miércoles, 27 de octubre de 2021

PERDIDO EN EL IKEA MOTRIL. PRÓLOGO.

Cuando leí lo del niño criado por los empleados de ikea ya aberrunté yo que se me iba a despertar el " Bufón" que andaba aletargado en mi. Y yo tenía que pergeñar alguna idea.

Para empezar; He de aclarar que aunque desde pequeño me llamaron Gustav Aeki, mi verdadero nombre es Gonzalo de Guzmán. Lo del nombre tan Sueco es porque fui criado por los reponedores y dependientes de un centro comercial de muebles suecos hasta los 10 años o poco mas; como no celebraba cumpleaños porque realmente mis años los regia yo mentalmente sumando los anuncios de ofertas de temporada que oía por la megafonía cada año. Aprender a leer fue cosa fácil; una reponedora me tomaba la lección con un panfleto de instrucciones para montar un descalzador "LINDOSHPIESH"; me costó Dios y ayuda aprender letras, pero lo positivo es que ese descalzador lo montaba yo en 3 minutos a mi tierna edad de 5 años sin sobrarme un puñetero tornillo, ¿ superadlo si podéis!. 

Me llamo Gustav en honor al reponedor que me encontró y Aeki porque es Ikea al revés y así me salvaban de futuras demandas por uso indebido como apellido de una marca. Y todo ello provocado por la desidia de mis padres que me dejaron olvidado en la sección prenatal de dicho centro (Todavía quiero creer que el motivo no fuese porque era mas feo que el salpicadero de un seat panda) aunque ya de recién nacido oía a mi madre decir a las amigas : " Mira que estar 9 meses sin beberme un cubata para tener esa cosa", evidentemente esa cosa era yo.

Pero no nos desviemos en nimiedades; Esa sección constaba de 60 pasillos de 500 metros cada uno unidos a otros tantos haciendo una gigantesca cuadrícula y posiblemente mis padres dieron por imposible mi búsqueda. Es que mi capazo estaba encima de un armario MILECHESH y por mas que pasaron no me vieron.
Con el tiempo y habiendose jubilado la mayoria de reponedores y dependientes y los nuevos no querian "cargos" de mantener a un niño okupa empezé a vagar por mil centros de acogida.

Ya entrado en años ya tenía esa experiencia pasada durmiendo el sueño de los justos en mi memoria; hasta que al tiempo volví a un centro de esa misma cadena para acompañar a un amigo. Lo que no sabía yo que reviviría momentos tan agrios como los anteriores y la pesadilla volvió a planear sobre mi persona. Esta es mi historia tal como la cuento...

Amaneció un dia otoñal. Pero de los otoños que se desarrollan en Motril. Un sol radiante y un calor agradable. Había quedado con un amigo para desayunar y en pleno desayuno me comenta que tiene que ir a un centro comercial a comprar un complemento de hogar para su casa y se le podía acompañar. en principio me pareció bien la idea hasta que dijo la palabra prohibida. Una palabra que tenía yo bajo llave en lo más profundo de mi córtex cerebral... IKEA.
Cogí tembloroso la taza de café y me la acerqué a la boca para posteriormente contestarle que no podía ir; para ello tenía que buscar una excusa... pero no me salió en ese momento.
Así que Ahora me veo enfrente de la puerta del centro comercial como el torero que espera que se abra la puerta de toriles. Comienza un dejavu de mi vida pasada...

Andamos por el pasillo de Decomisos buscando la idea que lleva mi amigo en la cabeza hecha objeto; no se si un jarrón, un cuadro, una mesita de noche... un potro de tortura. En un pasillo leo encima de un pasillo un enorme cartelon con la palabra " Prenatal" y se me dispara el chip de los recuerdos. Inconscientemente me dirijo a el y justo por la mitad del inmenso pasillo veo un armario "MILECHESH”, el mismo que me sirvio de lar, solo que este era color azul y el mio verde manzana. ¡Dios! Me empiezan a temblar las canillas de los pies mientras un escalofrio recorre mi cuerpo. Se me nubla la vista y empiezo a recordar cuando usé de mordedor sus tiradores. De como gateaba por ese pasillo y me llevaba colillas y chicles pegados en las palmas de las manos. De cómo dormía plácidamente en uno de sus cajones y de cómo jugaba al escondite con un ratón que me trajo el cocinero del snack bar del centro comercial. Tiempos felices aquellos. 

Recuerdo con sonrisa bobalicona como todos los empleados llevaban en la cartera una foto mia para enseñarla a los clientes por si me sacaban parecido a algún vecino de ellos y así localizar a mis padres. Cosa que al mes hubo que descartar porque la mujer de Eric el de los accesorios de baños, le encontró la foto y montó un pitote de padre y señor nuestro. ¿Que si ese niño de quien era? ¿ Que como yo era rubio si el era moreno? Que ya sabia ella que el lío con la limpiadora no era mentira, en fin...

Una vez salido del sopor placentero del recuerdo desvio la vista y no veo a mi amigo que hasta hace un instante estaba viendo unos cojines " CULOSH". Miro a derecha e izquierda y no está. Salgo a un pasillo enorme y no veo a nadie, chillo y nadie me oye; enciendo una motosierra de la sección de herramientas y nadie acude. Esa es la prueba definitiva de que comienza mi pesadilla de nuevo después de 40 años...
Sentado en un puff de piel de cabrito nórdico he decidido plasmar mi experiencia en un cuaderno de bitácora usando un block de pedidos y un lápiz de carpintero que he cogido de un estante. Mayormente por si no me encuentran dejar constancia de las penurias que pasé y dejar lo escrito por si lo leen futuras generaciones.

Nota del escritor: La imagen es la foto mia que portaban los empleados.
Continuará...

martes, 26 de octubre de 2021

OTRO CICLO. ( Ya perdí la cuenta)

Me preguntaba si realmente soy insensible... Las tormentas me estremecieron y quise convertirme en cuero para soportar las aguas venideras, como si el arranque de supervivencia me hiciera alcanzar el deseo de eternidad. Y cuando ya el tiempo perdido me llevaba a la desesperación, cuando mis pasos aún dudaban en la ignorancia o en la ingenuidad, causa del dolor, he decidido dar entrada al otoño en mi vida, comenzar otra edad, porque mi resistencia ha ido mermando a cada golpe de tiempo y mi ilusión se ha ido perdíendo cada atardecer, que cada vez preludiaba una noche más larga en mi lar. Me llegaron los vientos, aires y desaires, cielos oscuros, lunas escondidas, árboles desnudos, algún hielo y alguna bruma. 
 
Ya me cansa mi soledad, soledad de sabio y fiel amigo, vuelvo a la carga de la tarea impuesta, dolor ante la exaltación o placebo para la grandeza. Me vuelve a vencer el otoño con armas de carcoma en forma de píldoras contra lo más profundo de mis entrañas, pero aún tengo intacta la esperanza de encontrarme un aliento de vida en mi corazón frente a las puertas del infierno. 

¡ Por los hados! Que pereza me da volver a enfundarme la cota de malla y la mascara y ser telonero de este show; y si toca velar armas en noches de insonnia me haré complice de Don Alonso Quijano. Pero luego lo entiendo; Todo en la vida tiene un porque y a golpes no podemos encajar las piezas, simplemente dejarse llevar. Pienso que escribir es algo parecido. Es un espejo donde intentas ver esas cosas importantes que definen el todo, para, diciendo lo mínimo, decirlo todo. Las palabras escritas son los trazos que describen nitidamente la cara de la vida. Si acertamos, nuestra mirada brilla al verse en ese espejo, pero si nos equivocamos siempre esperamos arrancar, como poco, una sonrisa.


miércoles, 20 de octubre de 2021

COLUMPIOS.

 

Ya cada vez mas se retuercen de dolor cada una de mis articulaciones. Con el paso del tiempo se han ido oxidando y me han dejado postrado aquí, olvidado. Pero es que duro enfrentarse a las inclemencias del tiempo, cuando la nieve y la lluvia te empapan sin apenas poder secarte; cuando el calor agonizante de verano te quema en lo más hondo. Y creo que nunca se escapó de mi una sola queja. Así me lo agradecen, relegándome, dejándome sucumbir. Nadie se ha preocupado de curarme, aliviar cada uno de mis gritos cada vez que me movía. Ciertamente el tiempo se me llevará solo.

Es extraño; uno se da cuenta de que llega a viejo cuando empieza a recordar tiempos mejores. Aquellos en los que una multitud de niños y niñas de diversas edades venían pugnando por ser los primeros, por dejarse mecer como sólo yo sabía. Pero ese tiempo ya pasó. Ahora estoy relegado a ser un mero espectador, esperando el día en que sin más, vengan a buscarme. Ciertamente no creo que reserven para mi una tumba, así que bueno, que me desmonten no será tan malo. Tantas horas en este parque. La fuente aún sigue ahí, jugando a mojar a todos cuando un dedo la saluda. 

El banco, este banco que siempre está tan observador, lleno de padres, abuelas, madres, parejas que descubren eso de la primavera. En fin, mira que al final echaré de menos este césped mal cuidado, los tres árboles y como no, sus palomas y hermosas cagadas. Es gracioso que ahora añore esto. Alguien se acerca. Bueno, quien sabe, puede que esta sea nuestro último viaje joven, así que, reservaré el dolor de mis engranajes para una mejor vida. Ahora, despeguemos...
El chirrido de la cadena se hacía audible a lo lejos. Iba y venía. Pero esta vez, más que un grito de dolor, parecían las notas de alguna canción. A más se agrandaba la sonrisa del muchacho, más se estiraba el canto chirrioso.

Aquel fue uno de los últimos viajes que el columpio dio. Un mes de marzo fue desmontado. Nadie lloró su ausencia, los niños y niñas del lugar apenas lo echaron en falta. Sin embargo, a muchos de los jóvenes del lugar, unos cuantos adultos que paseaban con sus pipas por aquel parque, sintieron como si hubieran enterrado su niñez aquel día. Otro columpio moría ante la mirada desinteresada de los más pequeños...

martes, 19 de octubre de 2021

LA ARQUEOLOGÍA IGNORADA.

Hay muchas leyendas; Yo mas bien diría  que Múltiples sobre este tema. Proceden de todos los rincones del planeta, desde tiempos inmemoriales, aunque también existen relatos, muchos, de expedicionarios, en la literatura, de arqueólogos, de personas comunes, que aseguran que la Tierra, alguna vez, estuvo habitada por gigantes. Pero, ¿hay evidencias? ¿son solo leyendas?


Tal vez en tiempos remotos existió realmente una raza de belicosos gigantes que acabaron extinguiéndose en innumerables guerras y cuyo recuerdo ha pervivido en forma de leyendas. Algunos creen que los últimos de esta raza, expulsados a regiones remotas por hombres más pequeños pero más numerosos, involucionaron hacia un estado animal.

Quizá la más conocida de todas las historias documentadas es la de los Patagones, estos seres que quedaron registrados en la bitácora del marino portugués Fernando de Magallanes (1510-20) durante la búsqueda de un paso entre el Atlántico y el Pacífico, estrecho que encontró y hoy lleva su nombre."Vimos cerca de la playa (en la Tierra del Fuego) un hombre que era tan grande, que nuestra cabeza llegaba apenas a su cintura", escribió en su diario Antonio Pigafetta, marino fiel a Magallanes. Los llamaron "Patagones", por el tamaño desmedido de sus pies y de allí deriva la palabra Patagonia, claro.  Sin embargo, otras aseguran que Magallanes recogió el nombre de una novela popular en ese entonces, Primaleon (1512), que presentó una raza de gente salvaje llamada Patagonians.

El explorador neerlandés Jacob Le Maine navegó por Sudamérica en 1615 y dejó un mapa de la zona que hoy es Puerto Deseado, Santa Cruz, Argentina, con un curioso detalle: describió el punto H, como el lugar "donde encontraron el sitio del entierro de un gigante, cuyos huesos medían entre diez y once pies de largo", o sea, más de tres metros.José de Acosta, un jesuita, antropólogo y naturalista español que desembarcó en América en 1571, por ejemplo, escribió en su Historia Natural de las Indias que los chichimecas, pueblos originarios que ocuparon parte de México y llegaron hasta Potosí, eran gigantes "que arrancaban las ramas de los árboles como nosotros deshojamos lechugas".

Gigantes diseminados por todo el territorio estadounidense.

Se han encontrado restos de gigantes por todo Estados Unidos. En 1833 un grupo de soldados sacó a la luz en Rancho Lompock (Nevada) los restos de un hombre de 3,5 metros de altura, rodeados de armas descomunales. En junio de 1877 unos prospectores descubrieron cerca de Eureka (Nevada) los huesos de una pierna y un pie gigantescos, correspondientes a un ser humano de 3,65 metros. En 1891, en Crittenden (Arizona), una brigada de obreros encontró un sarcófago que contenía a un ser humano de más de 3 metros de estatura. También a finales del siglo XIX, en Isla Catalina (California), se hallaron los restos de unos gigantescos pelirrojos. En Montana, en 1903, el profesor S. Farr desenterró un esqueleto humano de 2,75 metros de altura.

En 1911 unos buscadores de guano encontraron en una caverna de Lovelock (Nevada) un grupo de gigantes pelirrojos momificados. Los indios paiute hablaban de una antigua raza de gigantes caníbales que llamaban Si-Te-Cah,a los cuales habían combatido y expulsado al monte Shasta, cerca del cual se encuentra dicha caverna. Restos similares se hallaron en el lago Humboldt. En 1923 se desenterraron en el Gran Cañón (Arizona) los restos petrificados de dos gigantes de 4,5 y 5,5 metros de altura.

El zoólogo Ivan T. Sanderson contaba que un ingeniero le había enviado una carta relatándole que durante la II guerra mundial, mientras su compañía levantaba el terreno para construir un aeropuerto en la isla de Shemya (Alaska), había encontrado un enorme cráneo de 60 centímetros desde la base al vértex, lo que correspondería a una talla de 3,6 metros.En Cumberland (Reino Unido), en algún momento de la Edad media se descubrieron los restos de un gigante de 4,5 metros, cubierto por una armadura. En 1895, durante unas excavaciones realizadas en el condado de Antrim (Irlanda), un tal Dyer halló un gigante fosilizado de 3,70 metros de altura. Se exhibió en Dublín y más tarde en Liverpool y Manchester. Después de una disputa legal entre Dyer y su socio, un hombre llamado Kershaw, nada más se supo del coloso pétreo. Asimismo, en una gruta de Atyueca, cerca de Mangliss (en la antigua Unión Soviética) se encontraron esqueletos ndientes a un hombre de 3,5 metros.Monografias.com de enormes dimensiones.

Durante la construción de una carretera en Homs (Turquía), a finales de los años 50, se encontraron fémures pertenecientes a gigantes de hasta 4,8 metros de altura.

Muchos de estos restos fueron enviados a museos (incluido el prestigioso Smithsonian), pero no se ha mostrado mucho interés en su estudio, ya que plantean demasiados interrogantes. Buscar una ubicación en el tiempo y una explicación satisfactoria a la presencia de estos colosos es una tarea compleja.

Para sorpresa de todos, junto a los restos aparecieron herramientas como hachas, cachiporras, azadas y cuchillos (algunas pesaban hasta 18 kilos), lo que descartaba que se tratara de los restos de un gran mono. En Bathurst (Australia) se halló, también junto a unas herramientas, un gigantesco molar que, según los expertos, podría haber correspondido a un ser humano de 7,5 metros de altura y 500 kilos de peso.

Los aborígenes australianos habitantes de la zona donde se descubrieron restos del Meganthropus cuentan que, en tiempos remotos, un hombre-bestia de tres metros de altura y totalmente cubierto de pelo, armado con un hacha de piedra, mataba y devoraba a cuantos se cruzaban en su camino. Estos seres reciben el nombre de almasty en Rusia, dzönglai edmai en India, metoh-kangmi y yeti en el Himalaya, bigfoot en Estados Unidos y sasquatch en Canadá. Quizá son los últimos descendientes de una raza de gigantes que una vez dominó el mundo...

GOOGLEANDO.



lunes, 18 de octubre de 2021

Y JAMÁS VOLVÍ.

Si alzas las puntas de los dedos puedes a veces tocar tus sueños; acariciar por un momento las estrellas del cielo.

...Poco a poco, todo va perdiendo su color. Yo no me di cuenta, nadie se puede dar cuenta, y es que el tiempo acaba parándose; la multitud de sombras negras en forma de personas se detienen, tan solo te ves a ti mismo a una escala de grises. Cuando alcé mi cabeza para mirar al frente, no quedaba nadie, tan solo edificios de color blanco en un fondo negro, tan solo quedaba el vacío. No dejé de caminar. Cada paso que hacía me costaba más que el anterior. El paisaje se deformaba y algunos edificios, los cuales eran todos idénticos al resto, emergían del negro cielo e infinito boca abajo.

¿Qué lugar era ese? Todo parecía olvidado, vacío, todo era como me sentía. Cegado por la oscuridad que me rodeaba, perdí mi orientación, todo carecía de importancia y acabé tropezando haciéndome caer al suelo. Sin esperanza y sin respuestas a mis preguntas, no me quedaba nada para avanzar, estaba a punto de abandonarlo todo para quedarme ahí, en un lugar de ningún lado, solo. Fue entonces como llegué hasta aquí, una de las terrazas de algún edificio. Sin saber cómo llegue a este sitio, quizás sí que me quedaba un poco de esperanza. Me acerco a la barandilla, no para observar el resto de idénticas construcciones que se perdían en el horizonte, sino para ver el cielo. Lo que me atrae de ese cielo es esas estrellas que antes no estaban y cuya luz no puedo dejar de mirar. “Ojalá pudiera alcanzar las estrellas” dije sin pensar. Son como un libro hermoso, muy hermoso, pero escrito en otro idioma. Uno exótico y vivo. De manera que solo aquellos que hayan aprendido a leer en ellas serán capaces de apreciar su verdadera belleza. Menos mal que me apresuré a entender su lengua.

Y su lenguaje me dice que los días van arañando la piel de mi tristeza, que ya va el calendario pintando arrugas de amarillo viejo. Y que ahora que la ardiente hoguera del otoño prende jirones de nube parda en mis ojos, mi memoria encenderá recuerdos de niebla y lavanda. Entonces recordaré que un día me fui. Que un día dejé mis sueños colgando sobre Madrid. Me marche un dia en que el sol peinaba tirabuzones de oro entre los cedros del Líbano del paseo del prado, la brisa, paría rizos en cualquier césped de la plaza de España; la luna forjaba plata entre los olivos unido al aroma de azahar en el parque de la quinta. Y mis ojos te han visto acechantes, aguijoneados por las dudas de un presente previsiblemente Incierto. 
 
Y mis ojos te han visto mientras las luciérnagas insultaban a tu hiperactiva madrugada cubriendo con sus destellos las horas perdidas de los borrachos, Los sueños rotos de los enamorados; Los resquicios de amaneceres que siempre pasan a mejor vida. En esas estrellas mis ojos te han visto o quizá era un sueño de loco sureño desbrozado entre los riscos del puerto de Navacerrada; Expectante, Soliviantado tras las dudas de un ser que se intuye muerto. Mis ojos se han confundido ante la visión de en la mañana ver en la misma mesa de bar al madrugador tomando café junto al trasnochador bailando los cubitos de un ron con Cola en vaso largo. Mis ojos han visto como las lineas discontinuas del asfalto de tus calles son las venas donde corre las prisas del urbanita. Donde las aceras son las islas donde habitan mendigos, artistas y gente con prisa y mirada perdida para ir a todas partes y a ningún lugar.
Mis ojos han visto tu gran vía inundada de neones, un crisol de colores que poco tendría que envidiar a la gran manzana neyorkina; Donde cualquier modistilla llamada Eva no dudaría un instante en morderla, porque Madrid es un pecado terrenal. 

Mis ojos te han visto Y desearían volver a verte, aunque sean cortantes tus calles y avenidas, aunque tras cualquier esquina pueda sobrevenirnos La muerte. Porque Madrid Es como un dia luminoso y matutino en donde cantan los gallos y ladran los perros. Y por todo ello desde esa barandilla miraré hacia las estrellas con ojos de vidrio y lloraré por el día en que jamás volví...

domingo, 17 de octubre de 2021

CLAUDIO.

 

Abro los ojos, pero mi vista tarda un rato en enfocarse y yo en ubicarme. La sangre martillea mis sienes repetidamente, suena tan fuerte en mi cabeza como si cientos de martillos pilones golpearan a la vez el mismo yunque y pienso que voy a volverme loco. Me levanto renqueando e intento incorporarme, pero me cuesta una barbaridad. Supongo que después de haberme empinado dos botellas de pacharán por la noche esto es normal, se trata de una mala resaca. El camino hasta el cuarto de baño se torna agónico y tortuoso. Me introduzco en la ducha, el agua fría resbala por mi cuerpo y empiezo a sentirme otra vez persona por primera vez. Cuando salgo al salón veo que hay un mensaje en el contestador del teléfono que no para de parpadear su chivato luminoso. Es curioso, hace tiempo que nadie se interesa por mí tanto como para llamarme.

Ha amanecido una mañana muy fría; de las que el vaho se cuela por las hendiduras de las ventanas y se aloja por los más inhóspitos recovecos de las habitaciones. Amenaza con obligarme a dos mangas mínimas para salir a la calle y es que debo de salir porque la humedad de las paredes hace forzoso salir a tomar el aire, aunque este me helara los pulmones. Pero antes como si se tratase de un ritual encendí el ordenador, me serví una generosa taza de café solo y encendí un pitillo; Debo de escribir un relato diario, algo que me autoimpuse como si de una disciplina espartana se tratase. Así que vamos a empezar.

Claudio; un chico enjuto y de rasgos más bien demacrados por su extrema delgadez se levantó esa mañana con la boca pastosa, quizá del tabaco, quizá del alcohol... y se sorprendió algo mareado y con la visión confusa. Le dolían las cuencas oculares. Cuando decidió dejar el cálido lecho para comenzar la jornada tuvo que hacerlo casi a tientas para llegar al baño sin los típicos percances que le harían recordar su torpeza en forma de señalados moretones. Como siempre levantó la tapa del retrete y el placer le sobrevino al descargar la orina acumulada que casi reventaba su vejiga. Luego se fue al lavabo y frente al espejo abrió el grifo de agua fría y procedió a lavarse la cara con frenesí, inevitable para azuzar su aún dormido cuerpo y reanimarlo al punto necesario para no caer en el sopor que aún arrastraba. Se miró al espejo con la cara aún húmeda y no pudo más que sorprenderse levemente al notar unos pequeños bultitos alrededor de su cara y cabeza, como pequeños chichones. Demasiados para una noche de locura alcohólica que apenas sí recordaba. No le dio importancia y siguió con su ritual matutino.

Ahora, algo más despejado se despojó del pijama y se metió en la ducha, se secó, se vistió y preparó café para un regimiento. Un cigarro y mientras sorbía con deleite el líquido humeante y de color térreo. No le gustaban nada los lunes, Claudio prefería los viernes, o cualquier otro día, pero odiaba el comienzo de la semana, la vuelta a lo de siempre, a la rutina homicida que le comía las entrañas cada vez que entraba por la puerta del trabajo. Una vez acabado el café, se dispuso a llevar la taza al fregadero, al inclinarse se notó extraño, como si hubiese tenido que medir mejor el acto de agacharse y la distancia fuera ligeramente superior a lo habitual. Desconcertado miró absorto los armarios, el suelo... había algo diferente, pero no acertaba a dar con la desarmonía que se había apoderado de su mundo con levedad.

Se tocó la sien izquierda, un pequeño bultito, quizá la vena, palpitaba provocando un creciente dolor de cabeza. Quizá no debería ir al trabajo, se decía a sí mismo. Sabía que su presencia no era imprescindible y que nunca había estado enfermo, así que no se lo pensó más y llamó para decir que no se encontraba bien y que no iría durante todo el día. Al colgar el teléfono, un dolor le oprimió la cabeza por todos lados, le dejó entumecidos los sentidos y tuvo que buscar con los dientes apretados y los ojos desorbitados un lugar donde sentarse. El sofá estaba cerca así que se lanzó sobre él, cayendo sentado. El dolor aumentó, agarró su cabeza con ambas manos y emitió un pequeño gemido. La tensión se fue apoderando de su cuerpo y se sintió temblar de arriba abajo. Entonces lo notó, su cuerpo estaba creciendo, sus músculos se agrandaban y su piel se estiraba sin compasión ni dilación, rápidamente... pronto el techo quedó al alcance de su cabeza dolorida.

Era una planta baja de un residencial a las afueras de la ciudad y al romper el techo con su testa emergió como Poseidón sobre las aguas, derramando escombros a cada lado del agujero proferido en la terraza. Cuando dejó de crecer, decenas de miradas sorprendidas podían verle sobresaliendo de su propia casa que ahora quedaba a la altura de sus rodillas.

viernes, 15 de octubre de 2021

NACEMOS.

Todos nacemos con muchos fines en nuestra vida, pero la realidad es que no son mas que meros caminos hacia el fin último y mas importante, Hallar la felicidad. La buscamos y no cesamos de buscarla desde que nacemos hasta que morimos. Aunque triste, muy pocos llegan a encontrarla, Y el resto de nosotros vivimos en una falsa felicidad, y sí, es falsa, porque si verdaderamente fuéramos felices no necesitaríamos nada, porque la verdadera felicidad radica en nuestro interior. Estar en sintonía con nuestro propio yo.

Desgraciadamente la sociedad en la que vivimos hace todo lo necesario para que no logremos ser felices, nos sentimos mal con nosotros mismos, nos hacen pensar que debemos ser de una determinada manera para ser aceptados por esta sociedad, que nos usa como a meros productos. Somos proyectos desde que nacemos, la alimentamos, sin nosotros no sería nada. Alimentamos a la sociedad y ella se alimenta de nosotros hasta los últimos días. 

Nos creemos libres, pero sin saberlo somos nuestros propios esclavos; obligando de una manera sibilinamente al que piensa diferente a ser como el resto. Y todo radica en ese miedo a lo desconocido, ese miedo que es fomentado desde pequeños, nos dicen como tenemos que ser, lo que nos tiene que gustar lo que se espera de nosotros, y yo me pregunto... ¿qué hay de lo que realmente sentimos que queremos ser, sentimos que nos gusta y sentimos que debemos hacer? ¿Qué hay de nuestros sentimientos?, ¿qué hay de dejarnos llevar?, de adentrarnos en nuestro yo profundo, de conocernos a nosotros mismos.

Si hiciéramos todo eso desarrollaríamos muchísimo la sensibilidad, la reflexión, el sentir. Pero la sociedad evita que nos hagamos esas preguntas, bombardeándonos con programas basura, películas vacías, sensacionalismo, nos va atrofiando poco a poco, hasta que creemos que somos así; cuando en realidad cada uno de nosotros tenemos un gran potencial por sacar y demostrar al mundo. Somos el resultado de la perfección y la fragilidad, de claridad e incertidumbre absoluta...

Cuanto más caía la oscuridad de la noche cada vez yo lo veía más claro y tal y como mi mente usaba marchas muy cortas toda iba insultantemente más deprisa. Y quise racionalizar las cosas en blanco, pero todo lo veía negro, también quise olvidar, y no hice otra cosa más que recordar. Mis amigos me decían que el vaso de mi vida tenía un enorme agujero, así que de nuevo lo llené. Y aunque mi conciencia me susurraba que tenía un problema, hice lo que mejor se hacer y que de nuevo lo obvié. 

Mi inicio era mi final, demasiado peso en tan escueto cuerpo y mucha altura para ser tan bajito. Y de las dos posibilidades iba a acabar sucediendo la tercera. El mundo giraba mientras mi vida se detenía, todo ello en un instante, durante un segundo, aunque me pareciesen horas. Y decidí ponerme a caminar sin avanzar, a saltar para abajo y escavar hacía arriba. Sabía lo que debía hacer, así que acabaría haciendo lo contrario, y es que en ocasiones, las cosas más simples, son las más complicadas.

BAILAR.


Queremos bailar con la música, seguir el son que marca; Pero estamos tan sordos que ni siquiera somos capaces de oír el compás de la canción. ¿que importan nuestros pequeños deseos, nuestras necesidades infinitesimales, en el gran concierto, o en la gran creación? Los seres humanos solo somos simplemente eso; seres humanos. La vida baila su propia canción.