sábado, 29 de febrero de 2020

DESDE EL CRISTAL.

Últimamente mi lobo me está ganando la partida, en su inmisericorde labor de acoso y derribo ha puesto toda sus ganas y eso lo noto en mi cuerpo mas aun, hoy tenía pensado salir a la urbe y pasear tranquilamente, sin prisa, como las veces que puedo hacerlo, sin importarme el tiempo ni el lugar donde me dirijo, hoy por hoy, cualquier destino es bueno, mis ojos aunque lo hayan visto infinidad de veces, los volvería a ver como un niño ve sus regalos en reyes magos, ilusionado, asombrado. Percibes detalles, sonidos, olores que en circunstancias ajenas jamás percibirías, es una sensación maravillosa.

Pero hoy mi lobo ha decidido que  no reviva esas sensaciones, que hoy siga enclaustrado en casa, en mi cárcel, esa que cada día que pasa me aprisiona mas hasta asfixiarme, la  morada donde el lobo se hace mas fuerte. Retomo mi actividad cotidiana y desesperante por momentos, ósea mirar por el ventanal de mi habitación habilitado ahora como estudio, veo Gente que va, gente que viene y personas que no sabe si va o viene.

Quisiera que comprendierais que tengo días marcados en rojo en mi calendario mental, Son días que vagamente me recuerdan que fueron mágicos en mi ayer, cuando aún tenía el control de mi vida, Pero también hay fechas que señalan Los puntos de inflexión que marcan mi presente donde ahora reina el descontrol, desde hace un tiempo no paso las hojas de ningún calendario, alguno de los números marcados sé a ciencia cierta que me miran decepcionados y aturdidos ya que ahora pasan de largo y ya ni escucho su llamada.

Sé que es posible que alguno de estos días condicionó mi vida Y trajo la trama y el drama en la que se está formando mi historia futura O quizá la está deformando. No lo tengo muy claro, hoy leí en algún sitio que mi vida debo aprender a equipararla y como la de una hormiga, Mirar la carga que lleva Y su continuo trasiego Sin esperar ninguna recompensa. Que reclame como mío un atisbo de constancia que a nadie beneficia no tenerla y que deje de sentirme postergado e inútil en el mundo desconocido para algunos donde habito ahora, un mundo Donde es indiferente Que llore o que ría, Que grite o que sea silente, Que viva o que muera, Que diga O, o que diga A. Esas demostraciones no conmueven  ni lo mas mínimo los cimientos en que se apoyan mi mundo. 

A mi lobo le fue harto sencillo socavar mis sueños,  obligándome a que tomara  una actitud desprendido de todo lo que me rodea, Dentro del cual me he sentido falsamente cómodo, Y él, sibilinamente  accede a mis demandas He dejado que se introduzca en mi vida Y que la manipule a su antojo, No siente la necesidad de defenderse Porque se ha percatado de mi hastió y de mi insensatez, y se ríe de mis debilidades masacrando mi cuerpo, Pasa mucho tiempo cariacontecido Mirando la sencillez con la que me rodeo, muchas veces Busco justificaciones para su  sibilino silencio Que podrían ayudarme a descifrar con que armas me desafía Y me auto convenzo que soy yo el que no quiere Moverse de aquí mientras no encontremos Una fecha para nuestro  duelo definitivo, se que así disimulo mi mas que evidente incapacidad de reacción, No estoy convencido que saldré liberto de este envite.

Que absurdo y cruel es el subconsciente,  Por un momento me ha hecho pensar Que podría equilibrar mi balanza, Pero mi pasado nuevamente Martillea mi cerebro Me ha devuelto a la realidad; La misma que me presenta mis manos Cansadas de perseguir Mil quimeras volando Y a mí planificando mi futuro, quiero seguir escribiendo, quiero seguir andando Arrastrado por la brisa o seguir pidiendo ayuda con mis gritos desgarrados, O con mis balbuceos que  no trasladan ningún mensaje a nadie, Solo a mí. Sigo demandando comprensión con Miradas que no encuentran respuesta o con mi carácter agrio y embravecido levantando el puño Lanzando una amenaza al viento, Que continuamente repite mi queja.

 Sé que es muy difícil comprenderme a mí incluso me es muy difícil y yo me pregunto… ¿Es o no es vivir? ¿Es vivir estar escondido detrás de un cristal? Si, es vivir; es mi vida y la vivo Detrás de este cristal, veo el anochecer Que se conecta con el amanecer en una interminable secuencia Y se repite un día y otro… y otro Y yo sigo esperando que se pare ante mí el tiempo que se va alejando de mi lado.
En mi cristal sólo veo difuminada Una luz que pese a todo Sigue a mi lado… sigue a mi lado Pero no contesto a sus palabras, frases que se escriben En mi cristal empañado por la lluvia Y tampoco respondo a sus silencios Y es que tampoco conozco los míos Con todo. Porque  la voz del lobo me habla desde mi interior y yo aprieto mis oídos para no oírlo, Pero ya debería de aprender que es inútil ,que no desiste, si se cansa de hablarme escribe sobre el cristal que yo empaño con mi helado aliento, Y me relata con sorna mi vida actual, me recuerda mi  fracaso,  su gutural voz me llama, me reclama, me susurra: Ven, y yo, incauto de mi vuelvo y se regodea de mi estado a la vez que me dice: ¿Que vas a hacer en tu futuro incierto? ¿Cómo será tu futuro? ¿Será como lo veo yo? ¿O cómo lo ven los demás? Pero, ¿Quién es capaz de adivinarlo? Sólo yo, sólo yo soy el dueño de mi futuro…yo… Yo que  lucho por ser capaz de  no vivir enclaustrado en mi fortaleza, Que soy capaz de volver a correr, Que soy capaz de ver flores en el suelo yermo Y no agacharme a recogerlas y cuanto menos pisarlas . De sacudirme el tiempo pasado y dejarlo marchar sin pena.

El cristal de mi habitación trae ante mi todo lo que quiero, cuando llueve las gotas que golpean sobre él componen una suave melodía Y hacen que me enamore otra vez, Que renueve el amor por la vida, Pero también hacen que innumerables objetos y personas Se enquisten en mi corazón Así tengo dentro de él a las personas que me abandonaron cuando mas falta me hacían, a las personas que me negaron tres veces como san Pedro. Los obstáculos que me obsesionan dejan de hacerlo, Si no puedo subirlos los rodeo Ya no es una meta, solo una fase. mi cristal será testigo de mi fracaso, o tal vez  de mi victoria. De una victoria que por desgracia pende de cientos de circunstancias, Pendiente del acierto de un medico, del acierto de un laboratorio, de una buena praxis, de la verdad o de la mentira de un curandero , de la realización de un milagro ,De la fortaleza de mi Fe por curarme, de la misericordia de Dios, O del infortunio, Del mismo infortunio que me tiene detrás de mi cristal  viendo resbalar las gotas de lluvia arrastrando mi desesperación, viendo como pasa un mes… y otro y escuchando siempre la misma frase, una frase que ya se ha acuñado en mi piel “Para  el mes que viene…” Pero ese mes llega…, y se va sin nada ,y yo viendo Detrás de mi cristal como el mundo sigue corriendo Y yo sólo puedo verlo correr Y sigo pasando mi mano Sobre el frío reflejo de mi rostro Intentando trasladar algún calor Que surja desde muy adentro.

Que brote desde donde ya no hay alegría y que nazca desde mis entrañas, ya no hablo de ilusión ,ahora hablo de esperanza Y yo seguiré detrás de mi cristal Viendo pasar los días Y mirando reflejada una imagen cada vez más decrépita y conformista donde se marcarán cada vez con más insistencia Los surcos de mi piel Pero detrás de mi cristal no se reflejaran Los surcos de mi alma, estos solo se reflejarán en mis manos.

Manos que han dejado de acariciar Cualquier futuro, manos que ya se conformarán con estirar los surcos que se ven en la velada imagen Del fondo de un cristal, de mi cristal.

viernes, 28 de febrero de 2020

EL DEMONIO.

Ultimamente cada noche de mi vida es igual, ¡un maldito infierno! que viene cabalgando a lomos del maldito lobo. 
Me acuesto siempre a las once en punto, veo las noticias en la televisión durante una hora, aunque en honor a la verdad las imágenes pasan a través de mis ojos vacíos y desinteresados. Justo cuando el reloj marca las doce apago la televisión y cierro mis ojos, en ese momento mi mente invoca a mi musa y de la nada fluye una sombra tomando forma dibujando el rostro mas bello que jamas mis ojos posiblemente verán en la vida; dibuja unos ojos de un verde perpetuo, una nariz tan fina como un diamante, la sonrisa mas dulce que la melaza de azúcar, las mejillas con un brillo rosado como las nubes en un atardecer de verano y el cabello largo en un tono negruzco, proporcionando a mi sueño el marco perfecto a un rostro divino. 

Cada segundo de la noche rezo para que sea un segundo eterno; mientras, trazo su silueta en el aire, ya casi nunca duermo, para mi ese es el paraíso, saboreo cada instante trato de no enamorarme de esa musa que recreo en mi mente pero es imposible, enamorarme es muy sencillo. Lamentablemente, la noche no dura por siempre. Cada mañana el cruel rayo de sol entra violentamente por mi ventana y rompe mi mágico hechizo de fantasía con una realidad martirizante. Ella me hace vislumbrar un mundo de amor, pasión, Besos, caricias prohibidas, sexo… En la cama, en el suelo, en el sofá, en una escalera, en un armario, en el ascensor, en la ducha, en un baño público, en la piscina, en la playa, en el parque… De noche; a la luz del día o de una lámpara, a oscuras,… Apasionada o tiernamente. Sexo… y amor. ¿Amor?… Yo no puedo ser amado, no debo serlo. Es por la maldición. Estoy maldito. 

En mi interior duerme un demonio que acabaría con el ya de por sí precario equilibrio del que disfruta mi musa cuando me visita vestida de ángel. Porque existen, sí, los ángeles y demonios, pero sobre todo los demonios. Os aseguro que os los cruzáis cada día, ocupando cuerpos que en teoría no les pertenecen, como viles parásitos que comprenden demasiado bien la naturaleza humana. Si bien podría ser ese conductor de autobús, esa compañera de trabajo; el ciego que vende lotería en la esquina, la camarera que te pone el café… Es ese hombre que te empuja sin querer… Gente que se pasea de forma espontánea ante tus ojos, y cuyos rostros desaparecen al poco de efectuar su entrada. Todos son demonios, porque los ángeles están en extinción, y así, cada mañana, tarde y noche, se esfuerzan por acariciarte aunque sólo sea de refilón, pacientemente tentadores. Aunque soy un demonio yo intento amar, y mucho, lo intento con ardor y locura, pero nadie puede amarme a mí. Estoy maldito. 

Encerrado dentro de esta fea carcaza de carne duerme él. Él arrasaría con todos a los que quiero. Por eso, aunque yo ame, y ame mucho, nadie puede amarme a mí. Si alguien se enamorase de mí… No, qué tontería acabo de decir, nadie podría. El secreto se encuentra a buen recaudo, ningún mortal, cuya vida intuye vivirla en armonía, pasaría por eso. Y por eso, aunque nadie pueda amarme, yo intento amar, y amo mucho. Ardo de deseo pero sólo se me está permitido besar. Al menos eso lo puedo hacer… Y me dejo engañar entre pasos de baile. Me dejo engañar por alguien que, aunque completamente opuesto a mí, no cesa de ser mi igual. Pero la realidad irrefutable y que jamas pude zafarme de ella es que amé y me amaron, por lo tanto; cumplí, viví y ahora puedo morir.

miércoles, 26 de febrero de 2020

¿PORQUÉ NO ME ABRAZAS?

Este es un relato que leí en una página de internet, el autor no está definido ni su procedencia.Yo me he permitido la licencia de "fusilarlo" agregando parrafos y recortando otros que simplemente daban paja al escrito, pero la esencia sigue igual.


Un hombre se encuentra en el muelle esperando la llegada de un barco; mas en concreto una carga que porta el navío. Ha venido montado en su carreta tirada por un burro desde muy lejos para recoger el ansiado pedido que le encargó semanas atras a un cantero de Carrara. Ahora mientras mira con éxtasis el reflejo de las crestas de las olas bajo la luz del Mediterráneo, sostiene en la mano una brida. En el otro extremo de la brida un asno emite unos sonidos guturales quizás presagiando la inminente labor que le va a encomendar su dueño.

El hombre es un anciano enjuto de piel curtida por el aire y el sol. El barco haciendo sonar un cuerno de cabra a modo de trompeta avisa de su arribada a puerto y el anciano espera impaciente su carga frotándose las manos. Las maromas chirrían lastimeramente producto del peso del bloque de mármol que sujetan, y con precisión milimétrica depositan en la carreta del anciano, con un apretón de manos y la promesa al capitán del barco de unas ánforas de vino de su futura cosecha, el hombre deja zanjado el trato y montando en la carreta inicia el regreso a su casa. El asno resopla sonoramente a causa de la carga de mármol que viene arrastrando detrás de ella. Aun estando sobre la carreta, el peso del mármol es excesivo para el jumento y con unos sonoros rebuznos demuestra su cansancio. Los rebuznos de la bestia se entremezclan con el silbido de una canción napolitana que sale de los labios del hombre. Viene contento.


Después de una hora de camino observo como las piernas del asno empezaban a flaquear, por lo que dirigió la vista hacia la bestia y le dijo cariñosamente:Ay querido Telemaco. ¿Estás cansado ¿eh?, Vamos hacia aquel naranjo del borde del sendero para descansar a la sombra un poco. No te preocupes que poco falta. Cuando lleguemos te daré una jugosa ración de heno. Qué digo una, ¡Te has ganado dos!. Al fresco de la sombra del árbol, el viejo comió con avidez un par de naranjas mientras que el asno pastaba junto a el. Producto del cansancio de madrugar, el fresco y la sombra el hombre se sumió en un corto sueño en el que ya proyectaba en su cerrebro su futuro trabajo.

Al despertar, retomaron el camino hasta su destino.Llegaron al taller de escultura bien entrada la tarde; Acomodó el bloque en el taller con ayuda de algunos vecinos y contemplando el bloque de frio mármol comenzó a visualizar en su mente la escultura:
- Uhmmm La parte superior me va a llevar tiempo mascullo entre dientes mientras se mesaba con una mano su descuidada barba . Mucho tiempo. Pero el tiempo es lo de menos, Un regalo que se da por amor no puede ser hecho a la ligera. Mi prueba de amor será imperecedera al tiempo, estoy segurisimo. No sé si la gente sabrá apreciarla en esta vida, pero tanto esfuerzo he de invertir en ella que los hombres no habrán conocido jamás una escultura tan cerca de la perfección, tan humanamente perfecta.Se sentó frente al pétreo bloque, sacó sus materiales y comenzó la labor con una expresión decidida y concentrada. Sus manos cincelaban con rapidez, como controladas por las musas. Las horas, los días y las semanas pasaron trabajando sin descanso.

El sol se ponía en el horizonte en pleno ocaso; El hombre cogió una manta y cubrió el bloque sobre el que había estado trabajando toda la tarde. Bajo el manto, solo unos ojos curiosos verían un par de piernas vestidas por una túnica. La pierna izquierda estaba flexionada a la altura de la rodilla. Bajo esta pierna, había el escultor reservado un espacio para grabar su nombre una vez finalizado el trabajo. Sonaron unos golpes de llamador en la puerta del taller, el artista fue hacia la entrada y abrió. Una mujer entró, le dio un sonoro beso y sonrió al hombre. Cada detalle de aquel cuerpo estaba forjado a fuego en su mente. Conocía cada lunar, cada arruga en cada gesto, cada músculo y cada convexidad y concavidad. Era su mujer y a la vez la modelo de su escultura.

Una mujer joven y voluptuosa que a pesar de las habladurías del pueblo por la diferencia de edad entre ellos, había decidido querer a este artista entrado en años que pasaba gran parte de su vida inmerso en la creación de objetos inanimados. ¿Ya puedo verla? ¿Ya puedo? Venga, anda. Si soy la imagen de la escultura ¿cómo es eso que no me tienes aquí contigo como modelo?. Sólo con hacerme dibujos y esbozos no será suficiente, ¿no? ¿Cuándo vas a acabar? Tengo ganas de verla, ¿sabes?, así de inquisitiva la muchacha preguntaba al hombre, quien simplemente se limitaba a contemplarla henchido de amor. Querida, recuerda lo que hablamos en su día del asunto. Aún queda un poco. En cuanto a lo de ser modelo, ya te he dicho que conozco tu cuerpo mejor que tú, es mas, casi me podría atrever a afirmarlo sin vacilación. Y esbozando una picara sonrisa le preguntó: ¿O acaso te puedes ver la espalda en su totalidad?

La muchacha giró el cuello a derecha e izquierda agitadamente, intentando verse la espalda entre sonrisas. Y riendo y besándose abandonaron el taller y se dirigieron a casa. Las semanas pasaban entre risas y abrazos y continuas rogativas de la musa en ver su obra. Su marido se pasaba prácticamente aislado todo el día en el taller, apenas sin comer y beber, absorto en la escultura. Así que ella se dedicaba a ocuparse en otras tareas, hablar con los vecinos y pasear por los alrededores. Cuando llegaba la noche él estaba exhausto y a duras penas podía prestar atención a la conversación de su mujer. Ella, comprensivamente, adivinaba que la escultura le quitaba energías, pero no podía tolerar que su propio marido la ignorase de tal forma.

Una mañana temprano, cuándo el viejo se disponía a entrar en el taller, se armó de valor y le preguntó:
- ¿Por qué ya no me abrazas? Tengo la sensación que no existo para ti; Créeme que he intentado aceptar y sobrellevar la situación pero ha llegado el momento de decírtelo.
- ¿Por qué no me haces caso? Y lo mas importante para mi, ¿Por qué no me abrazas? El hombre pareció despertar de sus cavilaciones y la abrazó desganadamente. Después se despidió y se encerró con su escultura. Sin el saberlo estaba dejando que la ira y la venganza germinaran en el corazón de la mujer. Pasó mucho tiempo hasta que el viejo concluyó la escultura. La tapó con la manta y Salió del taller para avisar a su mujer. Le dijo que ya la había acabado pero que iría a comprar unos brazaletes de pedrería para los brazos de la escultura antes de enseñársela en todo su esplendor. Sin poder soportar más la curiosidad y viendo la oportunidad de estar a solas con la escultura, la mujer entró en el taller, su primera vez en aquel cuarto.

Ante ella; Una escultura cubierta por una manta enorme. La escultura era sin duda, magnífica. A su lado, la mujer se sentía casi doblada en altura. Tiró fuerte y decididamentede la manta y dejó al descubierto la causa del enfriamiento entre su marido y ella. Pero... En Sus ojos no se veía reflejada ella, o al menos ella lo creyó así. La tez de la escultura era bellisima, inmensamente mas que ella, ¡no no puedo ser yo! gritó en un arranque de locura, tomó una larga barra de hierro y amputó a golpes el brazo izquierdo de la estructura, el cual estaba extendido y ligeramente apuntando hacia arriba con la mano también extendida palma abajo. El otro siguió después.

La disposición de los brazos era tal que parecía que estuviese manejando un arco pero con las manos extendidas. Luego, designios del azar, vio el nombre del marido inscrito al pie de la escultura. Más golpes en la zona desprendieron el pedazo marmóreo. Cansada por el esfuerzo dejó la barra en el suelo y, mientras aún sonaba el sonido metálico intermitente en el suelo, la mujer huyó sendero abajo y de ella jamas se supo mas.Al llegar el viejo al taller y viendo en lo que había quedado el producto de su trabajo, adivinó la causa y la causante y arrodillándose ante la escultura llorando y gritándole a la figura marmórea fuera de sí:
- ¿Por qué no me abrazas? ¡¿POR QUÉ NO ME ABRAZAS?

Hoy en día verás la obra en el Museo del Louvre de París. Le dicen La Venus de Milo. Cuantas nubes nos separan y yo sin saber nada...

martes, 25 de febrero de 2020

PORQUE AÚN.


Porque aún a pesar de todos los años vividos, porque aun a pesar de todo, debemos de seguir creyendo. Porque aún quedan canciones por cantar. Porque aún quedan muchas primaveras por venir. Porque aún nos quedan sueños por soñar y contar. Porque aún nos duele la indiferencia de quien nada le afecta.





Porque aún nos duele la arrogancia de quien ante el humilde, se muestra valiente y altanero. Porque aún nos duele la soberbia del envanecido con menosprecio de los demás. Porque aún nos duele el dolor. Porque aún nos queda mucho por hacer. En definitiva: porque aún nos queda mucho por sentir. Porque aún nos queda mucho por vivir. Tengo una sensación de pereza entrevenada con un cierto placer cuando dejo impresas en el papel mis reflexiones; por que resurgen en mi memoria situaciones y vivencias del pasado; historias ya olvidadas conscientemente unas y otras olvidadas sin más que dormían el sueño de los justos en algún rincón de mi cerebro, no quiero volver a perderlas y las escribo, tal vez pensando que después, no este ya en este mundo, alguien las encuentre entre mis archivos y pueda leerlas, será como volver a revivirlas en la mente de otras personas.
 




Tal vez sea la sana vanidad de trascender, de alimentar el ego de hacer algo para que se nos recuerde. Puede que escriba para llegar a la gente, que sientan como pienso, mi manera de ver las cosas, si quieren disentir y no estar de acuerdo también es bueno, no todos tenemos el mismo punto de vista, porque si así fuese seria muy muy aburrido. Me da mucha satisfacción cuando se que alguien a leído mis reflexiones, no importa si es una o dos, mil o dos mil; la realidad es que es muy gratificante. Algunos de mis historias han tenido muy buena aceptación, y cuando esto sucede es por que sin quererlo e llegado a gente que se a sentido identificada con el tema, que este es un reflejo también de su propia vida, de su propia historia.

viernes, 21 de febrero de 2020

NO PERDER NUESTRA IDENTIDAD.


Gotas de un mismo charco, charcos de una misma lluvia, lluvia de unas mismas nubes, nubes de un mismo cielo, cielo de un mismo firmamento. Abajo, arena y olas de un mismo mar, un mar en el que todos nos bañamos. Negros, blancos, mestizos o arco iris. Ese mar donde todos los ríos al llegar pierden su nombre, su identidad y mueren. Podemos ser negros como un pozo de brea o  bien de un blanco inmaculado. Todo no puede ser simétrico porque se pierde la esencia del ser y estar. Maravillosos verbos por hoy proscritos. 

Pero eso sí… Vivamos sin miedo de perder la identidad.Todos los días voy a la playa, Me siento en la fina y cómoda arena y miro con melancolía todo lo que fue mi escenario, contemplo el teatro que nunca más me verá llorar o reír, gritar o maldecir a voces el porqué de mi mala suerte, hojeo mentalmente el guión que hasta hoy era, a mi alrededor, todo aquello cuanto me importaba, teñido del sombrío adiós que aguardaba mi previsible marcha. Donde todo estaba por guardar y ya no reconocía donde estaba, continuando doblando mi vida, en la soledad, en silencio, el silencio de lo que sacrifique para seguir, y pienso en aquellos que abandoné, toda esa gente que estuvo conmigo. Esa gente que pronto iría a decirles adiós, le diría adiós y perdón por haceros sufrir por mis devaneos con la locura, con el mal genio, con la ingratitud. Me voy y todo será diferente, ya no podre volver. 

El consuelo del recuerdo, morfina para el adiós, no acallará mi dolor, a la espera del olvido, el olvido que repudio, mi billete para volver a empezar.Ya por hoy eso quedó atrás, ya vivo sin miedo a perder mi identidad, ahora me encuentro en la misma playa junto al rompeolas, me paro a disfrutar de cada pequeño resquicio, cualquier detalle nimio en el que antes no reparaba porque pensaba que no iba conmigo. Ahora sé que formo parte de un todo, entiendo el porqué los hados renegaron de mi en su momento y ahora me siento su vástago privilegiado, y lo más importante, busco y lucho día a día para no volver a perderla jamás… mi identidad.

jueves, 20 de febrero de 2020

LA GUADAÑA.

Limpió el filo con su manga y deshizo sus pasos. Sobre el gres de la cocina quedaba la mujer exhalando un suspiro por última vez. El cuerpo exangüe, delgado y frágil se quedo definitivamente inmóvil.Salió de la casa, sin preocuparse de dejar rastros. Se propuso no pensar más en lo que acababa de hacer. 

Ya en la calle volvería a ser nadie.Y volvió a rondarle la pregunta que siempre le martirizaba. ¿Cuál era la razón de su existencia? Desde hacía años, como ahora, ensayaba respuestas que frenasen el agobio y trataran de auto convencerle. Pero ninguna resultaba convincente.Algo detuvo su andar, miró hacia otra casa, por la ventana brotaba un atisbo de desconsuelo. Sintió la necesidad de estar allí. Le fue fácil entrar. Intentó que no se notara su presencia por los pasillos. Abrió la puerta observando de un extremo a otro del corredor. Evitó sonido alguno. En una de las camas, junto a la pared de azulejos, yacía un hombre, un pobre ser desesperanzado y mustio. Esa fue la sensación al verlo: un joven con nada más que una bata blanca cubierto por una sabana inmaculada. La escena no le permitía entrever más.No lo dudó: se acercó a él. Sin hostilidad. Sin odio. Sin violencia. El hombre abrió los ojos, sonrió por última vez… y ese fue su gesto final.

Deshizo sus pasos, limpió la hoja sobre su manga. Salió de la habitación pensando: su presencia había permitido aliviar la agonía de esa persona. Sin embargo le tomó minutos volver al descontento: volvía a sus dudas... A su no saber porque de todo. Ganó la calle sin que nadie percibiera nada. Sabía que no había tenido infancia, ni pubertad, ni juventud. Sólo presente, como si hubiera nacido así como era. Pero nada de eso alivió su insatisfacción. 

A las pocas calles logró entrar en otra casa. Investigó cada habitación. En un cuarto se encontró con dos pequeñas niñas que se miraban cara a cara. Al acercarse vio que no eran dos: Solo una que se reflejaba ante un espejo. Se paro frente a él. Pero el espejo no le devolvió ninguna imagen, no lo haría jamás.Deshizo sus pasos dejando atrás el inerte cuerpo de la niña. Aquella noche, en esa habitación, supo  su razón de ser y estar y no tuvo necesidad de limpiar el filo de su guadaña.

martes, 18 de febrero de 2020

MENSAJES EFÏMEROS EMBOTELLADOS.

Ya ni recuerda que se siente cuando se camina sobre las hojas caídas en otoño; su madre siempre le decía que era romántico a la par que resbaladizo. El lugar donde vive de un tiempo a esta parte se ha convertido en una calle triste, sórdida y enjaulada. Ahora el hambre se acumula en las cunetas; lo que antes eran perros flacos, ahora son simplemente huellas, en su lugar, decenas de personas; grandes y pequeñas, sienten como sus tripas se le pegan a las pocas carnes y a los huesos.

Sus pies ya no soportan ni una llaga más; A veces al doblar la esquina, se detiene frente al viejo escaparate de la zapatería Monforte. Cuando era niña; Su madre compraba allí sus zapatitos, unas veces de charol para uso exclusivo de los domingos y otras unos "gorila" para el resto de la semana. En cambio ahora sobre el asfalto y cubriendo apenas una cuarta de su pie, pasean unas viejas zapatillas que encontró en el basurero junto con una chaqueta con más agujeros que un colador. Los malditos conflictos políticos y sociales arrasaron su vida y la de muchos, los que sobreviven y malviven en las calles, envidian la muerte de aquellos que desaparecen entre escombros. 

Ella apenas alcanza la mayoría de edad, ha visto a su madre morir en sus brazos y a su padre apaleado hasta matarle por defenderla de un par de rebeldes que querían divertirse un rato con su cuerpo. Su hermano fue detenido por ser una víctima de las injusticias, hace años que no sabe de él. Al llegar la noche, se cobija entre cartones, cerca de una vieja taberna; los dueños, arrojan las sobras cerca de un vertedero maloliente, la pobre muchacha se acerca como gato callejero e intenta llevarse a la boca lo poco que encuentra, luego regresa a sus cartones. Cuando hay luna llena se sube a un viejo roble; Desde lo alto observa el mundo más allá de su pobreza, sigue el movimiento de las nubes con la mirada y se pregunta qué lugar se ocultará tras las montañas. Sueña con un país libre, donde el único olor sea el de la tierra, el viento, o el mar; Donde la gente el único dolor que conozcan sea el del amor, donde la sangre represente vida y no muerte, donde el sufrimiento se refleje en acuarelas.

Así pasa sus días y sus noches burlándole a la vida sus desgracias. En invierno, cuando en la ciudad llueve; las aguas inundan las calles carentes de imbornales arrasan con todo a su paso. Saca de entre sus cartones botellas que ha ido coleccionando; trozos de papel o de tela vieja y un trozo de mina o pizarra para escribir, agarra todo bajo sus brazos y se sube al roble, se pasa horas pensando y escribiendo, es en el único momento donde sus ojos brillan de ilusión. Al pasar las horas va arrojando botellas unas tras otras con la esperanza de que lleguen a un destino. Quizás en algún lugar, alguien, tiene la dicha, de tener entre sus manos, esas botellas con una historia guardada dentro, deseando ser contada.

lunes, 17 de febrero de 2020

HEROE POR UN DIA.

Desde hace más de veinte años de mi aburrida vida, siempre llevo unas gafas de ver en el bolsillo. No son mías, porque yo veo más que quiero. Son robadas y eran de una chica a la que se que le salve la vida. Más concretamente; de una noche de verbena en un pueblo de Sevilla en la que una terrible tormenta hizo callar a la orquesta, y a todos correr para refugiarse bajo los portales hasta acabar observando la calle sucia y desierta bajo el aguacero.

Por aquellos años de currante del hormigón y el acero en una ciudad en fiestas; Yo no solía llevar mucho dinero, más bien monedas en los bolsillos; Por lo que acabe solo y refugiado en un portal estrecho bajo la lluvia, con una cerveza tibia en la mano y los calcetines empapados dentro de las deportivas ennegrecidas de tanto pisotón en el baile. En esas estaba yo en un portal, que ni recuerdo el numero: Evitando las gotas que me caían en la espalda, tiritando y tratando de eludir el rio de agua y papeles que corría por la punta de mis zapatillas, evitando mirar a los ojos de la gente que todavía buscaba refugio o hacían el idiota y el memo bailando bajo el chaparrón sobre el asfalto inundado, cuando la vi correr hacia mí.

De entrada no me pareció ni guapa ni fea, de hecho no era ni una cosa ni otra sino el espíritu de la golosina, es decir; era la mujer más delgada que he conocido físicamente en mi vida, insisto, era el espíritu de la golosina y para más irritación no veía tres en un burro. Eso lo pude comprobar enseguida cuando, para evitar el charco que se había formado ante el portal, dio un salto en su frenética carrera bajo la tormenta y, literalmente, se estampó contra mí. Me dio un cabezazo en la barbilla, un rodillazo en los huevos, derramarme la cerveza encima de mi camiseta de Bruce Springteen y caerse al suelo empapada si no hubiera sido porque yo intuitivamente no la hubiese recogido en mis brazos y comprobado que, como decía la canción del último de la fila... Era sólo huesos.

Hubo algo extraño que me hizo pensar, con esa inteligencia rápida que Dios me ha dado, que esa chica no veía muy bien. Me llamó por el nombre de Fernando y me dijo perdona. Pero me lo dijo devolviéndome el abrazo y mirándome a los ojos a través de sus gafas de mirar, porque ya me pude dar cuenta de que de ver, de ver mucho, esas gafas no eran, por lo menos para ella. Cuando me soltó un momento del abrazo en el portal y me preguntó si me había hecho daño en la entrepierna así medio de broma, yo no le contesté, lo cual, extrañamente ella no dio por sentado de que se estaba equivocando de persona sino que siguió con su confusión y yo... seguí callado.
- ¡Nos vamos a dormir! me dijo en tono imperativo. Podía haberle contestado muchas cosas cuando me cogió así de la mano. Podía haberle dicho, simplemente, yo no soy Fernando. Podía haberle dicho… es que yo no tengo sueño. Podía haberle dicho tranquilamente, que se estaba confundiendo. Podía haberlo hecho...
- Sí. Le conteste instantáneamente. Y ella me cogió de la mano y salió corriendo entre los charcos y el aguacero, arrastrándome a mi sin remedio por la calle mojada hasta los primeros contenedores que vimos, miento, que vi yo, porque ella, la pobrecita ni los olió; Sino que como si no estuvieran siguió corriendo hasta estamparse contra ellos y volver a caer en mis brazos empapados.
¡Qué hostiazo se metió! Pero nada en aquel esqueleto ciego de pelo negro como la boca de un lobo cambio para decirle que dejara de correr de nuevo; y de nuevo, cuando vi que se dirigía sin remedio hacia una farola como si quisiera comérsela, aunque a mí me estuviera arrastrando de la mano tuve la seguridad  de que esa muchacha ver, lo que se dice ver, no veía mucho; por no decir nada. 

Y de nuevo, con todas sus ganas se comió la farola de un golpe y acabo en mis brazos. ¡Qué hostiazo se volvió a meter! Sin embargo, para mi estupefacción nada parecía detenerla, nada la podía parar. Ella se lo volvió a tomar a broma; me dio un beso cuando la levantaba, me volvió a coger la mano y volvió a lanzarse a la carrera bajo la tormenta y los semáforos apagados, las luces naranjas, los coches atascados y... ¡un paso de cebra al que se dirigía como una posesa aunque estuvieran pasando los coches por él a más de cien! Sin dudar, sin miedo, sin frenar, sin remedio; La suerte que tuvimos fue que el semáforo se puso en verde, que el hombrecito nos salvó; Que sólo se comió a un repartidor de pizza que se lo saltó, a un taxi que no lo vio bien, la fachada del ayuntamiento del pueblo y el estanque de la Confederación de Regantes del que la tuve que sacar entre risas y bromas porque, de corazón, a aquella mujer lo que menos parecía importarle del mundo era caerse.

Explicar las peripecias con las que tuvimos que chocar hasta llegar a su casa, explicar los quince minutos que ella se pasó intentando abrir con su llave la oficina de correos, explicar que nunca dejó de correr y de reír bajo la lluvia me llevaría mucho tiempo de explicar en un tan corto relato. Pero lo hizo; Acabamos en un portal que hacía esquina con un parque que todavía hoy existe y para ¡sorpresa! La llave abrió y ella se lanzó como una posesa a subir escaleras como si todavía allí dentro la lluvia la persiguiera. Evidentemente los tres primeros escalones se los comió y por el ruido que hizo yo tuve claro que se había dejado los dientes en el intento. Pero no lo hizo; De hecho, siguió corriendo escaleras arriba sin encender la luz hasta llegar a la puerta 5.

Pero por un momento me frene, sentí miedo; El único momento de lucidez y temor que padecí durante aquella noche, me aconteció allí, frente a esa puerta abierta que ella intentaba abrir a tientas. Pues entendí y comprendí que si yo no era Fernando, Fernando debería existir y a no ser que lo hubiera matado ella estampándolo contra alguna marquesina de autobús, lo más probable sería que Fernando allí dentro la estuviera esperando y... No me voy a parar en palabras soeces ni groseras, no voy a escribir lo que esa dependienta de supermercado delgada me susurro al oído, pero sí puedo asegurar con toda seguridad, que después de esas palabras, yo le hubiera hecho el amor a ella allí mismo, al verdadero Fernando en el pasillo, al conserje, a la portera y al pastor Alemán  que se me hubiese puesto por delante.

No, el verdadero Fernando no estaba. No, no voy a relatar lo que viví en aquella cama sin almohada. No, no voy a relatar cómo no dije ni mu durante toda la noche. Pero si, fue la mujer más delgada que jamás conocí y la cocina más desastrada que he visto en mi vida. ¡Virgen de la cabeza! En la nevera descubrí una caja de zapatos cuando yo buscaba la botella de la leche; la botella de la leche la encontré en la lavadora junto a sus bragas usadas, bragas que guardaba dentro del horno y en el cajón de los cubiertos puesto que la pila estaba llena de pinzas de la ropa, calcetines, platos limpios y un secador de pelo; porque en el cuarto de baño, aparte de un carrito de la compra, en la ducha y un paraguas en el retrete, mi querida amante ciega había guardado los apuntes de un curso de contabilidad junto al papel higiénico y las magdalenas, imagino que para que hicieran juego con las botellas de zumo de piña-uva con las que me tuve que duchar a ciegas ya que en aquella casa las luces o bombillas estaban en huelga y yo. 

Cuando ella se puso a gritar desde la habitación, tuve claro que Fernando había vuelto y se estaría empeñando en hacerle de nuevo el amor, ¡de nuevo! Pero para mi consuelo e integridad física no era. Ahora puedo decir que como ella, nunca vi a Fernando; lo único que sucedía era que ella estaba buscando a tientas por encima de la mesita de noche entre calcetines, pantis, bragas y piezas de un puzzle a medio hacer sus gafas de mirar que no encontraba y que yo le había quitado temiendo que en uno de los actos pudiera reconocerme cuando antes no había reconocido ni su propio portal.

¡Fernando! ¡No encuentro mis gafas!.
Con el corazón en la mano y el pelo lleno de zumo de piña-uva he de confesar que mi primera impresión fue esperar a que el maldito Fernando cruzara el pasillo y le llevara las gafas, pero luego caí; salí de la ducha con un mantel de mesa atado a la cintura y le hablé por primera vez:
- ¿Y para qué quieres las gafas?; Lo que aquella mujer delgada me contesto desnuda desde una cama en la que había aparcado una bicicleta en un rincón me hizo pensar en su vida y sibilinamente acercarme con cuidado a una cómoda sobre la que habían dejado una caja de galletas y robarle las gafas, despedirme de ella, salir a la calle, volver a mi piso con mis compañeros de trabajo y callarme esta historia para siempre.

¿Por qué? ¿Por qué sé que le salve la vida? ¿Por que tuve la clara conciencia de que gracias a mí, esa pobre muchacha; que ese espíritu ciego e imperecedero de la golosina, viviría, al menos, unos días más? ¿Por qué? ¿Qué fue lo que me dijo? 
- Fernando, no bromees; ya sabes que veo un poco mal de cerca (yo estaba a tres metros) y que no me atrevo a salir de casa sin las gafas. asi que si no las encuentro no salgo.

sábado, 15 de febrero de 2020

EL FLUIR CONTINUO. ( De letras)

Sentado en una mesa de la biblioteca Pública de Santa Adela en Motril, observo las estanterías repletas de libros de una pared a otra y se me viene a la cabeza cuantas horas y horas se han empleado en llenar tan ingente cantidad de libros; cuantos sueños se habrán plasmado en ellos. Abriendo mi portafolios me enfrento a una hoja vacía con la esperanza que en un momento de flash back de vivencias; o en el fluir de una idea, mi mano comience a escribir. La realidad es que son infinitas las posibilidades que abarcan y llegan a otorgar unas hojas en blanco… 

Así como también es una realidad el mundo entero y complejo de responsabilidades que conlleva el rellenarlo con lo que va a ser plasmado en ellas. Es de todo increíble que un simple párrafo sea poseedor de tanta fuerza y poder acumulado, que sea el artífice del fluir de miles de pensamientos, ideales y sentimientos. Parece hasta algo que rozara lo increible, digno de incrédulos, pero creedlo esa es la verdad: Las palabras, frases, párrafos y por fin los escritos estructurados son generadores de casi todas las cosas que conocemos y son capaces de proyectar y hasta transformar el tiempo que puede llegar a advenirse sobre nuestras cabezas. 

Cualquier persona dotada con la virtud de la creatividad y el don de la imaginación, es capaz de empuñar un lápiz, bolígrafo o pluma y sentarse en un lugar cómodo y sin mas ni mas, intentar dedicarse al noble arte de escribir. Parece sencillo, pero ¿qué haces cuando ya has cumplido los primeros pasos? ¿Cómo proceder? Algunos conocidos te dicen: “Escribe sobre lo que sabes y conoces”; otros “sobre aquello que te guste o atraiga” yo soy mas de seguir en la linea del escritor Stephen King que en una cita extraída de su libro "Mientras Escribo" expuso esta acertada reflexión: “ Escribe sobre lo que quieras y cuanto quieras mientras seas sincero y digas la verdad”, en ella nos incita a escribir y a disfrutar de ello, a vivirlo y sentirlo en su máxima expresión buscando una conexión directa con la mente del lector, sin barreras, sin nada que nos impida vernos a los ojos e iniciar el bello proceso de transmitirles aquel conocimiento y sensaciones que nos exaspera, nos produce alegría, tristeza o hasta en ocasiones euforia ó desesperación.¿Por qué escribe el escritor o la escritora? Sería lo mismo que preguntar ¿Por qué una madre cría a sus hijos con tanto afán? ó ¿Por qué un hombre decide dedicar su vida a Dios”? Yo estoy en el pleno convencimiento que el escritor escribe porque es el conducto que ha interpuesto entre su mente y el alma, es la manera en que puede dar a conocer aquello que sabe y conoce en unos casos y en otros lo que desearía ser, ver, sentir ó vivir. Luego es cuestión de saber darle uso de tal o cual forma; buscando la mejor manera de relatar y expresar lo que se necesita decir. 

Esas ideas, poniendo un símil; se engendran como una pequeña semilla literaria que nace en tu cerebro; ahí entra la elección del escritor en sí plantarla ó tirarla a la basura y esperar a que otra más fructífera se haga presente. Si decide que desea verla crecer y formarse, la sembrará y regará el tiempo que sea necesario hasta que la vea transformada en un árbol frondoso tan cargado de frutos que apenas podrá soportar su peso. Pero si por el contrario el escritor la descuida y deja pasar el tiempo, las hierbas pueden llegar a asfixiar a la incipiente planta y terminar matándola, así como también puede pasar en el caso en que no se la riegue constantemente.

En mi caso; empezar desde la ignorancia y el desconocimiento de la ortografía y estructuración de frases, es un lastre para mí, que con un poco de aplicación e inestimable ayuda me va haciendo soltar peso escrito a escrito. De todas formas la imaginación no entiende de reglas ortográficas ni léxicos. Aunque mi plan es pasar inadvertido, no frecuentar foros ni mesas literarias, para poder seguir así mi aventura literaria en el futuro, no porque me puedan catalogar de malo, mediocre o a saber que, simplemente porque me trae al pairo la opinión de quien me quiera crucificar así como la que me regale el oído. Aunque en el fondo, mi forma de escribir demuestra que inconscientemente espero que alguien dé al traste con mi avieso plan, espero que me lean, me encuentren, que me esposen, que me metan en una celda, que en la rueda de reconocimiento la literatura diga que no me conoce de nada, que no me ha visto jamás, pero víctima del síndrome de Estocolmo, se enamore de mi, de mi imaginación y que vuelva a mentir; pero ya por amor, diciendo que ya me reconoce. Y espero que al final yo acabe casado con ella cada vez que coja mi pluma o encienda mi ordenador. Al menos hasta que la muerte nos separe. Si uno ama este oficio, para el cual se necesita de grandes dosis de valor, esfuerzo, empeño; además de kilos de tranquilidad y un buen lugar para elaborar sus obras, entregara todo por él y encontrará la manera en que el tiempo no corra cuando inicie tan apasionante travesía a través del universo de las palabras.

viernes, 14 de febrero de 2020

¿UN AMOR EN PUNTOS SUSPENSIVOS?

Que silencio… me encuentro solo… en la cafetería… como siempre.... Y como siempre, lo tengo todo listo para su llegada... La espero... y la espera me inquieta... Mi corazón parece estallar... ¿Cómo he llegado a esta situación? No entiendo nada... ella tiene su vida y... yo la mía. ¿Como estoy sucumbiendo a este deseo? aunque se podría llamar mejor una aventura... Me gusta, me encanta... y sólo porque sé de ella la mejor parte de su persona... La que sólo puedo ver... 

No hay tiempo para conocer más, ni momento, ni lugar... así que, cómo cada noche, aquí te espero... para seguir con esto que no lleva a ningún lado pero que no puedo evitar ó quizá no quiera evitarlo... que más da... Me voy a la cabina de la música... me pongo los cascos y escucho canciones que han sido espectadoras de cada rato que hemos pasado juntos... y cierro los ojos y parezco sentirte... y te siento... Y una mano se deja caer sobre mi cuello...y te siento... vaya si te siento... su suavidad, tu olor...y provocas que, ese músculo acorazonado que yace en mi pecho, bombeé mi sangre con mas fuerza... Me quitas lo cascos y me susurras al oído…“Ya he llegado...” 

Hago el amago de darme la vuelta para verte pero te aprietas contra mí y me dices “quédate así...” “No te muevas...” Y la dulzura de tus labios ya asciende lentamente por el camino que se recorre desde el hombro hasta la mejilla... Y mi piel no es impasible a tal sensación... y cada poro es excitado sobremanera... El placer hace eco en el lugar dónde nos encontramos... hace eco y se convierte en el protagonista de la noche... Tu placer, mi placer... la entera desnudez de nuestros cuerpos queda reflejada en el cristal que tenemos enfrente... Ahí es dónde nuestras miradas se cruzan... y tus ojos se desvían para contemplar la imagen que se origina de nuestro cuerpo... Esbozo una sonrisa… pero no es de pudor… Tú sabes que no, contigo el pudor no existe… contigo todo es tranquilidad, relajación… contigo no hay vergüenzas ni miedos, no hay lugar para las inseguridades… hay una profunda conexión que, aún, no logro entender… pero existe…conexión que me hace sentir bien, conexión que te hace sentir bien… lo veo en tus ojos, en tu sonrisa, en tu piel… hasta en tus silencios… 

Y si me hace sentir bien… ¿Para qué parar? Y si no lo entiendo… ¿qué más da? Nada más importa que este preciso instante y lo que nos mueve, a cada uno, a que se produzca… Y deslizas la periferia de tus dedos por el final de mi espalda, subes uno de ellos por la columna vertebral y lo bajas hasta llegar al hueco donde se separan mis nalgas. Beso tu boca con sabor a hembra ya convertida en animal… Y la razón, pues, ya no existe… Se sienta sobre nuestras ropas despojadas en el suelo… Ya estoy encima de ella, cara a cara, pecho con pecho, piel con piel… Me siento lleno, repleto de ella… y, abrazados y con ayuda de sus manos, comenzamos a movernos de nuevo… mientras nos besamos, mientras nos miramos, mientras sudamos, mientras retumba el sonido de mi placer en todo el local… 

“Quieta, no te muevas…”-le digo para degustarla más- En mis ojos se adivina la satisfacción que ha recorrido todo mi cuerpo… Y me muevo un poco más…, y la satisfacción se alarga… Y, ella, con su mirada pícara me dice… “Me encanta que disfrutes… y verlo en tus ojos…y sentirlo en tu piel… en tu interior…” Pero esto no puede acabar… no sin antes bañar su sexo en la saliva de mi boca… y lo sumerjo hasta tocar fondo… y lo empapo con mi lengua, de arriba hacia abajo… sintiendo toda su dulzura… Y sus suspiros, sus quejidos… son la inspiración que hace que mis movimientos sean cada vez más rápidos Y yo no puedo evitar una sonrisa de satisfacción… al ver el placer que se refleja en su cara… Me limpio en mi cuerpo, me atrae hacia ella y con mi cara entre sus manos, me mira… parece querer decirme algo pero… calla y me besa… y me abraza… Y el silencio hace eco… silencio que despertará otro día con el sonido del placer… de ese placer furtivo.

miércoles, 12 de febrero de 2020

SEMÁFOROS DE VIDA.

Debo de tener alma india, porque veo un compendio de sabiduría en los ciclos de la luna, los acompasados paseos del sol por el planeta, los árboles con sus colores, las estaciones del año con sus aromas, la fuerza del viento, las palabras con sus auras y colores, las relaciones personales, los bolígrafos y las tintas, los ríos que juegan al escondite con la sequía…

Hoy me gustaría hablar de algo muy común que me tiene fascinado y aun pasando delante suya todos los días y sigue maravillando: el semáforo. 
Yo lo comparo y lo asemejo a la vida, tiene tres colores que si lo extrapolamos a la vida cotidiana indican distintas conductas a tomar cuando tenemos un problema que, en principio, es desplazarnos de un lugar a otro. En principio tenemos el verde, que como esperanza, nos hace continuar adelante con nuestro camino, centrándonos en nuestro destino y alejándonos de los problemas que rondan nuestras cabezas. 
A continuación tenemos el color amarillo, la luz que según donde nos encontremos, nos hace ralentizar el paso y nos plantea la disyuntiva de pensar bien, o seguir como flechas pero con ojos de búho y alas de águila. 
Y por último, el  color rojo, el color de los sentimientos más primitivos, nos paraliza, nos hace pensar si aventurarnos y jugarnos la vida sabiendo que hacemos mal o nos quedamos inmóviles hasta que vengan tiempos mejores.

Luego está el cambio de colores. Si está en verde pero llegando a la linea imaginaria de pasarlo se torna rojo, es que algo hemos pasado por alto que hemos hecho mal o alguien nos quiere avisar de que ese no es el camino. 
Si de verde pasa a amarillo, es que hay que atesorar mucho valor para continuar por ese camino y que un paso atrás puede ser mejor que uno adelante apresurado. 
Si del rojo pasa al verde, es que aquello que vemos imposible que llegue está apunto de hacerse posible. Si del rojo pasa al amarillo, hay que sonreir, un buen augurio, una posibilidad que antes pensábamos que era utópica puede que en breve se haga realidad.

El problema es que es la vida la que maneja los semáforos y nosotros los que tenemos que aceptar sus reglas, pero recuerda que aceptar no es acatar. Paciencia conductores, que todo llega.

martes, 11 de febrero de 2020

NAVEGANDO ENTRE HUMO.

No porque yo quiera o tan siquiera lo pretenda, si no mayormente porque las circunstancias; Bueno, más bien el constante estado nervioso que atesoro me empujan a ello.Nunca te puedes imaginar ni en tus peores pesadillas vivir en una situación así, de angustia vital total. De vivir en una continua incógnita y no saber que te deparará el destino o las decisiones de personas ajenas totalmente a ti pero que puntualmente están manejando los hilos de tu supervivencia.

En esta situación límite en la que jamás pensé encontrarme, solo una cosa tengo someramente clara, sé lo que quiero. Estoy muy cansado ya, y esto no tiene visos de parar; me siento como si estuviera cayendo por un precipicio en plena caída libre; me intento aferrar, pero las paredes cada vez son más resbaladizas.Supongo que todos mis amigos hacen un esfuerzo al menos por entenderme, pero esto no se puede entender, ni yo lo entiendo a veces, ¡que locura!
Mañana cuando amanezca, en unos sitios hará sol, en otros estará nublado; para algunos será el mejor día y para otros el peor, no por ello el mundo va a dejar de girar. Y para mí, ¿que será?

La vida, eso que todo el mundo ansía tener hasta el último minuto, pero a veces, probablemente no nos damos cuenta que a lo mejor la vida no quiere seguir con nosotros, o que simplemente quiere jugar poniéndonos a prueba.Lo que quiero es vivir la vida tranquilamente, sin sufrimiento, pasar por ella en paz conmigo mismo y con los demás, que ya he aprendido muchas lecciones en 54 años y seguro que si el lobo deja de darme dentelladas y me da al menos una larga tregua, no volveré a tropezar en las mismas piedras (Aunque ya se sabe...el hombre siempre tropieza en la misma piedra, en la de la desidia y la irascibilidad, pero es que yo para eso soy muy constante).

Ultimamente la paz me la otorga el humo de un cigarrillo; un humo pernicioso pero que me hace soñar.En el humo veo formas que me excitan, que veo como se estremecen y como si se tratase de contorsionistas crean nuevas formas adecuadas al momento que están viviendo; condicionan sus forma según el viento reinante, al camino que están tomando. En el humo saboreo el momento ya quemado, consumido. Y ¿sabéis una cosa? beso el humo que me abraza hasta hacerme soñar.
Sueño en plena oscuridad donde hay un abismo que recoge los momentos, las imágenes que decoran el interior de mi cabeza. Inicio un período de levitación, de hipnosis, de sonambulismo. Un periodo donde tengo el presentimiento que tras mi puerta algunos se disfrazan para verse mejor; se insultan tras la cena; esconden la verdadera intención. 

Algunos se arrancan el rencor y lo transforman en amistad. Algunos, tras la hora de cenar, se comen la sensatez. En la descolorida pasión, algunos hasta se agitan rabiosamente provocando delirios totalmente desenfrenados, desgarrados de la realidad y de la simple imaginación. Durante el tumultuoso encuentro entre sueños y realidades, yo desperdicio los momentos de serenidad. Atravesando pasadizos indescifrables, jeroglíficos apresurados, adivinanzas y acertijos. Me intentan explicar el significado de la vida, y yo me carcajeo porque no entiendo en qué dirección sopla el viento y así saber la forma y el rumbo del humo. Espero que mañana la vida me obsequie con tranquilidad, sólo eso le pido, creo que no soy avaricioso, y espero para mi bien o para mal que sea la primera y última vez que le pida algo...

lunes, 10 de febrero de 2020

DESUBICACIÓN.

Siempre me ha ocurrido y supongo que no soy al único; aunque a mi ultimamente me ocurre de manera mas continuada. Cuando duermo solo en algún hotel o en alguna casa que no es la mía a veces me despierto de madrugada y durante unos segundos creo que estoy en mi habitación, en mi cama.Entonces como si de un acto reflejo se tratase busco a mi derecha el interruptor de la lámpara que tengo encima de la mesilla de noche. La mayoría de las veces; por no decir siempre, encuentro el aire y una sensación muy desagradable de vértigo me invade, como si agarrara el vacío. Es una sensación muy parecida como la de estar bajando una escalera sin barandillas y que de repente falte un peldaño a tus pies. 

Otras veces la sensación es como si encontrase una pared y en mi cerebro nace la creencia que yo percibo real de que es como chocarse con una puerta de cristal que no esperabas. Durante unos segundos interminables de angustia y de confusión la palma de mi mano tropieza con la pared como si fuera un tentáculo intentando averiguar que esta tocando;  buscando desesperadamente algún objeto familiar en medio de la oscuridad y de que al palparlo consiga de algún modo mandar un mensaje a mi cerebro de que todo está bien. Al no encontrar nada, solo vació. vuelve ha Crecer la sensación de vértigo; como si me estuviera cayendo a un pozo sin fondo y buscara en el aire algún saliente donde asirme para frenar la caída. Luego llega la lucidez como si de un fogonazo de raciocinio entrase de repente y comprendo donde estoy. Entonces mi entorno actual recobra su sentido y vuelvo a dormirme.

A veces me despierto de madrugada y te busco en mi cama, a mi izquierda. Unas veces encuentro el aire, otras la almohada. Entonces enciendo la luz y la tulipa color melocotón de la lampara de la mesita de noche me hace ver la realidad. Y comprendo que ya no estás. Luego intento dormirme otra vez, pero ya nada es igual.

viernes, 7 de febrero de 2020

LAS LUCHAS SON NECESARIAS.

Paseando por el parque un hombre encontró un capullo de mariposa y preso de la curiosidad se lo llevó a su casa para poder observar a la mariposa cuando emergiera  del capullo.

A los tres días de tenerlo en una caja de zapatos vio que en el capullo había un pequeño orificio y se sentó tranquilamente a observar por varias horas la enconada lucha de la mariposa por abrirlo más grande y poder salir. Observó con impaciencia como la mariposa forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del pequeño orificio, hasta que llegó un momento en el que pareció haber cesado de forcejear víctima del cansancio y que aparentemente no progresaba en su intento; Que se había agotado o ya había desistido al sentirse atascada y sin claros visos de conseguir salir de su celda de seda. 

El hombre en un arranque de bondad, decidió ayudar a la mariposa y valiéndose de una pequeña tijera cortó al lado del agujero para hacerlo más holgado y ahí fue que con extrema facilidad la mariposa pudo salir del capullo. Sin embargo, El hombre con un rictus de extrañeza vio que al salir la mariposa tenía un cuerpo muy hinchado y unas alas diminutas y dobladas. Continuó observando, pues esperaba que en cualquier momento las alas se desdoblarían y crecerían lo suficiente como para soportar el peso del orondo cuerpo y así conseguir unas medidas antropomórficas razonables.

Ninguna de las dos situaciones sucedieron y la mariposa solamente conseguía  moverse  en círculos arrastrando su cuerpo hinchado y sus alas dobladas. Murió a los pocos días sin llegar a volar. Lo que el hombre en su bondad  y apuro no entendió, fue que la estrechez y angostura de la apertura del capullo así como la voraz lucha requerida por la mariposa para salir por el diminuto agujero, era la forma en que la madre naturaleza siempre tan sabía, transfería fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que se formasen grandes y fuertes y así luego poder volar. 

La libertad y el volar solamente podían llegar luego de la lucha. Al privar a la mariposa de su lucha al hacérsela mas fácil, también le fue privada su salud. Algunas veces las luchas son necesarias para hacernos fuerte, para hacernos inmunes al desaliento. En definitiva; Son lo que necesitamos en la vida.

jueves, 6 de febrero de 2020

LOBOS CON PIEL DE CORDERO.




"Todos ven lo que tú APARENTAS; pocos adivinan lo que ERES."
Nicolas Maquiavelo.


Fué una gran persona. Ayudó mucho a los demás cuando lo necesitaban; le dijo para intentar consolar a su viuda.
- Sí, siempre echó una mano a todos los que le necesitaban; respondió ella.
- Aún recuerdo como me dejó dinero cuando lo necesitaba y me aconsejó sobre lo que debía hacer cuando me quedé en paro. Le debo mucho; intervino una tercera persona, que se acababa de sumar al velatorio.
- A Mari Luz le hizo un gran favor, cuando intercedió por ella. De no haber sido por él ahora estaría en muchos problemas; volvió a intervenir el hombre que habló el primero.
- La verdad que sí. Y ahora... míralo. Ahí dentro de ese ataúd. Es una pena...; repuso una mujer que hasta el momento no había participado en la conversació.
Estas últimas palabras provocaron el llanto desconsolado de la viuda.

Las frases incompletas, estereotipadas, actuaron como el percutor que golpea la bala y provoca una explosión con final incierto. Las lágrimas y el sonido sordo que las acompañaban cesaron cuando un desconocido preguntó por el hombre que yacía en lo que iba a ser su última morada. Su mujer se apresuró a aclarar al recién llegado que la persona por la que preguntaba era la misma que el fallecido que se encontraba en la habitación contigua.
El hombre guardando un sobre en su cartera de mano se dirigio de viva voz a la compungida viuda:
- Imagino que esta denuncia por malos tratos interpuesta por su mujer ya no tiene ningún sentido. Las exclamaciones de asombro no pasaron desapercibidas para aquel hombre, mientras se encaminaba a la puerta.