Emprende el viaje a Ítaca, pero demórate lo más que puedas. Haz muchas escalas, teniendo siempre presente tu isla, la que estas buscando. Al final llegas a Ítaca y ¿que vas a descubrir? Que la verdadera Ítaca era el viaje. (Homero)
miércoles, 27 de octubre de 2021
PERDIDO EN EL IKEA MOTRIL. PRÓLOGO.
martes, 26 de octubre de 2021
OTRO CICLO. ( Ya perdí la cuenta)
miércoles, 20 de octubre de 2021
COLUMPIOS.
martes, 19 de octubre de 2021
LA ARQUEOLOGÍA IGNORADA.
Hay muchas leyendas; Yo mas bien diría que Múltiples sobre este tema. Proceden de todos los rincones del
planeta, desde tiempos inmemoriales, aunque también existen relatos,
muchos, de expedicionarios, en la literatura, de arqueólogos, de
personas comunes, que aseguran que la Tierra, alguna vez,
estuvo habitada por gigantes. Pero, ¿hay evidencias? ¿son solo leyendas?
Tal vez en tiempos remotos existió realmente una
raza de belicosos gigantes que acabaron extinguiéndose en
innumerables guerras y cuyo recuerdo ha pervivido en forma de
leyendas. Algunos creen que los últimos de esta raza,
expulsados a regiones remotas por hombres más
pequeños pero más numerosos, involucionaron hacia
un estado animal.
Quizá la más conocida de todas las historias documentadas es la de los Patagones, estos seres que quedaron registrados en la bitácora del marino portugués Fernando de Magallanes (1510-20) durante la búsqueda de un paso entre el Atlántico y el Pacífico, estrecho que encontró y hoy lleva su nombre."Vimos cerca de la playa (en la Tierra del Fuego) un hombre que era tan grande, que nuestra cabeza llegaba apenas a su cintura", escribió en su diario Antonio Pigafetta, marino fiel a Magallanes. Los llamaron "Patagones", por el tamaño desmedido de sus pies y de allí deriva la palabra Patagonia, claro. Sin embargo, otras aseguran que Magallanes recogió el nombre de una novela popular en ese entonces, Primaleon (1512), que presentó una raza de gente salvaje llamada Patagonians.
El explorador neerlandés Jacob Le Maine navegó por
Sudamérica en 1615 y dejó un mapa de la zona que hoy es Puerto Deseado,
Santa Cruz, Argentina, con un curioso detalle: describió el punto H,
como el lugar "donde encontraron el sitio del entierro de un gigante,
cuyos huesos medían entre diez y once pies de largo", o sea, más de tres
metros.José de Acosta, un jesuita, antropólogo y naturalista español que desembarcó en América en 1571, por ejemplo, escribió en su Historia Natural de las Indias
que los chichimecas, pueblos originarios que ocuparon parte de México y
llegaron hasta Potosí, eran gigantes "que arrancaban las ramas de los
árboles como nosotros deshojamos lechugas".
Gigantes diseminados por todo el territorio estadounidense.
Se han encontrado restos de gigantes por todo Estados
Unidos. En 1833 un grupo de soldados sacó a la luz en
Rancho Lompock (Nevada) los restos de un hombre de 3,5 metros de
altura, rodeados de armas descomunales. En junio de 1877 unos
prospectores descubrieron cerca de Eureka (Nevada) los huesos de
una pierna y un pie gigantescos, correspondientes a un ser humano
de 3,65 metros. En 1891, en Crittenden (Arizona), una brigada de
obreros encontró un sarcófago que contenía a
un ser humano de más de 3 metros de estatura.
También a finales del siglo XIX, en Isla Catalina
(California), se hallaron los restos de unos gigantescos
pelirrojos. En Montana, en 1903, el profesor S. Farr
desenterró un esqueleto humano de 2,75 metros de
altura.
En 1911 unos buscadores de guano encontraron en una caverna de Lovelock (Nevada) un grupo de gigantes pelirrojos momificados. Los indios paiute hablaban de una antigua raza de gigantes caníbales que llamaban Si-Te-Cah,a los cuales habían combatido y expulsado al monte Shasta, cerca del cual se encuentra dicha caverna. Restos similares se hallaron en el lago Humboldt. En 1923 se desenterraron en el Gran Cañón (Arizona) los restos petrificados de dos gigantes de 4,5 y 5,5 metros de altura.
El zoólogo Ivan T. Sanderson contaba que un ingeniero le había enviado una carta relatándole que durante la II guerra mundial, mientras su compañía levantaba el terreno para construir un aeropuerto en la isla de Shemya (Alaska), había encontrado un enorme cráneo de 60 centímetros desde la base al vértex, lo que correspondería a una talla de 3,6 metros.En Cumberland (Reino Unido), en algún momento de la Edad media se descubrieron los restos de un gigante de 4,5 metros, cubierto por una armadura. En 1895, durante unas excavaciones realizadas en el condado de Antrim (Irlanda), un tal Dyer halló un gigante fosilizado de 3,70 metros de altura. Se exhibió en Dublín y más tarde en Liverpool y Manchester. Después de una disputa legal entre Dyer y su socio, un hombre llamado Kershaw, nada más se supo del coloso pétreo. Asimismo, en una gruta de Atyueca, cerca de Mangliss (en la antigua Unión Soviética) se encontraron esqueletos ndientes a un hombre de 3,5 metros.
de enormes dimensiones.
Durante la construción de una carretera en Homs (Turquía), a finales de los años 50, se encontraron fémures pertenecientes a gigantes de hasta 4,8 metros de altura.
Muchos de estos restos fueron enviados a museos (incluido el prestigioso Smithsonian), pero no se ha mostrado mucho interés en su estudio, ya que plantean demasiados interrogantes. Buscar una ubicación en el tiempo y una explicación satisfactoria a la presencia de estos colosos es una tarea compleja.
Para sorpresa de todos, junto a los restos aparecieron herramientas como hachas, cachiporras, azadas y cuchillos (algunas pesaban hasta 18 kilos), lo que descartaba que se tratara de los restos de un gran mono. En Bathurst (Australia) se halló, también junto a unas herramientas, un gigantesco molar que, según los expertos, podría haber correspondido a un ser humano de 7,5 metros de altura y 500 kilos de peso.
Los aborígenes australianos habitantes de la zona donde se descubrieron restos del Meganthropus cuentan que, en tiempos remotos, un hombre-bestia de tres metros de altura y totalmente cubierto de pelo, armado con un hacha de piedra, mataba y devoraba a cuantos se cruzaban en su camino. Estos seres reciben el nombre de almasty en Rusia, dzönglai edmai en India, metoh-kangmi y yeti en el Himalaya, bigfoot en Estados Unidos y sasquatch en Canadá. Quizá son los últimos descendientes de una raza de gigantes que una vez dominó el mundo...
GOOGLEANDO.
lunes, 18 de octubre de 2021
Y JAMÁS VOLVÍ.
Si
alzas las puntas de los dedos puedes a veces tocar tus sueños;
acariciar por un momento las estrellas del cielo.
domingo, 17 de octubre de 2021
CLAUDIO.
Abro los ojos, pero mi vista tarda un rato en enfocarse y yo en ubicarme. La sangre martillea mis sienes repetidamente, suena tan fuerte en mi cabeza como si cientos de martillos pilones golpearan a la vez el mismo yunque y pienso que voy a volverme loco. Me levanto renqueando e intento incorporarme, pero me cuesta una barbaridad. Supongo que después de haberme empinado dos botellas de pacharán por la noche esto es normal, se trata de una mala resaca. El camino hasta el cuarto de baño se torna agónico y tortuoso. Me introduzco en la ducha, el agua fría resbala por mi cuerpo y empiezo a sentirme otra vez persona por primera vez. Cuando salgo al salón veo que hay un mensaje en el contestador del teléfono que no para de parpadear su chivato luminoso. Es curioso, hace tiempo que nadie se interesa por mí tanto como para llamarme.
Ha amanecido una mañana muy fría; de las que el vaho se cuela por las hendiduras de las ventanas y se aloja por los más inhóspitos recovecos de las habitaciones. Amenaza con obligarme a dos mangas mínimas para salir a la calle y es que debo de salir porque la humedad de las paredes hace forzoso salir a tomar el aire, aunque este me helara los pulmones. Pero antes como si se tratase de un ritual encendí el ordenador, me serví una generosa taza de café solo y encendí un pitillo; Debo de escribir un relato diario, algo que me autoimpuse como si de una disciplina espartana se tratase. Así que vamos a empezar.
Claudio; un chico enjuto y de rasgos más bien demacrados por su extrema delgadez se levantó esa mañana con la boca pastosa, quizá del tabaco, quizá del alcohol... y se sorprendió algo mareado y con la visión confusa. Le dolían las cuencas oculares. Cuando decidió dejar el cálido lecho para comenzar la jornada tuvo que hacerlo casi a tientas para llegar al baño sin los típicos percances que le harían recordar su torpeza en forma de señalados moretones. Como siempre levantó la tapa del retrete y el placer le sobrevino al descargar la orina acumulada que casi reventaba su vejiga. Luego se fue al lavabo y frente al espejo abrió el grifo de agua fría y procedió a lavarse la cara con frenesí, inevitable para azuzar su aún dormido cuerpo y reanimarlo al punto necesario para no caer en el sopor que aún arrastraba. Se miró al espejo con la cara aún húmeda y no pudo más que sorprenderse levemente al notar unos pequeños bultitos alrededor de su cara y cabeza, como pequeños chichones. Demasiados para una noche de locura alcohólica que apenas sí recordaba. No le dio importancia y siguió con su ritual matutino.
Ahora, algo más despejado se despojó del pijama y se metió en la ducha, se secó, se vistió y preparó café para un regimiento. Un cigarro y mientras sorbía con deleite el líquido humeante y de color térreo. No le gustaban nada los lunes, Claudio prefería los viernes, o cualquier otro día, pero odiaba el comienzo de la semana, la vuelta a lo de siempre, a la rutina homicida que le comía las entrañas cada vez que entraba por la puerta del trabajo. Una vez acabado el café, se dispuso a llevar la taza al fregadero, al inclinarse se notó extraño, como si hubiese tenido que medir mejor el acto de agacharse y la distancia fuera ligeramente superior a lo habitual. Desconcertado miró absorto los armarios, el suelo... había algo diferente, pero no acertaba a dar con la desarmonía que se había apoderado de su mundo con levedad.
Se tocó la sien izquierda, un pequeño bultito, quizá la vena, palpitaba provocando un creciente dolor de cabeza. Quizá no debería ir al trabajo, se decía a sí mismo. Sabía que su presencia no era imprescindible y que nunca había estado enfermo, así que no se lo pensó más y llamó para decir que no se encontraba bien y que no iría durante todo el día. Al colgar el teléfono, un dolor le oprimió la cabeza por todos lados, le dejó entumecidos los sentidos y tuvo que buscar con los dientes apretados y los ojos desorbitados un lugar donde sentarse. El sofá estaba cerca así que se lanzó sobre él, cayendo sentado. El dolor aumentó, agarró su cabeza con ambas manos y emitió un pequeño gemido. La tensión se fue apoderando de su cuerpo y se sintió temblar de arriba abajo. Entonces lo notó, su cuerpo estaba creciendo, sus músculos se agrandaban y su piel se estiraba sin compasión ni dilación, rápidamente... pronto el techo quedó al alcance de su cabeza dolorida.
Era una planta baja de un residencial a las afueras de la ciudad y al romper el techo con su testa emergió como Poseidón sobre las aguas, derramando escombros a cada lado del agujero proferido en la terraza. Cuando dejó de crecer, decenas de miradas sorprendidas podían verle sobresaliendo de su propia casa que ahora quedaba a la altura de sus rodillas.
viernes, 15 de octubre de 2021
NACEMOS.
Todos nacemos con muchos fines en nuestra vida, pero la realidad es que no son mas que meros caminos hacia el fin último y mas importante, Hallar la felicidad. La buscamos y no cesamos de buscarla desde que nacemos hasta que morimos. Aunque triste, muy pocos llegan a encontrarla, Y el resto de nosotros vivimos en una falsa felicidad, y sí, es falsa, porque si verdaderamente fuéramos felices no necesitaríamos nada, porque la verdadera felicidad radica en nuestro interior. Estar en sintonía con nuestro propio yo.
Desgraciadamente la sociedad en la que vivimos hace todo lo necesario para que no logremos ser felices, nos sentimos mal con nosotros mismos, nos hacen pensar que debemos ser de una determinada manera para ser aceptados por esta sociedad, que nos usa como a meros productos. Somos proyectos desde que nacemos, la alimentamos, sin nosotros no sería nada. Alimentamos a la sociedad y ella se alimenta de nosotros hasta los últimos días.
Nos creemos libres, pero sin saberlo somos nuestros propios esclavos; obligando de una manera sibilinamente al que piensa diferente a ser como el resto. Y todo radica en ese miedo a lo desconocido, ese miedo que es fomentado desde pequeños, nos dicen como tenemos que ser, lo que nos tiene que gustar lo que se espera de nosotros, y yo me pregunto... ¿qué hay de lo que realmente sentimos que queremos ser, sentimos que nos gusta y sentimos que debemos hacer? ¿Qué hay de nuestros sentimientos?, ¿qué hay de dejarnos llevar?, de adentrarnos en nuestro yo profundo, de conocernos a nosotros mismos.
Si hiciéramos todo eso desarrollaríamos muchísimo la sensibilidad, la reflexión, el sentir. Pero la sociedad evita que nos hagamos esas preguntas, bombardeándonos con programas basura, películas vacías, sensacionalismo, nos va atrofiando poco a poco, hasta que creemos que somos así; cuando en realidad cada uno de nosotros tenemos un gran potencial por sacar y demostrar al mundo. Somos el resultado de la perfección y la fragilidad, de claridad e incertidumbre absoluta...
Cuanto más caía la oscuridad de la noche cada vez yo lo veía más claro y tal y como mi mente usaba marchas muy cortas toda iba insultantemente más deprisa. Y quise racionalizar las cosas en blanco, pero todo lo veía negro, también quise olvidar, y no hice otra cosa más que recordar. Mis amigos me decían que el vaso de mi vida tenía un enorme agujero, así que de nuevo lo llené. Y aunque mi conciencia me susurraba que tenía un problema, hice lo que mejor se hacer y que de nuevo lo obvié.
Mi inicio era mi final, demasiado peso en tan escueto cuerpo y mucha altura para ser tan bajito. Y de las dos posibilidades iba a acabar sucediendo la tercera. El mundo giraba mientras mi vida se detenía, todo ello en un instante, durante un segundo, aunque me pareciesen horas. Y decidí ponerme a caminar sin avanzar, a saltar para abajo y escavar hacía arriba. Sabía lo que debía hacer, así que acabaría haciendo lo contrario, y es que en ocasiones, las cosas más simples, son las más complicadas.
BAILAR.