jueves, 28 de noviembre de 2019

LA FAMILIA.

El reloj acababa de dar las cuatro en reloj de la Iglesia de la Piedad cuando Ramón Mercader decidió levantarse de la cama. Podía permanecer en ella dos horas más si quisiera, pero ya no le apetecía. Había estado toda la noche en duermevela, aunque esa situación, lejos de ser atípica, le era familiar. Había pasado infinidad de noches así, y sabía que lo peor era que serían muchas más.

Se levantó furtivamente, lentamente, intentando no interrumpir el sueño de su mujer, pero no lo consiguió.
-¿Te vas ya Ramón? preguntó cariñosamente.
-Sí, la cama ya me pica Aurora, respondió Ramón con voz ronca y seca.
Ramón se desperezó ya sin el cuidado de despertar a su mujer y abriendo el grifo del lavabo  se aseó ruidosamente.
-¿Vendrás antes del mediodía? Volvió a preguntar Aurora.
-Tu sabes bien  cariño que eso no está en mi mano; Sentencio Ramón mientras se quitaba con la toalla los restos de jabón que le habían quedado en la cara. Tocándose el mentón y dudando un instante decidió que no se afeitaría, que llegaba el frío y dejarse la barba le abrigaría algo la cara.

Se vistió lentamente y una vez hubo finalizado de acicalarse se dispuso a abandonar la casa.
-No hagas ruido cariño al salir, no vayas a despertar a las niñas; Rogó Aurora mientras veía a su marido desaparecer por la oscuridad del pasillo. Ramón se disponía a abrir la puerta de casa para marcharse cuando de repente giro sobre sí mismo y desechando la idea de abrir la puerta, se dirigió al dormitorio de sus hijas. Abrió la puerta suavemente, se acercó a la cama de su hija mayor e inclinando el cuerpo le dio un suave beso en la mejilla, hizo lo mismo con su hija menor y ya definitivamente se dispuso a abandonar la casa.

En la calle hacia un gélido frío de otoño que unido a la hora tan temprana hizo por un momento estremecerse a Ramón. El ruido de sus pisadas iban acompañadas con el crujir de las hojas secas al ser aprisionadas por sus zapatos, produciendo un sonido desagradable en sus oídos.
-Espero que esta sea la última vez que tengo que hacerlo; Mascullo entre dientes mientras se subía las solapas marrones oscuras del gabán de ante, elaboradas con piel de borrego negro. Recordó el día que se lo regalaron sus hijas por su cumpleaños.
-Tener que matar para poder vivir, que incongruencia por Dios; Volvió a mascullar para sí mismo. ¿Quién sería su víctima?, ¿Hombre o quizás mujer?, en su momento lo sabría. ¿Con que ojos miraría a la familia del finado o la finada si se los cruzaba por las calles de la ciudad? Cosa nada difícil, pues Barcelona aunque siendo una urbe en plena expansión también era un pañuelo.

Cada vez que tenía que cometer ese acto tan aberrante de matar, las mismas preguntas le invadían ya desde días previos, por eso sus inquietudes y duermevelas. Sin apenas darse cuenta y fruto de ir por la calle inmerso en sus pensamientos se plantó en la puerta del bar de Luis, decidiendo entrar y tomar un aguardiente para mitigar el frío. El frío era una sensación corporal en la que el aguardiente servía como efecto placebo. Pero el en su interior sabía que lo tomaba para acumular valor para llevar a cabo su labor.
-Buenos días Ramón, ¿Qué va a ser? Preguntó Luis mientras pasaba una mugrienta gamuza por el más que ya ajado mostrador del bar.
-Un orujo, un orujo seco; Repitió intuitivamente.
Luis sirvió la copa de orujo a la vez que miraba fijamente a Ramón, parecía como si quisiera desnudarle el alma a la persona a la cual le servía el licor.
-¿Qué? ¿Tengo monos en la cara o qué? Dijo Ramón con tono de acritud y reproche.
-No hombre, por Dios. Solo que me extraña verte tan pronto por aquí, solo eso; Contesto Luis manteniendo la misma mirada que al principio.¿Sabría Luis algo? Se preguntó mentalmente a la vez que un escalofrío recorrió su cuerpo. Solo le faltaba que el barrio supiera de sus quehaceres y manejos. 

Bebió ávidamente la copa y decidió tomar otra, necesitaba doble ración de valor, siempre la necesitaba. Sentía las manos engarrotadas, como entumecidas, pero esa sensación no le asustaba. Cuando tenía que hacer lo que no deseaba siempre le ocurría, y había sido tantas veces… Pagó con dos monedas de a duro lo consumido, dando un golpe seco con ellas en la barra, quería irse, necesitaba salir ya de ese lugar. Se despidió con un casi inaudible adiós que no fue correspondido por nadie, cada uno estaba inmerso en sus caunadas y ni siquiera se percataron de su salida. Esquivó hábilmente dos grandes charcos producidos por el riego de la calle y se dispuso a llevar a cabo su trabajo. 

Por la Diagonal se mezclaban madrugadores y trasnochadores, y todavía en algún portal que otro se veían prostitutas estratégicamente puestas en espera de un amor temporal abonado debidamente. La visión de las prostitutas contoneando sus cuerpos le trajo a la mente a sus dos hijas plácidamente acostadas.
-Ojala ellas no sean así nunca, nunca; Se repitió Ramón mentalmente una y otra vez.
-¿Qué sensación tendrían sus familias si las vieran así? Ramón no quería, no deseaba ponerse en el pellejo de esos padres al saber que sus hijas vendían su cuerpo, ya fuese por necesidad o por vicio por tres cochinos duros. Ese era el precio por aguantar a borrachos, por tragar las babas ajenas.

Volvió a recordar a sus dos hijas, dormidas, ajenas a toda esta vida nocturna.
-¿Cómo les sentaría a sus hijas cuando supieran la verdad de su padre? ¿Les condicionaría la vida? Todo eran dudas. 
Él había intentado por todos los medios dejar de matar, por activa y por pasiva, pero no le dejaban, la sociedad no le dejaba. El entumecimiento de las manos se convirtió en temblores, para él, era síntoma inequívoco de que se acercaba al lugar y llegaba la maldita hora de los acontecimientos. Y como tantas veces le había ocurrido, de repente se le secó la boca, necesitaba otra copa de orujo, necesitaba meter más fingido valor a su cuerpo.
No podía tomarse la copa cerca de donde iba a actuar, podía haber gente indiscreta o conocida y con el tiempo darle problemas.

Sacando lentamente su reloj de saboneta del bolsillo y mirando la hora vio que todavía era temprano, giró sus pasos buscando un bar alejado de allí. Se alejó dos manzanas y girando una esquina encontró uno abierto, un local frecuentado a esas horas por taxistas y trabajadores que salían del turno de noche de la zona franca. El lugar estaba semivacío, era final de mes y se notaba en la economía en las personas. Pidió un orujo de hierbas y encendió un enorme veguero, siempre que tenía que matar se fumaba uno por rutina, él no era fumador, pero al igual que el alcohol, en la nicotina encontraba un tranquilizante.

El local estaba en silencio, la gente oía con manifiesto interés una noticia de alcance. Los GRAPO habían atentado contra un alto cargo del gobierno y su escolta, con el resultado de muerte para los dos.
-¿Y me llamo a mí mismo asesino? Se repitió mentalmente Ramón mientras oía las opiniones de los parroquianos.
-Pobre escolta; Repetían unos, a ese sin comerlo ni beberlo le han dado boleto, a saber cómo estará ahora la familia.
-Eso, pobre familia; Repitió Ramón en tono triste. Ramón en cierta forma, era como esos terroristas, cercenaba la vida de una persona sin importarle lo más mínimo sus familias.
Miro con cierto recelo y temor su reloj y viendo que se le hacía tarde, pagó su consumición y sin despedirse de nadie salió del local, había llegado la hora.

El giro brusco y seco de muñeca, hizo sonar como un quejido las cervicales de su víctima al ser partidas, con una leve inclinación de la cabeza del finado, Ramón dio finalizado su trabajo. Con un más que fingido aire ceremonial, el médico subió al patíbulo y auscultando al penado certifico su muerte. Golpeó con una suave palmada la espalda de Ramón agradeciendo la eficiencia en su labor. Este, lejos de esbozar una sonrisa bajó lentamente del cadalso para dirigirse a pagaduría y cobrar el emolumento por su trabajo. En mitad del patio se cruzó con un guardia que había visto en varias ejecuciones e instintivamente le preguntó: 
-¿Qué acto cometió ese infeliz? Señalando con el dedo el cadalso.
-Puso una bomba en una casa cuartel de la guardia civil, a dios gracias que era hora de colegio y no había ningún niño dentro.

Ramón esbozo una leve sonrisa, lejos de ser fingida, era real, era sentida de verdad y masculló:
-Pobres familias. Por una vez en la vida Ramón olvido a la familia del ajusticiado y recordó a las familias de los guardias civiles, se puso lentamente su gabán de ante, recogió su peculio y se dispuso a marchar a casa. Quería llegar antes que sus hijas despertaran. Y se alegró, porque por primera vez en la vida se sentía ser alguien, aunque para la sociedad no fuese nadie, solo un verdugo.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

PORQUÉ MATÉ A MI BUFÓN.

Algunos amigos me preguntan porqué decidí "matar" al bufón que en un momento de mi vida me dio tantas alegrías literarias. Realmente me es difícil explicarlo, sería un insulto hacia su personaje en el que yo; solo fui su mero transmisor a dejar plasmadas sus vivencias en papel. Así que sea el mismo quien se explique: 

Realmente sólo soy un triste bufón que busca el refugio al calor de una sonrisa, en el calor que emana del ser humano. Soy un pobre farandulero que trasmitía mis vivencias para que las plasmara de un modo tangible un aprendiz del papel, la tinta y tintero; yo siempre intenté pasar inadvertido como el silencio; tan invisible, tan fugaz, tan etéreo como el aire. En la soledad del escenario; que es mi habitat natural, dominando un patio de butacas vacías, sobre la nada se cierne mi cetro de poder. Una luz cae en el centro, apenas un punto de claridad en la negrura, me siento, reír o llorar, sería artificio. La respiración pausada, la boca cerrada, los ojos abiertos, los brazos en cruz, la luz reposa tibia sobre mi cabeza. La función, la mentira más grande, va a comenzar. 

Música que guía mis pasos, el rincón del fondo está en penumbra, junto al telón la puerta abierta, la vía de escape.Al frente silencio y en el aire esa canción, ese olor que no es ni cariño ni comprensión. Difícil es fingir ante la nada.¡SAL CORRIENDO, SAL HUYENDO!En el foso hacen señales, la función comienza, es tiempo para la marioneta, para caretas de magia y fantasía.Yo; pobre bufón, lloro por dentro lo que miento por fuera. Con sólo una mirada y sin palabras, con un gesto, un movimiento, la gente vibra alrededor. Con la cara pintada de blanco y negro, azul y rojo y mi ropa extravagante, me pregunto qué hago en un escenario donde la función ya ha terminado. 

Donde grito a la noche sin miedo, porque no me ha dado cuenta de que todos lloran más cuando yo no estoy. Si alzo las puntas de los dedos puede a veces tocar mis sueños y anhelos, acariciar por un momento las estrellas del cielo.Y tu; Aprendiz de tinta y de tintero, tu suerte fue ligada conmigo. Así que ahora arruga las cuartillas medio llenas y dejame morir en paz.

lunes, 25 de noviembre de 2019

LA NECESIDAD DE LA PALABRA.

las palabras pueden ser una caricia compartida; Mitad de quien las pronuncia, mitad de quien las oye.Igual que una margarita nos brinda su aroma, las palabras pueden ser el espejo donde se refleja nuestras acciones. La palabras pueden ser embriagadoras, aunque también pueden herir tan profundamente cual daga afilada. Una palabra equivocada puede hacernos confundir un rayo con el vuelo de una luciérnaga.

Las palabras de aliento son como rayos de sol después de una tormenta emocional. Las palabras si no se acompañan de un pensamiento racional nunca podrán llegar al cielo; ni cuanto menos tocarlo, aunque posiblemente algunas suban como el humo, por contra otras caerán como la lluvia. Las palabras falsas son como monedas; Una puede valer por muchas y muchas no valer nada ni una. Por eso donde falten las ideas, allí estará la palabra.

La palabra acompañará en su viaje siempre a un escritor porque es arma y a la vez manera  de leer mas profundamente  la vida. ¿yo porqué escribo? Por que solo necesito tres cosas; bolígrafo, papel impoluto y soledad. Es lo único que necesito para darle ahora un sentido, aunque sea puntual a mi vida, a mi mundo emocional. Para sentirme en ese momento libre y volar.Por que cada día puedo inventar y traer los recuerdos y sueños al presente y así volver a vivirlos. Para mantener viva la palabra. Para poder reinar esos instantes sobre la muerte. Para sentir como renazco cada día. Para rescatar flores de las cenizas. Para velar el sueño mientras todos duermen. Para que a otros le sirva para apuntalar su sueño. Para servirme como alimento espiritual. Para unir con una cadena imaginaria lo posible con lo imposible. Para salvarme del voraz apetito del lobo. 

Para hacer sentir más vivo el vivir. Para denunciar cuando el poder corrompe. Para alentar y respetar todas las otras formas y opiniones de ver las cosas. Para la fidelidad incondicional a mi forma de pensar. Para que no se borre la memoria de los pueblos. Para un no sé qué.Para aprender descubriendo los secretos del mundo. Para no hacerme sentir que llevo el infinito a cuestas. Para describir la sensación que me produce tu mirada. Para despertarme a latigazos el silencio. Para defender que la palabra no es una sociedad anónima... Que tampoco es unipersonal.

En fin simplemente es solo exponenciar vivencias, sentimientos, anhelos, sueños, delirios y lo mas importante: Esperanzas. ¿por qué escribo? por que me agrada hacerlo, por que lo siento natural en mi.

domingo, 24 de noviembre de 2019

VOLVER.

Volver donde estuve ya hace tiempo; un lugar de nostalgia y maravillosa fantasía que envuelve el hecho reciente de saber por fin que el pasado tan solo es una pagina en nuestra vida presente, de nada sirve revivir situaciones ya olvidadas sin mas rédito ni logro que recordar una gran nada; ya vacía en comparación con los tiempos que vendrán, sentir como se desmorona un sueño que acaba sin empezar porque ya no existe en ti; un sueño que ya simplemente es un retazo que acumular mas en el cajón de sastre en el que se ha convertido mi cerebro.

Me di cuenta Tarde de sentir el aroma y el tacto del reo ya liberto, libertado del sentimiento de sentirse prisionero de la infelicidad de quien no podía lograr vivir en el presente, disfrutar las nuevas gotas de lluvia. He vuelto; Ya me ves de nuevo aquí, sin nada mas que el recuerdo del aliento y el regusto a alcohol que por matarme, mataba hasta mi tiempo, la memoria que evocaba los vanos recuerdos de un tiempo pasado mejor. Aquí me ves solo sin esa subyugante bebida que maltrataba mi inhóspito cuerpo. Mi mente ya no trotamundea en una nube que yo creí necesitar; el sentirme encadenado por esos vapores clandestinos que formaban todo aquello que ahora creí que me saca de este mundo; un hábitat no mucho mas real que el mío o tal vez únicamente menos cruel conmigo mismo, con todo aquello que hacia de mi una peor persona aunque no por ello dejé de ser humano, sino que mas bien me uní a ese club de poseídos por el afán de ser mejores y por supuesto verdugos de todos los que eligieron el camino largo o mas corto hacia donde nadie podían apostar que nunca llegarían.

Aunque debo de ser del todo sincero; En realidad después de navegar entre lo real y lo irreal me queda la misma sensación, como si  hubiera acabado en cualquier bar de tres al cuarto; únicamente con esa lucidez que se consigue tras unas cuantas incursiones en la cartera y alguna palabra banal cruzada con la camarera del garito; la sensación de cohabitar por un rato delante de las botellas, justo entre ese maravilloso néctar y la pegatina insustancial que no hace nombre de lo que hay dentro. Me duele el alma recordar ese pequeño recodo de mi mente donde me imagino y se me muestra una imagen mia tan acabada, tan decaída, derrotada y quemada. 

Duele mantener ese dejavu ante un retrato tan obvio y descarnado para cualquier persona de un ser grotesco pero real; tangible al alma, cada vez mas hundida en un pozo, oscuro hasta para la luz. Pero ahora me veo como soy; sin mascara, piel, armadura. la soledad y su sórdido entorno desprotegido de mi fue donde nació la idea fugaz de verme a mi mismo y mi figura apareció detrás del miedo, clara; la visión fue muy esclarecedora; era la de un hombre enclenque y débil en posición fetal inmóvil ante lo que pasaba fuera o dentro de el, yo siempre al margen, yo solo enfrente del espejo, otro vidrio nada parecido al antaño portador de alcohol que solo reflejaba lo que yo solo quería ver en mi. Absorto ante esa mirada como vacía; aun mas perdida de lo que me imaginaba o creía creer. 

Y por fin empiezas a entender todo ahora como una clara revelación, Entiendes porque esas antiguas ideas, sin cuerpo, sin esqueleto definido parecen difuminarse por fin sin tomar color y forma.Este ejercicio de recordar me hace mucho bien, me hace ver el yo antiguo y el yo nuevo.Ese ser de antaño que su raciocinio desaparecía del pensamiento para ir a parar a la boca; desde donde volaba por el enrarecido ambiente de humo y nube de alcohol etílico. Flotando en una nube embriagadora amenazando cualquier ápice de lucidez anterior, es tu alter ego quien es dueño de tu maraña de pensamiento, de tu ejercito blasfemico de incoherencias en pie de ataque a sus ordenes. Es tu yo sin tapujos, el yo que no conoce tabúes, aun menos conciencia o educación; es tu yo grande y aguerrido, el de las batallas perdidas.

El desconocedor del mañana; el bárbaro sin mas aspiraciones que llegar al garito mas cercano para alentar su hígado que le dará alas a esa boca negra y sucia de donde bellaquerías y banales caprichos crecen haciendote creer que de esa forma se consigue una aceptación social, y aunque alguna vez; rara vez, te surge la necesidad de querer resurgir de tus cenizas, una nueva engullida del liquido color  oro nubla cualquier atisbo de sensación de control sobre lo que antes fue un individuo y ahora no lo era. 

En fin, como anteriormente he dicho eso es ya un simple recuerdo y he entendido y comprendido que algunas palabras molestan no por su veracidad sino por la necedad con que están dichas; pues soy sabedor que en toda historia surge la duda de conocer la otra verdad, el autoengaño nuevamente, dado que al final esta vida se acaba, dado que la felicidad es una palabra tan amplia y tan complicada y dado que cambiar es un reto...la ecuación no queda mas que reducida al absurdo de no ver lo que uno siente y desea, siempre consecuentemente aceptada...



sábado, 23 de noviembre de 2019

EL NACIMIENTO DE LAS MUSAS.



Cada una de las deidades que, según la fábula, habitaban en el Parnaso o en el Helicón y protegían las ciencias y las artes liberales, especialmente la poesía: musa Calíope. Esa fiel doncella sin galán que enamora a quien tiene la dicha de poder mirarla. Esa reina coronada de poemas y canciones. Esa diosa que se Alimenta de lamentos y de ensoñaciones; que cuando menos lo esperas un buen día despierta tímida; primero un poco, luego un poco más, como saliendo de una sábana espesa, sin principio ni fin, como si naciera surgiendo de la nada en medio de la noche, sin avisar, silenciosa; sabiendo que todo está igual que lo dejó.

Y dulcemente aparece toda ella, dejando ver lo que aquellos días ocultó; ese rostro unas veces bello y otras cruel. Abriendo los brazos en cruz como si quisiese abrazar a todos los que se enfrentan a un papel en blanco o pautado, un maculo lienzo hambriento de colores, un trozo de madera o una mole de granito o barro. Sus brazos abarcan todo, con una salvedad; aprietan pero no ahogan... Ahora me está mirando, lo sé porque noto en mi espalada la mirada de esos ojos repletos de paz, esos ojos cálidos y serenos abiertos de par en par. Y no puedo esconderme de su mirada, porque haga lo que haga, vaya donde vaya durante la noche, esos ojos profundos, tranquilos, me estarán vigilando, atentos, siempre atentos.¿que podría decir de su boca?, esa boca que grita sin ruido, que habla sin palabras, esa boca unas veces acusadora que me riñe como a un niño si levanto la vista del papel aun impoluto.

Esa naturaleza propia de una madre, esa bondad especial. Una guía, una luz, un farolillo de las noches claras, una vigía, celadora en las noches solitarias, guardiana de sueños... faro en la mar. Atesora una expresión perenne de sorpresa, de temor. una tez impregnada de blancura pálida y delicada como un algodón de azúcar.Y Sueño, sueño con tocar la musa recién nacida, sueño con acariciar su rostro y apretar sus mejillas; y la musa me sonríe y se encoge, y se difumina en el aire de mis cuatro paredes... Comienza a salir timidamente el sol.

viernes, 22 de noviembre de 2019

PETRICOR.

Es muy posible que en alguna ocasión te hayas encontrado con esta palabra: “Petricor”, si su sonoridad ya es de por sí tan curiosa como agradable, aún lo es más el término al cual da significado.

Petricor es el olor que desprende la tierra cuando está húmeda. Es esa fragancia que nos envuelve y nos atrapa, una sensación que nos hace despertar por dentro y unirnos a esa atmósfera pura que nos revive y hace que nos chispee el alma.
Ahora bien, sabemos que esta fragancia, que este olor único es el preferido de millones de personas, pero… ¿hay alguna razón para que esto ocurra?

No solo a los humanos les gusta el olor a Petricor. O la fragancia de césped recién cortado, o esa bruma tibia que se levanta en los bosques después de las tormentas. A muchos animales también les atrae.
Podríamos hablar casi de “instinto”, en especial si nos vamos a zonas desérticas donde la lluvia no es muy común. Suele decirse, por ejemplo, que los camellos tienen un olfato único para encontrar agua, y que pueden guiarse a lo largo de kilómetros para encontrar esa zona en la cual, acaba de llover.
Todo ello se debe a la “geosmina”. Es aquí donde una vez más, nos encontramos con algo curioso: geosmina, en griego significa “olor a tierra”, y a su vez bautiza a una sustancia química que produce un tipo de bacteria: la bacteria de Albert. Es ella, junto a una serie de cianobacterias más las responsables de dejar escapar en la atmósfera esta sustancia química tan especial.

En el momento en que la lluvia desciende y humedece dichos organismos, e incluso un tipo de hongos como el Penicillium expansum
, se desprende la tan apreciable y cautivadora geosmina. Y no, no importa lo pequeña que sea o que se encuentre en una bajísima concentración en el ambiente, nosotros la captamos de inmediato, así como muchos animales e incluso insectos, los cuales, necesitan acudir a esos escenarios húmedos para hidratarse, en especial si viven en zonas muy áridas.
Señalarte también que existen algunos cactus y flores en el amazonas
que son capaces de producir geosmina para que así, los insectos no puedan resistirse a acudir hasta ellos, y así, polinizarlos. La naturaleza como ves, es sencillamente maravillosa.


Es posible que la tierra húmeda despierte también en nosotros determinados instintos, o esa unión mística y especial con la lluvia, con la tierra que nos ampara y que de algún modo, nos ofrece la vida.
Sea como sea, el Petricor se alza como ese tipo de cosas que no requieren dinero para disfrutarse, que nos aporta felicidad y esa belleza sencilla que se esconde en las cosas más elementales.
Y ahora dime… ¿también a ti te gusta el Petricor?

jueves, 21 de noviembre de 2019

INGRATITUD.

Que Ingrato es el tiempo. Viene, nos saluda y se
marcha raudo y veloz.;Y nos dejas toda una vida para perseguirle.

Bueno, la verdad que al menos en mi caso, hace un poco de juego legal. Al principio decidiste marchar a mi lado muy despacio, ya sabias de antemano que mi caminar no era muy fluido ni continuo. Aunque una vez que viste que poco a poco y con entrenamiento te conseguía alcanzar decidiste apresurar tu marcha. Y ahora que lo pienso tiene hasta su toque gracioso. Yo, ahí, corriendo detrás tuya como si de dos niños jugando al pilla pilla se tratase. Y sin darme pabula ni pausa para detenerme a saludar a aquellas personas que me reconocían; apenas un hola, un hasta luego efímero y rápido y a seguir.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

NOCHE DE AQUELARRE.

Les daba igual que las gotas de agua cayeran como alfileres finísimos que penetraban en el suelo y se deshacían. Sus abrigos eran azotados por el viento, y sus cabellos húmedos permanecían pegados inquietos en su tez. Pero es sábado noche; es día de Crear aquelarres. Danzan, beben, cantan, sorben el aire del cielo con espectros de luna, y se acarician. Hacen rimas apócrifas por su pelo, estrofas por sus ojos, poemas por su cuerpo, y libros por su ausencia. No se ahuyentan, pero huyen ante la catastrófica e inquisitiva mirada de la gente y de la sinrazón. Y juntas recorren los garitos de la ciudad mientras el sinsabor del desamor les acribilla la garganta, y la metralla del desasosiego sirven de desgaste al corazón. 

No es noche de cazar amores efímeros de hombres, no es noche de aquelarre; ni tan siquiera de invocar cabrones. Es noche de brujas urbanas; brujas solitarias. Mientras absorben el néctar del sábado noche se abrazan sobre bancos, mirando al cielo, proclamando realizaciones físicas de ideales y utopías inmateriales, se dejan mecer por sus anhelos y deseos. Dejan que el viento acaricie sus cabellos y que el frío les abrigue con su manto gélido. Y tumbadas en la acera, piensan que son aquello que les gustaría ser; que escriben, que cantan, que son famosas, que alguien las necesita, que no están solas, que son el objeto de deseo de cualquiera que se les cruce esa noche.  

Y de repente despiertan doloridas por el frío, sucumben como siempre al desencanto de la irónica luz de sus sueños opacos. Y mientras lloran, por la ausencia de las caricias en sus cabellos, benditos cabellos, beben, y tras maquillar la ciudad de los muertos, imaginan. Imaginan que las farolas de las calles emulan las luces del siglo de las luces, imaginan que su sonrisa es el arco siniestro de la luna, que el suelo que alternativamente pisan, alternativamente lo hubiera pisado Bécquer o Espronceda, que ellos pasaron por lo mismo, que también se sentaban solos en el rincón de la clase para que nadie leyera sus poemas, pero no. 



No fue así, y las luces son bombillas que dañan su vista. Y el alcohol les hace vomitar, y los poemas que escriben son fútiles e insulsos, y a nadie le interesa. Y sus bailes son torpes. sus caricias obsesivamente lúgubres, son inútiles, y no disfrazan su manifiesta soledad. Y el silencio del mundo solo es resaltado por su griterío. Están solas, son ridículas, patéticas, pero, ¿Y qué?. todo vale para luchar contra el odio del mundo... el odio de la vida...

martes, 19 de noviembre de 2019

LA DESPECHADA.

En todos los pueblos y ciudades existe una calle sórdida y solitaria, esas calles que te recuerdan a las ciudades dormitorio de los años setenta , y siempre como por regla no preestablecida existe el típico bar cutre, propio de borrachos prematuros y a deshora,calles en las que todavía se les conmina a subir  golpe de chillido, por su nombre o diminutivo a los niños distraídos en juegos de acera y que les anuncian la hora de cenar. Una de esas calles es la de la CARIDAD DEL COBRE. 

Aquel día, creo que jamás lo olvidaré, era martes. Llovía a cantaros, pero no por el mero hecho de que jarreara me decidí por aquel garito; De hecho ni siquiera aquella especie de garaje solo visible la entrada por un neón en sus últimos estertores lumínicos denotara que aquello era un bar, un local sórdido con una barra ajada y algunas botellas mal repartidas entre unas pocas estanterías de cristal opaco o cochambroso por la suciedad acumulada; En fin que yo no podría jamás  llegar a denominarlo “Bar”, ni tan siquiera “garito” tan a la ligera. Normalmente a esas horas de la noche y más en día laboral, salvo las meretrices y sus chulos, sólo hay gente en paro esperando a que la fortuna no pase de largo otra vez. Gentes que no se fijan en nada y que lo ven todo, que se mienten entre sí pero que no se engañan. Semidioses del Olimpo etílico. En realidad el lugar era lo de menos, lo importante aquella noche era conseguir alcanzar un fin; El poder olvidarme, ganarle la partida por  esta vez al incesante recuerdo de la orografía de aquel cuerpo desde tantos años conocido, explorado, sobado, disfrutado. Pero es que es tan duro olvidar... Y más si se alían la pena y el dolor. 

A el le bastaron solo tres segundos para barrer todas mis anhelos y esperanzas de planes futuros, y era tan duro verlas esparcidas por el suelo de la cocina... al menos podría haberlas barrido bien, como debía de ser, mejor dicho, como la coherencia sugería con alguna explicación,. ¿O ni siquiera eso me merezco?. Justo pensaba en eso, cuando las luces de las dos barras mal puestas de neón en que consistía el letrero del bar, captaron mi atención. Lo cierto es que no lo pensé, simplemente me limité a entrar, atraída por el suave rumor que salía del interior del local, por los intermitentes colores de una máquina tragaperras, por el impasible e interminable aspeo de los ventiladores antiguos, como molinos en horizontal. Además, ¡Que coño! me apetecía un güisqui. Irlandés y sin hielo. Una vez dentro me senté en la mesa más alejada de la entrada. Y no me equivoque en mi sensación que era uno de esos bares en los que hay cuatro individuos con aires de perdona vidas en la barra contándole sus penas al camarero, de esos tipos que cuando ven a una mujer aceptablemente medio guapa  o dado su nivel etílico, hasta una cabra con falda les parecería una diosa del deseo no le quitan la vista de encima, de esos que cuando te miran te están catalogando, calificando obscenamente, despreciando, para luego olvidarte al rato solo al volver la vista a su vaso apoyado en la barra del tugurio.

A mí ya me habían olvidado para cuando quiso llegar el camarero, me preguntó que  tomaría y en una nada me preparó y trajo el brebaje. Y allí estaba yo, a duras penas comprendiendo, intentando volver a concentrar todo mi odio en aquella memorable piel blanquecina, en ese par de ojos, oscuros como la boca de un lobo... pensando que no, que ya no, que nunca más, que jamás, que yo tenía mi dignidad. Y de fondo como banda sonora en mi mente, el ruido de un patético bar en una calle oscura y sórdida de la periferia urbana. El amortiguado murmullo de voces masculinas entrando a saco por mis  sentidos, quebrando el ecosistema provisional de defensa que la mente humana suele establecer por sí sola, al aislarse del mundanal ruido. El güisqui no me gustó, estaba demasiado fuerte, y yo no estaba acostumbrada, la verdad. 

Durante los cinco años que estuvimos juntos, rara vez probé algo de alcohol, y cuando lo hacía, siempre lo hacía mezclado con mucha coca-cola. Además, el  con su ya evidente fingido proteccionismo nunca hubiera permitido que yo me emborrachara como una vulgar fulana. Pero el caso es que aquella noche me daba igual, total no iba a perder nada, y mucho menos a ganar pues ya no había nada en juego. Aunque  he de reconocer que cuando apareció aquel atractivo espécimen de macho alfa recién salido de la jungla urbana la idea de salir casta y pura aquella noche me resultó ridícula. Entró un tanto indeciso, como que no parecía de su agrado el ambiente interior, creo, porque tampoco es que me fijara mucho. Se detuvo en la barra, me miró y le dijo algo al camarero. 
- “Lo mismo que la señorita, pero que sea doble y con hielo, por favor”. Después con aire decidido se acercó a mi y me preguntó si podría compartir mesa conmigo. 

Desde luego en mis planes no pasaba oponerme a tal petición, especialmente ante las tentadoras perspectivas tanto visuales como sensitivas que se les presentaron a mis necesidades más inmediatas y que tanto afloran al romperse una relación sentimental. Tan sencillo como que necesitaba un hombro donde poder apoyarme y lo encontré. Por otro lado me vi en una necesidad inmediata dadas las circunstancias de mi salida de casa y por tanto sentí obligación de aprovechar aquella oportunidad que me brindaba la vida, ahora que ya estaba sola. Estuvimos toda la noche juntos. Y sólo le cobré 50 euros. En fin, creo que me voy a enamorar muchas, muchas veces…

lunes, 18 de noviembre de 2019

EL HEREDERO DEL BARRIO.

La calle CARIDAD DEL COBRE callaba; sólo un viento racheaba la calle vacía mientras los perros más madrugadores vaciaban los contenedores en busca de algo más provechoso que el frío. Un bote de lata cayó desde un contenedor al suelo, producto de la búsqueda de alimentos de los cánidos entre la basura; con estruendo con sonido metálico, rodó hasta sus pies pero no se inmutó. Los plásticos volaban desde dentro del contenedor haciendo traviesas filigranas en el aire, y una hoja de periódico chocó contra su rostro; el tan sólo resopló, el viento volvió a llevarse el papel de nuevo.

Era su esquina de la calle; él ya ni se acordaba desde hacía cuánto. Envuelto entre cartones se hacía el remolón para despertarse; además, la helada mañana tampoco ayudaba. Poco a poco se desentumecía. oía de fondo una melodía silbada seguramente por algún barrendero municipal que se le acercaba. Algún claxon de un vehículo aislado anunciaba el amanecer de otra jornada, dura, pero ya familiar. 

Se incorporó con perezosa lentitud, casi hasta sentarse.Ahogó el temblor de la noche con otro trago a la botella de vino tinto que había comprado, se incorporó con decisión pero las rayas del paso cebra bailaron como las teclas de un acordeón. 

Casi al final, trastabilló en el borde de la acera y, sin caer, consiguió abrazarse a la farola salvadora que salió a su encuentro; con una voz estridente y casi gutural exclamó:

- ¡ Soy el heredero del barrio ! ¡ Soy el garante de vuestro sueño !.
Era domingo y apenas había tráfico ni gente paseando todavía a esas horas. Algunas estrellas parpadeaban en sus últimos estertores antes de ocultarse; pero hacía tiempo que había dejado de mirar hacia arriba. Divisó la silueta metalizada de la estatua a la entrada del parque, tras el parterre contiguo bordeado por un descuidado y mal podado seto; estaba en su campamento de día, su lugar ya natural durante esos días de astio; aunque ya no recordaba desde cuándo. Dirigió sus pasos tambaleantes hacia la escultura, y por fin se sentó en la base de su peana, aliviado de haber llegado con la botella intacta. 

Aquella no era su ciudad, pero hacía tantos años que vivía allí que ya no quería acordarse de la otra casa que perdió, ni de su esposa, ni del trabajo. Aunque quizás no fuera ése el orden y primero le abandonó ella y luego, se entregó a beber sin medida ni mesura. Sólo a él se lo había contado todo; al paciente personaje de aquella estatua desconocida para muchos y en cambio para el convertida en su confidente, un espectador mudo e impasible.A veces le parecía estar hablando a voz en grito, pero lo cierto es que mantenía una conversación interior consigo mismo; hablaba y se hablaba, sin orientación, para volver al comienzo de una rueda donde resultaba imposible discernir el final. Por eso bebía, para dejar de escuchar la continua perorata de su mente, para evitar descubrir que su sordera venía de adentro. Podía estar durante horas contando sus penas a aquella estatua aunque sólo la estuviera mirando, pero ella le escuchaba atenta, sin perder detalle, condolida y seria, prestándole el mínimo honor merecido.


Incluso después, a lo largo de la jornada, sin importar por dónde vagaran sus pasos, la tenía presente y comentaba sus devaneos, para luego, de regreso, retomar el asunto con un familiar: "...Ya te dije, amigo, que no era ése el camino, pero aquí hemos llegado".Apuró un trago más, apoyado de espaldas a la estatua, con las piernas estiradas hacia el seto, antes de guardar la botella bajo el gabán. Eran muchas voces las que se agolpaban en su cabeza mareándole, pero un sexto sentido le advirtió que esta vez las voces que vociferaban con estridencia, venían del exterior... Fue ese mismo sentido el que le despertó de repente a una realidad olvidada, sabía que corría peligro, se lo habían contado en las calles del centro, donde seguir viviendo así, para algunos de los que conocía, se había convertido en un infierno. 


A su amigo Alvaro le quitaron de en medio el pasado invierno dándole una paliza mientras dormía envuelto entre cartones. Entre la penumbra todavía existente vio acercarse hacia el un grupo de jóvenes blandiendo algo entre sus manos y maldiciendo a viva voz... Pero: ¿ quien podía hacerle daño al heredero del barrio?

sábado, 16 de noviembre de 2019

DEBERÍAMOS.

Deberíamos ser conscientes que la vida es tan volátil y cambiante que algo podría estar bien en este instante y podría ser un error en el futuro próximo. No intentes ni por un momento ser consistente; de otra forma, estarás muerto. Apoya un pie y a continuación el siguiente,la vida es una cuerda floja en la que debes intentar estar vivo con todas sus inconsistencias.

viernes, 15 de noviembre de 2019

GOTAS DEL MISMO CHARCO.

Somos gotas de un mismo charco, charcos de una
misma lluvia, lluvia de unas mismas nubes, nubes de un mismo cielo... Abajo olas de un mismo mar, un mar en el que todos nos bañamos; Negros, blancos, mestizos o del mismo arco iris. Ese mar donde todos los ríos van a desembocar ávidos de sal. 

Podremos ser negros como un pozo de brea o blancos inmaculados. Todo no puede ser simétrico porque se pierde la esencia del ser y estar y por ende olvidamos esos maravillosos verbos por hoy proscritos, pero eso si... Vivamos sin miedo de perder la identidad.

miércoles, 13 de noviembre de 2019

BLANCURA MANCILLADA.

¿Cuántos kilómetros faltan?. Esta era la frase que más le repetía continuamente a mi amigo. Él, con la resabida y remanida frase:
-Ya falta poco;  zanjaba la pregunta mientras conducía el automóvil en el que viajábamos por una carretera secundaria en busca de un lugar al menos para mi desconocido; sabía a que iba, lo que no sabía era donde.

Habíamos salido hacía horas de Motril. El cansancio y aburrimiento era la nota predominante en el interior de automovil. Pasaron unos minutos más de conducción entre curvas sinuosas que marcaban el trazado de las montañas hasta que por fin alcanzaron a ver su destino: una finca con un palacete señorial del siglo XVIII. “Es una fiesta que vas a recordar el resto de tu vida”. Recordé que esa frase se dibujaba repetidamente en la sonrisa mordaz del amigo que me invitó al evento. Lo que no me explicó era que nada mas llegar al local me desnudaron para poder asistir a la fiesta. 

Cuando yo indagaba sobre la índole del evento con las preguntas más variopintas que se me podrían ocurrir; dos hombres que bien podían definirse como: "armarios empotrados" con frac negro me fueron despojando bruscamente de mi vestimenta entre gruñidos y refunfuños más propios de quien tiene que desembalar todos sus muebles en una mudanza que de alguien que le está quedando a uno en pelotas. Sabían que mi resistencia era del todo inútil, ya habían hecho lo mismo con todos los demás invitados de la fiesta. Para ellos ya era un proceso casi mecánico. He de admitir que tenían gran destreza desnudando, esa es la verdad. A mí, en poco más de medio minuto me tenían tal como mi madre me trajo al mundo; Luego llegó el baño. De un empujón brusco me arrojaron a un pequeño estanque lleno de pintura blanca. "Un baño de blancura" oí balbucear a uno de los trajeteados. 

Seguidamente me hicieron pasar al salón; decenas de cuerpos blancos en un gran salón de forma esférica con suelo y paredes de mármol blanco que curiosamente creaba una irisdiscencia maravillosa al reflejo de la lámpara de tela de araña que colgaba en el centro. “!Menuda fiesta sorpresa!” pensé; desnudo total, pintado de blanco. Solo en mi mano portaba un rotulador negro similar al que iba siendo suministrado por un mayordomo a cada invitado. Un rotulador negro para crear sobre los otros cuerpos; para vestirlos. Nadie me explicó qué debía hacer, no hizo falta. Aquello era un espectáculo; Debíamos vestirnos de palabras, de pensamientos... de poesía. Aquello era un baile de folios humanos. Folios que se escribían, se dibujaban entre sí. Folios de todos los tamaños posibles:  apaisados, grandes, pequeños, gruesos... cuartillas humanas. 

De fondo sonaba un vals demasiado melifluo a mi manera de ver. A mí me vistieron con un par de historias de aventuras, cortas, unos agónicos poemas de amor, unas partituras de música, una receta de cocina e incluso con alguna demostración de una formula matemática. Nada mas terminar la fiesta a cada uno de los invitados se nos fue devolvieron nuestros trajes, pero nadie quiso despojarse de su blancura mancillada.


martes, 12 de noviembre de 2019

TE LO REPITO DE NUEVO... ¡ VUELA !



Tu cuerpo, como un símil de botella ya no puede cambiar su forma de actuar ni cambiar tu destino. No seas jamas recurso de hombres de alma en pena, placebo de almas medio muertas que te compran y después te tiran. Medio llena. Medio vacía.
Aunque vivas la mitad de tu existencia entre sus manos locas que nunca sabes donde te van a dejar y después, cuando han curado sus penas, te tiran, te estrellan contra una farola, y miles de pedazos verdes y cortantes se esparcen por las aceras siendo ya entonces un peligro andante del que todo el mundo se olvida.y que tampoco intentan ver con otros ojos, con ojos vivos, ojos sin pena.
Penas que no desaparecen contigo, que se acentúan más aún, si cabe, y que continúan a la mañana siguiente junto con el dolor de cabeza, de pensamientos, junto con la rabia contenida por no poder dar marcha atrás en el tiempo y corregir los errores, las palabras dichas y las no escuchadas por unos oídos ciegos al murmullo de los te quieros fingidos y estériles.
Porque por mucho empeño que pongas no podrás ser una de esas botellas que llevan las penas contenidas de otro modo. Una de esas que flotan a la deriva en océanos inmensos como las vivencias húmedas de sal que descansan en su interior, esperando ser recogidas tarde o temprano en la arena, por unas manos cálidas, por una mente enamoradiza dispuesta a darte amor.
Pero como alguien me dijo una vez, todos tenemos un cometido y un destino en la vida que nos toca vivir, si eres lo que eres será por que así ha de ser.
¿Y tú? ¿puedes cambiar tu destino?

lunes, 11 de noviembre de 2019

VUELA.

Mi queridisima princesa, has pasado demasiado tiempo atada, apegada y amordazada a la desidia. Recapacita y cuenta y tacha en el calendario cuantos días has pasado andando descalza sin saber cuantos kilómetros más debías andar. Porque creyéndote libre e independiente has estado más atada que nunca.
Crees o quieres creer que has encontrado tu camino, tu meta. Pero la tierra volverá a ensuciar tus oceánicos ojos y no te dejará ver más allá, la confianza que creíste alcanzar se desgastara como la suela de un zapato ajado de andar entre piedras y arenisca.
Si alguna vez consigues despegar y volaras alto y lograses ver las cosas desde ese punto que sólo ese quimérico Dios consigue ver, puede que aprecies las cosas de manera distinta.
El mar de tu mirada puede ser un océano y las mentiras simplemente ser juegos de palabras, puede que los sentimientos sean vida y que tu amor dadivosamente otorgue felicidad.
Sí, definitivamente creo a pies juntillas que lucharás un día más, y simplemente te digo: Seca las lágrimas y sé fuerte y sobre todo vuela,pero siempre ten presente y recuerda que no es la primera ni la última vez que vas a caer, pero no dejes jamas de volar.

domingo, 10 de noviembre de 2019

LAS SUERTES DEL PRINCIPITO.

Ya he perdido la cuenta de las veces que me compro el mismo libro y creo que no será la última. El libro en cuestión es “EL PRINCIPITO”, de Antoine de Saint-Exupéry.La primera vez, tras leerlo, fue un amor a primera vista, me caló de lleno, pero como como un amante efímero,  por arte de magia se volatilizó sin dejar el mas mínimo rastro desapareciendo para siempre en mi mudanza de Madrid a Badajoz, entre tanta y tanta caja. 

Una vez que volví de vuelta a Motril me hice con una segunda copia del libro. Una tremendamente original y chula que encontré en una librería cerca de casa, De pastas duras y con unas láminas bien dibujadas y coloreadas, apenas si me duro unos meses.Recuerdo nitidamente en mi memoria ese día que lo saque de la estantería, privándolo de la protección que esta brindaba; lo mismo que sacar a un soldado de su trinchera, y lo dejé sobre la mesa. Crasso y por ende fatídico error. Por aquella época mi perro GENIO pasaba ese periodo que los perros tienen cuando son cachorros en el cual lo muerden absolutamente todo. El resto es fácil de imaginar y vaticinar ¿Verdad? El muy jodido hijo de perra lo convirtió en confetti con un par de bocados.Ya iban dos…Pero no desistí; rebuscando en las librerías compré una tercera copia del libro. 

Porque otra cosa no seré pero a cabezón no me gana nadie…Y descansó tranquilo y seguro al abrigo que le brindaban mis otros libros, hasta el fatídico día.
-Llevo mucho tiempo queriendo leer este libro ¿Me lo prestas, verdad? me preguntó mi hijo Daniel, al tiempo que dando por sentado que mi respuesta era si lo arrancaba de mi estantería. Hace tiempo leí que los libros tienen vida propia y orgullo, y que tal es su soberbia, que cuando los prestas, por venganza jamás vuelven a tu lado, y que gran verdad. Parece que se molestó mucho conmigo; Ya que desde entonces ni tan siquiera me ha mandado un mensaje al móvil para decirme que tal le va en compañía de otros libros raptados como el…Tiré la toalla, lo admito. 

Parecía que mi relación con ese libro era del todo imposible y acabe por aceptar los hechos. El caso es que hoy, mientras me llenaba de polvo las manos en un viejo rastrillo benéfico, de cuclillas, para alcanzar a ver los libros del fondo (siempre suelen estar los mejores), di con un viejo conocido. El mismo, con un PRINCIPITO en blanco y negro en su portada.Y pensé que no hay tres sin cuatro, y lo acabé comprando. Le puse en situación, le hablé de sus hermanos caídos en combate, y que rehuyera de manos melosas. Que se atrincherase bien ahí y que vendiera cara su vida.Y es que el libro, para aquellos que no lo han leído, es una verdadera joya.

Para rememorar viejos párrafos, abrí sus páginas al azar. Intentando dar con un dialogo en cuestión, el de el principito y la rosa.
—Te amo. le dijo el Principito a la rosa.
—Te quiero demasiado. Le respondió ella. Inmediatamente le contestó el Principito:
—No es lo mismo, querer significa tomar como una pertenencia a los demás o a algo en particular. Es encontrar en los otros lo que llenaría mis expectativas de compañía y sentimiento de afecto. Si la otra persona no me da esperanza, sufro. Debemos entender que cada uno de nosotros es un Universo. En cambio si amo a alguien, no tengo expectativas ni espero algo a cambio.Y siguió diciendo:
—Amar es desear lo mejor el uno al otro, incluso si esta persona tiene motivaciones muy diferentes a las mías. El amor es para permitir que el otro sea feliz, aun cuando su camino sea diferente al mío. Es un sentimiento desinteresado que nace para darse y tiene que ser completamente desde el corazón.Sólo podemos amar lo que sabemos, porque el amor significa saltar en el vacío, y es un acto en donde nos entregamos por completo con nuestra vida y el alma. Y nada puede compensar un alma entregada. El amor es saber que no cambiará por ninguna razón lo que siento, ni el tiempo, las dificultades o mis propios tormentos pueden afectarlo. Dar amor no agota el amor, muy al contrario, esto lo expande y aumenta ya que esa es su naturaleza. La única manera de devolver el amor, es abrir el corazón y dejarse amar.
—Ya entendí. le respondió la rosa.
—El amor no se puede entender, se debe vivir. dijo el principito.

Lo más seguro es que dentro de una semana o dos a lo sumo se lo coma una voraz horda de polillas del papel, o que sufra una combustión espontánea y al ir a verlo me encuentre solo con sus humeantes cenizas, o bien coja las maletas y se marche por su propio pie, aterrado por como suelen acabar aquí los volúmenes de “EL PRINCIPITO”.

sábado, 9 de noviembre de 2019

El RELOJ IMPERTÉRRITO.

Tumbado en el diván de mi salón contemplo mi reloj de arena. Lleva ubicado en el mueble del salón desde ya no recuerdo cuanto; entre fotos enmarcadas de familiares; instantáneas de momentos puntuales de mi vida. Un viejo reloj que heredé de mi abuelo; un reloj viajero, transeúnte que habrá marcado tiempos buenos, malos, tiempo felices, de desdicha, de amor...

Mientras lo observo ensimismado; Reflexiono con cierta tristeza como derrocho el tiempo que me queda con cada grano de arena que cae.
- ¡Serenate coño ! - Me digo.
- Solo piensa que por el momento todo ha acabado y pronto volverán los días felices.
- Veras como el reloj marcará a tu favor el tiempo que transcurra; pasaran uno, dos, tres, cuatro y cinco días... semanas y meses. No debe de preocuparte lo mas mínimo Me digo mentalmente. Pero joder… ¿Como se puede vivir con algo que no se puede soportar como es la espera? con algo que ni tan siquiera puedes tocar, Algo, que por más que quieras no se va, no se borra, no se olvida y para ella es muy fácil ponerme en un continuo brete. 

Es sumamente desagradable la sensación de que por cada instante que pasa, el tiempo me arranca un pedazo de esperanza.
- ¡ Infame y cruel reloj de arena cumpliendo su misión!. Balbuceo entre dientes mientras el crea un nuevo montón de arenilla en el fondo, creación que va al compás del tiempo en que se va engrosando el montón de mi incertidumbre y de mi pena. ¿Alguien puede explicar la lentitud con la que transcurre el tiempo para quién espera? Yo no, pero lo que si se es que cada instante, cada grano de arena que cae se me muestra burlón, riéndose de mi angustia a carcajadas, cada grano es una duda que acaba de nacer. La arena en mi reloj me amenaza como un ladrón, que no se quiere conformar con menos, que socabandome mi raciocinio.

Los relojes de arena ilustran gráficamente los sentimientos: 
Mientras la parte superior aún permanece llena, el optimismo de tiempo renovado nos hace movernos. Pero conforme vemos agrandarse el montoncillo de la base y vemos como la estrecha y fina hendidura de cristal deja paso a los finos granos de arena, empezamos a darnos cuenta que el tiempo se nos va y no hemos avanzado nada, permanecemos impertérritos a lo que sucede a nuestro alrededor, tiempo desperdiciado que marcaran de una forma u otra nuestro destino. En mi caso, y supongo que en el de mucha gente, yo no puedo invertir mi destino como se invierte un reloj de arena. El destino a sido muy caprichoso conmigo, pero no puedo hacer nada, Porqué ni siquiera sabría, ni puedo explicarlo porque lo digo.

Hay tantas excusas que aún recuerdo esgrimir para aseverar y perjurar que lo que hago es lo correcto, lo que si tengo ya claro es que con el tiempo que marca la arena al caer he aprendido a desechar las viejas excusas inservibles. Finalmente; Cuando caiga el ultimo grano de arena y el reloj deje de contar los minutos, será cuando se agote mi esperanza. Porque lo único real es que el tiempo pasa, nunca se detiene, y lo que a todas luces me está demostrando no es para nada algo bueno, sino todo lo contrario; Me demuestra que en esta lucha llevo mucho tiempo solo.