emociones por un lado y pensamientos, actos y actitudes por otro. Los sentimientos y la emociones pertenecen al terreno del subconsciente y son, por tanto, reacciones más o menos inmediatas, espontáneas e incontrolables a estímulos externos pero que vienen determinadas por las características de nuestro propio subconsciente; no todo el mundo se enfada por las mismas cosas y cada uno ama, odia o se enfada a su manera. Y esa manera de amar, odiar o enfadarse es también adquirida; por tanto, es también maleable. Yo jamás he quiero controlar ni por un instante esos sentimientos, ni mucho menos negármelos. Yo quiero SENTIR, quiero emocionarme. Porque creo que de esos sentimientos se nutre un poco la vida,¿ no? El problema nace cuando entramos en un bucle y carrusel de sentimientos negativos y pensamientos repetitivos que retroalimentan esos sentimientos.

Decía el psicólogo Carl Jung que "Hasta que no te hagas consciente de lo que llevas en tu inconsciente, éste último dirigirá tu vida y tú le llamarás destino".

De manera que una cosa es sentir y disfrutar de las emociones y los sentimientos y otra bien distinta es dejar que esas reacciones gobiernen tus pensamientos y tu vida de manera irracional. Porque no podemos ( y en el fondo ni queremos) controlar esas reacciones espontáneas, pero si podemos modificar los resortes de reacción y la forma en la que afectan a nuestra actitud. Porque en la actitud está la clave. 

Resumiendo: El pensamiento tóxico no es que te enfades en un determinado momento; ni siquiera que te enfades con una persona a la que amas, al contrario, si lo haces en el momento oportuno es bueno. Lo que es malo es que ese enfado te haga olvidar los motivos por los que la amabas y dejes de hacerlo. No es malo detestar a alguien, es malo que ese odio se haga obsesivo y sea predominante en tu cabeza de tal manera que te impida disfrutar de otras emociones o, incluso, relacionarte con la sociedad. Eso es malo para tí, obviamente, para nadie más. Porque no olvidemos que los actos afectan a los demás pero los pensamientos sólo a ti.

En definitiva; Ni soy psicólogo ni pretendo serlo. El o la que no me quiera leer, ancha es castilla. ¿ Veis ? Ya me salió un pensamiento tóxico en voz alta.

sábado, 16 de marzo de 2024

ALMAGRAFÍAS.

He de agradecerle mucho a la vida porque he tenido en mis manos más de lo que anhelaba, hasta lo inalcanzable, lo que soñé a menudo, lo que la luz jamás me ofreció ni la sombra me acercó. Hace tiempo que guardé las páginas escritas de mi puño y letra de lo que me dejó o perdí en el camino. Quemé en la hoguera del olvido los símbolos que nunca dije a nadie, he guardado bajo cien llaves y un perro cancerbero las líneas que no compartiría jamás de los jamases. He pisado las calles adoquinadas del mundo, he tocado la Esperanza, creyéndola mujer, He velado mil noches la épica sombra de la esperanza lóbrega de la firme convicción de que todo cambiaría a mejor. A todo ello; estoy agradecido por las revelaciones y por las batallas perdidas por mi incomparecencia contra las aspas y gigantes del molino que muele la espiga de las utopías. 

Porque cuando la situaciones  se ponen extremadamente críticas, solo queda sentarnos a ver como todo lo que habíamos construido se cae por completo, y después empezar a quitar el escombro y empezar a construir de nuevo. Y así será varias veces en la vida. 

Hago mío todo lo que alcanza a ver mis ojos, desde el geranio de flores multicolores, del tronco que sirve de nido para la ardilla, de mi perra TIFA que la mira con curiosidad y extrañeza. Respiro la inmensa dimensión que pasa por mis ojos en un segundo. Es una suerte estar aquí, esperando algo, sin saber muy bien qué o por quién. Una gaviota pasa volando por encima mía, gira el rumbo de repente, al grito de un niño a lo lejos.

Vuelvo a bajar la vista y veo en una azotea a la que alcanza mi vista las blancas sábanas batiendo al viento su blancura teñida de lejía y azulete como banderas entre la tarde.  Y me preguntó mentalmente ¿Dónde existe más mundo, dentro o fuera de nosotros? ¿ Tiene algún fin o meta cabalgar día a día en este potro desbocado llamado mundo?

A fin de cuentas por encima de todo, solo son preguntas,  he escrito con tanta tinta muerta, para con esa tinta dar tanta vida en los de principio maculos  folios. Donde plasmar sentimientos y  *"almagrafías". Ya empieza a caer la tarde y acabará este instante en el que siento que la vida está plena. Y si nada cambia después del ahora, no habrá más que una brusca sensación de vacío, un tránsito a la noche desde cada tarde. En seguida dejará de existir estos instantes, que se irán acompañando el ocaso de la tarde entre el ancho del cielo. 

Ya en la soledad de la noche  lo pienso: arrogate de lo que  percibes y sientes, todo es propio, acapáralo; todo lo que distingues es más posible que cualquier utensilio o cualquier otra forma provista de materia.

Todo está en tu mano en ese instante en que brilla el todo desde este aquí, hasta que quiebren esos rayos de sol entre las crestas de las montañas. Absórbelo e intenta retener en los brazos el peso de este día, porque luego más allá de ese instante, más allá de esa única acotada extensión, más allá de ese ahora y su certeza, nada te corresponderá. Porque cuando amanece y sale de nuevo el sol solo te quedan vestigios, sólo ascuas y ausencias; porque ya has aprendido a base de golpes que la piel de este villano llamado tiempo marcha a la deriva. 

* Almagrafías:  es un proyecto de la artista Laura Cuñat que recorre historias personales para plasmarlas en obras de arte biográficas.

Donde la artista se acerca a las experiencias de las personas mediante un encuentro íntimo, que le ayudará a interpretar el camino recorrido. Una Almagrafía es una obra de arte de un período de tu vida. De un recorrido vital que queda inmortalizado para siempre en una pieza única de base cartográfica.

martes, 12 de marzo de 2024

EL BÁLSAMO DE FIERABRÁS.

Estoy poco a poco comprendiendo y entendiendo la rueda en que gira este mundo. Uno de joven tiene el indolente atrevimiento de creer que la vida y toda su verdad quedan muy lejos. Y empieza sin apenas carga en las alforjas a recorrer los anchos caminos de la tierra; a caminar por sus agrestes territorios y su extensión ajena a tus pensamientos. Pero pasa el tiempo y echas la vista atrás. Oteas la ficción que has pretendido vivir y te desengaña el tiempo. Retornas decidido sobre los mismos pasos. Y es cuando intentas regresar al espacio/tiempo que te curtió la piel, a las sanas costumbres, a las sencillas cosas y situaciones que te hizo tanto bien, aunque no sea más que un único momento.

Por eso aprecio tanto y aunque suene cansino, estar aquí, sentado junto al rompeolas mientras muere la tarde y donde sólo escuchas el peso de la luz y el cadente y sistemático romper de las olas. El eco persistente de un invierno que empieza a agonizar. La mar incontrolable como una fiera en celo. 

Es cuando realmente Valoras más, si cabe, esa inmensa fortuna de encontrarte apartado de neuras politicas, de los intoxicados colectivos sociales y de afamados expertos. Y me siento feliz, lo sé porque me llena de emoción cualquier forma o sonido que surge ante mis ojos y oidos. Y podría hasta dar las gracias, si en esta intensidad acabara mi trayecto. Y es que Motril ha sido, es y será el eterno bálsamo de Fierabrás para este Quijote venido a menos.

Se levanta una brisa agradable que mece los setos que hay en el paseo maritimo. Pronto llegará la primavera y su otra mansedumbre. Está todo en su sitio. La buganvillas, las palmeras, Y el sol cayendo. 

La candidez de la tarde ya oscurece. Todo se tiñe de un color dorado. Y me da la sensación pasajera que soy yo el que apenas conoce el por qué estoy aquí, tan sin sentido a veces. Y es cuando me abruman mis preguntas mentales; ¿Qué fluye en mi interior con aspecto de bruma? ¿Qué empaña mis sentidos? ¿Por qué esta terquedad, por qué esta obsesión mía en apagarme? Tantas preguntas e incertidumbres en tan nimio lapso de tiempo. Tanto dolor intenso en este corazon. Algo que solo alivia la quietud del presente, su extensión perdurable, el futuro que apenas ni concibo ni me inquieta.

Asoma tímidamente ya la Luna y las chicharras narran su estridencia a las sombras. Y Aquí estoy yo con todo lo que un ser humano necesita: una cota de malla emocional contra la intemperie, y buscando respuesta a la pregunta; ¿Qué nos sucedería sin memoria, qué sería de las cosas sin olvido? 

Pero yo tengo memoria; Echo de menos todo. Como un hombre que añora lo que pierde. Como un hombre que busca lo que falta. Como un perseguidor de las ausencias. Echo de menos luz. La claridad con la que despertaba. El sentimiento con el que me adormecía. Echo de menos paz, verdad y amor. Una verdad que aún no sea mentira. Echo de menos huir de la costumbre. Salir de los patrones. Echo de menos un abrazo entero, los días luminosos, la conciencia impecable, la ilusión sin heridas, Y Sentir, sentir un corazón...

📷 Joan Andalusí 

sábado, 2 de marzo de 2024

METRO CUATRO CAMINOS.


Después de tanto tiempo sigue un run run en mi cabeza de que la estación de Metro de Cuatro Caminos está llena de alienígenas rollo " MEN IN BLACK " que pasan desapercibidos; parapetados con aspecto de músicos, gente sin casa, jóvenes de peinados ridículos o pseudopijas con pendientes de perlitas.

Recuerdo que lo pasaba francamente mal en las escaleras que conectan la profunda Línea 1 hasta el exterior y no paraba de escrutar las caras de la gente con la que me cruzaba intentando adivinar el planeta del que llegaba o el verdadero aspecto de aquellos monstruos. Quien sepa lo que es la ansiedad por las aglomeraciones, y aunque en mi caso no era paralizante, entenderá esa sensación de ahogo con la que se te va literalmente la puta cabeza intentando releer tres veces el único párrafo al que eres capaz de prestar atención del libro abierto sobre las piernas hecho un bicho bola. Estoy seguro que si me quedará sin ideas que plasmar; Podría escribir dos novelas de espías, dibujar una trilogía de cómics del subsuelo o desarrollar una esquizofrenia paranoide sólo con tener que volver a pisar durante un mes esa maldita estación.

📷 Albert Guillaumes, la ha digitalizado en 3D y ahora sé que el plano mental que yo dibujaba se parecía bastante a esta maravilla.